
Lo mejor y lo peor de los Emmys 2017
Los premios de la televisión pasaron y nos dejaron una ceremonia correcta, premios justos y una clara toma de posición política.
Streaming vs. Premium: Lo mejor y lo peor de los Emmys 2017
Streaming vs. Premium
Lo mejor y lo peor de los Emmys 2017
Los premios de la televisión pasaron y nos dejaron una ceremonia correcta, premios justos y una clara toma de posición política.
Hasta el crítico más gruñón debe admitirlo: los Emmys están mejor que nunca. Se tomaron más o menos una década para entender la nueva edad de oro de la televisión, y todavía siguen dejando de lado nominados valiosos, pero por primera vez en mucho tiempo se siente que las series premiadas están efectivamente entre lo mejor del año.
La ceremonia también ha mejorado mucho, apuntando por el “menos es más” y resignándose a que la emoción está en los premios y los discursos y no en vergonzosos números musicales o tributos nostálgicos a la televisión del ayer.
Los grandes ganadores de la noche (The Handmaid’s Tale, Big Little Lies, la última temporada de Saturday Night Live) están en las antípodas de la televisión escapista que triunfó en 2016 (Game of Thrones, The Night Manager). Son programas de televisión de admirable compromiso político, que tuercen géneros establecidos (la ciencia ficción, la telenovela, la comedia de sketch) para expresar una profunda angustia sobre la dirección en la que va el mundo en el que vivimos.
La elección de los ganadores fue una verdadera toma de posición contra el fascismo y la misoginia, que resultó aún más efectiva gracias a la calidad de los ganadores, en particular The Handmaid’s Tale, de la que hemos escrito bastante en estas páginas y de la que volveremos a escribir a fin de año.
Hagamos un repasito de lo mejor y peor de la entrega. Scrolleá hasta el final si solamente querés ver los ganadores.
LO MEJOR: La transmisión de TNT
Me sorprende tanto como a ustedes. Después de años de transmitir entregas de premios con resultados mixtos, TNT ha logrado superar el clichés de las pésimas coberturas locales. El pre-show en el que se repasan los nominados se pasó volando gracias a los montajes precisos de cada categoría, comentados por el siempre acertado Axel Kuschevatzky y la pronunciación perfecta de Liza Echeverría. Las entrevistas en la alfombra roja, realizadas antes de la transmisión, no se estiraron de más ni cayeron en hacer decir palabras en castellano a la lista B de Hollywood (bueno, con un par de invitados no se pudieron resistir).
Este año se sumó también una cobertura paralela en Facebook Live, perfecta para llenar el espacio en los cortes, y aunque Luciano Banchero sea probablemente el tipo más capacitado para conducir un stream de cultura pop del país, y el trabajo de su partenaire Patricia Weil fue correcto, se extrañaba la química de Banchero y Fiorella Sargenti en el post-show de Game of Thrones de HBO.
Saque el SAP un ratito para ver qué tal estaba la traducción simultánea, y… no ¿no inventaron una app que les facilite el trabajo a estos muchachos? ¿no pueden estudiarse mejor nombres y pronunciaciones antes del show? Por suerte los comentarios acertados de Rafael Sarmiento llenan los baches que antes los traductores se desesperaban por tapar explicando los chistes de hace 20 minutos que recién entendían en ese momento.
LO PEOR: Stephen Colbert
Horrible. Forzado, carente de energía, superficial. Quizás el problema sea que yo no soy muy fan de Colbert, un tipo que representa lo más cuadrado de la comedia “intelectual” yanqui, ese humor tipo el de los últimos años de Les Luthiers, que apunta a la satisfacción de cazar una referencia cultural o la reproducción sin fallas de un estilo más que a una risa sincera.
Los chiste del monólogo fueron obvios. Blandos darditos a los nominados a los que beneficia la ausencia de Game of Thrones, referencias veladas a algunos de los ejecutivos más poderosos de la industria, un aplauso a los bomberos y policías que colaboran con los esfuerzos de ayuda de huracanes (¡no esperó ni al tercer chiste!) y Trump. Mucho mucho Trump. La soberbia con la que el establishment del late night se burló del ahora presidente de los Estados Unidos no evitó que el país eligiera a quizás el tipo menos capacitado para un cargo público desde Idi Amin, y ni todo el ingenio del mundo podría superar el cierre del monólogo: una aparición lamentable de Sean Spicer, ex-vocero de Trump famoso por ¿qué más? defender las palabras y acciones del fascista que tienen de presidente.
