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Fernando Solanas · aportada por el autor

Fernando “Pino” Solanas (1936-2020) — “Hay que salir”

El director de Sur y La Hora de los Hornos falleció en París en noviembre. Como homenaje, una recorrida por su vida, su cine, y su compromiso político y social.

Ignacio Esains
La Cosa Cine  ·  Historia  |  14 de noviembre de 2020
1.411 palabras · 7 min

El director de Sur y La Hora de los Hornos falleció en París en noviembre. Como homenaje, una recorrida por su vida, su cine, y su compromiso político y social.

Fernando Solanas fue uno de los directores más importantes del cine argentino. No solamente por sus películas documentales, de ensayo y de ficción, sino por su influencia en la industria del cine nacional e internacional. El cine de Solanas fue agresivo, celebratorio, íntimo, pero siempre tuvo una función clara: la imagen como incitación a la acción. Y por lo tanto, la militancia es imposible de separar de la obra.

De Olivos al bombardeo de Plaza de Mayo

Fernando Solanas nació en el barrio de Olivos en 1936. Su padre era médico, hijo de un comerciante catalán, y su madre, de apellido Saldarriaga, venía de lo que entonces se llamaba una “familia tradicional”. Una cuna de clase media alta que hubiera garantizado a Pino una vida cómoda. Quizás por eso, sus padres toleraron su inmensa curiosidad de adolescente. Filosofía, literatura, teatro, y, en especial, la música. Él mismo se describía como un “ratón del Colón”.

Pero las prioridades de Pino se sacudieron el 16 de junio de 1955, día en que la Plaza de Mayo fue bombardeada por aviones de las Fuerzas Armadas en un intento fallido de golpe de estado contra el gobierno de Juan Domingo Perón. Fue un antes y un después, un evento que radicalizó al Solanas estudiante (que con el tiempo lo llamaría “nuestro Guernica”). Pino dejó la carrera de derecho y se inscribió en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático, mientras sobrevivía dando clases de piano.

Con la curiosidad voraz de siempre, se volvió un estudioso de la filosofía de Arturo Jauretche, de Carlos Astrada, y de su vecino de Olivos Raúl Scalabrini Ortiz, al que admiraba como pensador y como poeta. De ese agitado puente creativo nace la estética de su cine, argumentos apasionados que mezclan poesía, imágenes reales, y dramatizaciones.

En 1962 se gradúa del Conservatorio y filma su primer cortometraje Seguir Andando. También en esa época empieza a vender música a agencias publicitarias, llegando a componer más de 1500 jingles para radio y televisión. En poco tiempo convence a sus jefes de contratarlo para dirigir comerciales, y gracias a un fellinesco comercial del bronceador Suisán logra montar una productora. Filmando casi 800 películas publicitarias, Pinio logró juntar el presupuesto de su primera película, que se filmará de forma clandestina a lo largo de dos años, empezando en 1966.

La Hora de los Hornos y la clandestinidad

La Hora de los Hornos (1968) es una película inclasificable, aún dentro de la entonces naciente escuela del film-ensayo. Es un collage en tres partes, de cuatro horas de imágenes de noticieros, entrevistas, registros documentales (filmados por Solanas y su colaborador Octavio Gettino), dramatizaciones y consignas revolucionarias que aplica todo tipo de técnicas en busca de lo que parecería imposible: convertir al espectador en un participante activo.

La mayor parte de la película fue filmada en la clandestinidad, en pleno gobierno militar de Juan Carlos Onganía. Para Solanas era un acto de guerrilla, una obra de ruptura. Según lo contaba en sus últimos años, estaba resignado a terminar en la cárcel o en el exilio, ya que La Hora de Los Hornos no sólo se filmó en secreto, sino que hasta sus proyecciones eran clandestinas. Los miembros de su Grupo Cine Liberación iban a bares y sociedades de fomento con un proyector de 16MM y exhibían la película con un debate al final de cada parte.

Pero Pino no fue a la cárcel ni al exilio, sino a Cannes. En el contexto del mayo francés y las protestas por la guerra de Vietnam, el “agit-prop” militante de Solanas fue visto como un soplo de aire fresco, una forma de hacer cine que saboteaba las reglas establecidas de los circuitos comerciales. A pesar de que en Argentina no podía estrenarse, la película se convirtió en una de las obras más influyentes de la historia del cine político.

