
Miyamoto coronado por la realeza cultural
En una noticia que debería llenar de orgullo a cada gamer (sin importar su estilo de juego de preferencia), el diseñador japonés Shigeru Miyamoto, creador de Donkey Kong y Super…
En una noticia que debería llenar de orgullo a cada gamer (sin importar su estilo de juego de preferencia), el diseñador japonés Shigeru Miyamoto, creador de Donkey Kong y Super Mario Bros. recibió el prestigioso premio Príncipe de Asturias a la Comunicación y Humanidades.
¿Se puede considerar arte a un videojuego? Puede ser, es un debate que tiene años de cháchara, con opiniones muy interesantes a favor o en contra. Pero más allá de ese concepto de definición tan confusa, hay algo que no se puede discutir: los videojuegos ya son parte de un discurso social y cultural. Sin entrar en valoraciones estéticas, el “fichín” como lenguaje forma e informa las percepciones de ya tres generaciones, y este reconocimiento de la Fundación Príncipe de Asturias al más importante diseñador de videojuegos de todos los tiempos es un gesto de aceptación por parte de la “vieja cultura” al más vibrante campo creativo de la actualidad.
El Premio Príncipe de Asturias, otorgado desde 1981 y que hoy engloba ocho categorías que van desde la literatura a los deportes. En este caso, Shigeru Miyamoto recibió el premio de Comunicación y Humanidades, otorgado anteriormente a titanes culturales como el periodista Ryszard Kapuscinski, el ex-presidente checo Vaclav Havel, el filósofo Umberto Eco (que cualquier estudiante del CBC recordará de sus apuntes de semiología) y el controversial epistemólogo argentino Mario Bunge.
El premio consiste de 50.000 euros y una estatua diseñada por Joan Miró, pero su importancia va mucho más allá de los números. En sus más de treinta años de existencia, la Fundación Príncipe de Asturias y sus premios han cobrado una relevancia en el ambiente cultural que está solo por debajo del premio Nobel. Sus jurados suelen componerse de académicos, que se exponen a profundas críticas con esta elección, por parte de los “dinosaurios” de siempre que ven en el videojuego una aberración de los sentidos.
La Fundación toma la correcta decisión de llamar a Miyamoto “el principal artífice de la revolución del videojuego didáctico, formativo y constructivo”, quizás escudándose en estos términos para hablar de un creador que, todos sabemos, es responsable por definir el lenguaje de un medio cuya influencia en todos los aspectos sociales ya es innegable.
Según el jurado, la obra de Miyamoto “se caracteriza por excluir de sus creaciones la violencia y por innovar con programas y formatos que ayudan a ejercitar la mente en sus múltiples facetas y resultan muy valiosos desde el punto de vista educativo”. Es relativa la carencia de violencia en un héroe que mata tortugas a las patadas y mundos en donde la muerte y la agresión (por colorida que sea) son elementos constantes. No sabemos si Miyamoto es “didáctico y formativo” (lo dudamos bastante), pero no hay duda de que, si hay que reconocer la importancia de los videojuegos, él es la persona a homenajear.
Miyamoto no asistió a recibir el premio, pero declaró: “Me siento muy honrado al conocer la noticia de que he sido elegido para recibir el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. La labor de crear videojuegos es, en gran medida, un trabajo en equipo y por este motivo me siento enormemente agradecido por haber sido elegido para recibir este ilustre Premio. Como consecuencia, me gustaría recibir este galardón en representación de mis amigos y compañeros, con los que he creado videojuegos a lo largo de mi carrera. En el futuro, continuaré esforzándome para que los videojuegos sean capaces de ofrecer de manera continuada diversión y alegría a personas de todas las generaciones y en todo el mundo”. Palabras que caracterizan a un hombre humilde y generoso, con una misión clara: diversión y alegría, tan noble como cualquier propósito educativo.
Fichinescu
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