Un sketch bastante simpático inspirado en Westworld no fue suficiente para salvar la excesiva participación de Colbert, y los momentos más cómicos de la noche estuvieron a cargo de presentadores (en especial Adam Scott y Craig Robinson, promocionando su nueva serie Ghosted) y monólogos como los de Charlie Brooker, Sterling K. Brown y David Mandel de Veep.
Lo más gracioso de la noche fue un frenético, ultraveloz, número musical de Rachel Bloom, absurda celebración de los escribanos que cuentan los votos. Esta estrella de YouTube que hoy protagoniza Crazy Ex-Girlfriend mezcla Broadway y vulgaridad con un ímpetu inalcanzable para Colbert. Esperemos que ella los conduzca el año que viene.
LO MEJOR: Nuevas voces
A pesar del discurso que incentiva la diversidad, la industria televisiva norteamericana ha sido históricamente dominio de hombres, blancos, heterosexuales. Y sin embargo las series más interesantes de los últimos años han buscado alejarse de esos arquetipos, y por fin los Emmy han apostado por premiar otras caras, otras voces, otras experiencias.
Atlanta y Master of None son series dedicadas a alejarse de los rancios arquetipos televisivos sobre las minorías norteamericanas, mientras que las fábulas feministas Big Little Lies y The Handmaid’s Tale miran directamente a los ojos a la misoginia (a pesar de tener más hombres que mujeres en sus equipos creativos).
Son premios justos, que por primera vez en mucho tiempo coinciden con la valoración crítica de cada obra. Lo que más asusta es ver para atrás, ya que los números subrayan el desequilibrio histórico de los casi 70 años de la Academia. Riz Ahmed (The Night Of) es el primer descendiente de asiáticos en recibir un premio de actuación. Sterling K. Brown (This is Us) es el primer afroamericano en casi dos décadas en recibir un Emmy a mejor actor, mientras que Reed Morano (The Handmaid’s Tale) es la primera mujer en recibir una estatuilla a mejor dirección desde que Mimi Leder ganara la suya por E.R. en 1996. Donald Glover, por su lado, es el primer afroamericano en ganar un oscar de dirección de comedia.
LO PEOR: Ganadores justos pero predecibles
Veep es una de las mejores comedias de todos los tiempos, a pesar de que su sexta temporada haya sido la peor. Big Little Lies fue una miniserie casi perfecta. The Handmaid’s Tale es la serie del año. Saturday Night Live… Saturday Night Live es un horror, pero nadie va a discutir que Kate McKinnon es un hallazgo, y que la caricatura de Trump de Alec Baldwin es de antología. Cada uno de estos programas arrasó en su categoría, dejando con las manos vacías a series que quizás merecían un mínimo reconocimiento.
Hasta los detractores de Westworld consideran que fue magistral el trabajo de Thandie Newton como la androide Maeve, que de a poco va ganando autoconciencia. Es una pena que haya perdido con Ann Dowd - también perfecta, pero con un personaje que no debe haber aparecido más de 30 minutos en los 10 capítulos de la temporada.
Lo mismo pasa con Atlanta y Master of None contra Veep, que repitió por tercera vez en la categoría de mejor comedia. Julia-Louis Dreyfus ya tiene un lugar ganado en la historia, con un Emmy por Seinfeld, otro por la excelente (y olvidada) Old Christine, y ¡seis! por Veep. Este año su personaje no tuvo picos tan altos como el funeral de la temporada anterior, o las estresantes elecciones de la cuarta, y es una pena que actrices tan talentosas como Tracee Ellis Ross (Black-ish), Pamela Adlon (Better Things) o Ellie Kemper (Kimmy Schmidt) tengan que verlo de afuera.