La película llamó la atención de su figura central, el General Perón, que en ese momento vivía en el exilio en Madrid. Durante seis meses, Solanas entrevista al ex-presidente y produce dos documentales que se vuelven herramientas esenciales para la militancia del país. Aún así, Solanas nunca se afilió al Justicialismo. Según él, “el partido es una cosa, el movimiento es otra.”

El exilio, Tangos y Sur

En 1972 Solanas empieza a filmar Los Hijos de Fierro (1975, pero recién se estrenaría en 1984), su primera película de ficción, con actores en su mayoría no profesionales. Pero la realidad política del país lo vuelve un perseguido más. En mayo del ‘76 Pino y su esposa Chunchuna Villafañe se van del país. Gracias a sus contactos con el mundo del cine francés, Solanas consigue trabajar como docente y en 1980 filma La Mirada de Los Otros, un documental en otro registro, sobre personas con discapacidad para la televisión francesa.

En ese mismo año empieza a trabajar en su segunda ficción, un guión oscuro sobre exiliados (“una pálida espantosa” según él) que logra filmar en 1984, con la vuelta de la democracia y el retorno de su propio exilio. Pero en el rodaje la película cambia por completo y se vuelve una celebración de esta nueva realidad. El Exilio de Gardel (Tangos) (1985) es un musical cómico, costumbrista, pero con una visión ideológica tan clara como los documentales del director.

Sur (1988), es su gran éxito comercial. Melancólica y a la vez esperanzada, es el espejo de la película anterior: la historia de los que se quedaron. Internacionalmente, es su ficción más reconocida, con premios en La Habana, Ghent y el reconocimiento a mejor director en el festival de Cannes.

El balazo, la banca y el último viaje

En 1991 Solanas estaba editando su película El Viaje (1992), cuando tuvo un enfrentamiento verbal con el entonces presidente Carlos Menem que culminó en una querella por injurias. Solanas no se retractó, y en una noche de junio sufrió un atentado en el que recibió seis disparos en las piernas (que le causaron secuelas hasta su muerte) y que nunca fue explicado del todo. Pero fue el principio de su carrera política.

En 1993 fue elegido diputado por la provincia de Buenos Aires, y es imposible medir su relevancia en las políticas culturales argentinas. Es uno de los creadores de la Ley de Cine que aún hoy permite que nuestro país tenga una de las industrias audiovisuales más vitales del continente, y logró que se sancione la creación de una Cinemateca que, más de una década después, pudo finalmente inaugurarse.

Después del final del gobierno de Menem, y de la tarkovskiana película de ciencia ficción La Nube (1995), Solanas volvió al documental. Pero obras como Memoria del Saqueo (2004) o La Dignidad de los Nadies (2005) ya no tienen la agresividad visual del Grupo Cine Liberación, sino que dedican casi todo su metraje a entrevistas, historias personales que revelan un contexto social más amplio, muchas de ellas filmadas por el mismo Pino con una camarita MiniDV. “Son películas de viaje, de recorrida”, decía Pino sobre esta etapa, culminando con una filosofía sobre el cine perfectamente resumida: “Hay que salir.”

Las últimas películas de Solanas coinciden con su búsqueda política. Alegatos contra la megaminería (La Guerra del Fracking, 2013) y los agroquímicos (Viaje a los Pueblos Fumigados, 2018). El día de su muerte, las redes sociales viralizaron un clip que mostraba la conjunción perfecta de Pino como orador, filósofo, militante: un discurso histórico que dió en 2018, como senador, sobre la interrupción voluntaria del embarazo. Al año siguiente produjo su última película estrenada, el documental Que Sea Ley (2019) de su hijo Juan Solanas.

Pino murió en París, la ciudad de su exilio, el 6 de noviembre. A finales de 2019 Pino aceptó el rol de Delegado Permanente de la Argentina ante la UNESCO y viajó a París, la ciudad de su exilio. En octubre, anunció que había contraído COVID-19 durante la segunda ola de infección. Pocos días después de pedir “no dejen de cuidarse” en su último tweet, falleció en compañía de su esposa Ángela y sus hijos Juan y Victoria.

Pino deja una última película terminada, sin estrenar. Su nombre es Tres a la Deriva del Caos Creativo (2020), y consiste de un viaje a lo largo de la obra de tres referentes del arte argentino: el pintor Luis Felipe Noé, el dramaturgo Eduardo Pavlovsky y el propio Pino. Un testamento cinematográfico que cierra una carrera en la que la obra y la mirada fueron una sola.

Publicada en La Cosa Cine

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