Pero los grandes perdedores fueron Netflix y FX, que a pesar de su catarata de nominaciones se quedaron (casi) con las manos vacías. Atlanta fue la única alegría de FX pero Fargo y Feud, sus ultranominados caballitos de batalla, fueron ignorados a pesar del “star-power” de sus actores cinematográficos, mientras que la cálida nostalgia ochentera de Stranger Things desentonó con el humanismo de los intereses de la Academia en 2007. Netflix tuvo sus premios en categorías menores (guión de comedia, actor de reparto, telefilm) pero ninguna de sus series “grandes” se llevó el reconocimiento.
Pero la peor humillación es que Hulu (¡Hulu! ¡Una máquina de perder plata! ¡Que ni siquiera se expande internacionalmente!) logró ser el primer servicio de streaming en llevarse un premio grande con “The Handmaid’s Tale”. Ni Amazon (que estuvo a punto en los mejores años de Transparent) ni Netflix (a pesar de ser el servicio con más series nominadas a mejor drama) lograron lo que Hulu logró.
Una pena para nosotros, porque este servicio no da señales de querer salir de Estados Unidos, y MGM, estudio que produjo esa serie, no tiene ni canales propios ni relaciones comerciales estables con canales latinoamericanos. Primera vez en décadas que los latinoamericanos no tenemos otra opción que usar una VPN o torrentear la mejor serie del año.
Otro ganador sorpresivo: ¡NBC! Los canales de aire tienen cada vez menos participación en esta entrega de premios, pero el éxito de SNL, la sorpresa de This Is Us, y el (merecido) triunfo de The Voice en la categoría de mejor reality demuestra que los viejos dinosaurios tienen con qué seguir peleando.
LO MEJOR: San Junipero
La tercera temporada de Black Mirror tuvo sus puntos altos (¡abejas robot asesinas!) y bajos (¡soldados futuristas con AR inyectada en los ojitos!) pero todos estamos de acuerdo con que “San Junipero” fue un soplo de aire fresco, una historia tan romántica como inteligente, de las pocas de la serie en dejar la ventanita entreabierta a la esperanza.
Gracias a un tecnicismo (con 61 minutos calificaba como telefilm) esta pequeña obra maestra de la ciencia ficción moderna pudo competir y ganar en dos categorías importantes, permitiendo al gran Charlie Brooker subir al escenario y dar un par de discursos adorables. Sin duda Charlie fue del teatro directo a la isla de edición para estirar los mejores capítulos de la inminente cuarta temporada y alcanzar esos mágicos 61 minutos.
LO PEOR: La musiquita cruel
¿Me parece a mí o están acortando cada vez más los discursos? La ceremonia reparte casi 30 premios en tres horas - más estatuillas y menos minutos que los Oscar… ¿quizás sea una buena razón para machetear esos monólogos interminables y dar un poquito más de tiempo a los ganadores?
Aziz Ansari tuvo la delicadeza de dejar hablar primero a su co-guionista Lena Waithe (el capítulo ganador “Thanksgiving” de Master of None está basado en las experiencias de ella) pero se quedó sin poder decir siquiera “gracias”. David Mandel de Veep, ganando por su primera temporada como director de la serie, casi se infarta tratando de decir todo lo que tenía guardado en los segundos que le tocaron. Y a Sterling K. Brown, gran ganador de la noche por mejor actor dramático, le cortaron el micrófono mientras hablaba… y eso que fue de los pocos que preparó un discurso tan ingenioso como emocionante.
La verdad, no me molestaría que la entrega dure 15 minutos más. Puedo esperar hasta las doce y cuarto para ver ese capítulo de The Mentalist que ya repetiste seis veces esta semana, TNT.
LISTA DE GANADORES
DRAMA
Serie, Drama: “The Handmaid’s Tale.”, Hulu
Dirección, Drama: Reed Morano, “The Handmaid’s Tale.”, Hulu
Guión, Drama: Bruce Miller, “The Handmaid’s Tale.”, Hulu
Actor, Drama: Sterling K. Brown, “This is Us.”, NBC
Actriz, Drama: Elisabeth Moss, “The Handmaid’s Tale.”, Hulu
Actor de Reparto, Drama: John Lithgow, “The Crown.”, Netflix
Actriz de Reparto, Drama: Ann Dowd, “The Handmaid’s Tale.”, Hulu