Vanity Fair revela tensiones en la serie de El Señor de los Anillos
La serie de #TheLordOfTheRings pinta a desastre desde el día en que la anunciaron... y esta publinota de Vanity Fair que busca cambiar la conversación es un compilado de nervios…
La serie de #TheLordOfTheRings pinta a desastre desde el día en que la anunciaron… y esta publinota de Vanity Fair que busca cambiar la conversación es un compilado de nervios de ejecutivos, decisiones inexplicables, y enormes red flags:
La palabra clave de la nota es PRESIÓN. Los fans, los herederos de Tolkien, el presupuesto exagerado que es, hasta ahora, el elemento más poderoso de marketing. Y el ojo flamígero del super fan de los libros Jeff Bezos vigilando, “para en la oscuridad atarlos”.

Los showrunners casi no tienen experiencia. Los contrataron porque los recomendó J.J. Abrams (lo que quizás era un buen argumento en 2017). Parecen parodias de guionistas de blockbusters: “¡es la novela que Tolkien nunca escribió pero en forma de mega-serie!”

Ah, y tiene que ser una serie tan fiel como las pelis de Peter Jackson, tan políticamente compleja como Game of Thrones, pero también apta para chicos de 11 años. Ah, y metieron hobbits porque como no va a haber hobbits. Ah, y comprimen 1000 años en tipo cinco porque bué.

A lo largo de toda la nota se repite “esto es lo que quería decir Tolkien” “LOTR significa bla bla bla”. El poder de la amistad. La unidad de los pueblos. La voluntad de luchar. Temas blandos y genéricos de manual de guión, más de Campbell que de Tolkien.



En los tres o cuatro años que lleva en desarrollo, la serie perdió actores, ejecutivos y creativos. Dejó ir a Bryan Cogman, el verdadero genio detrás de Game of Thrones. Rajó a Tom Shippey, un erudito de Tolkien de 78 años, ganador de un WFA, por dar una entrevista a un fansite.

Los pocos datos que la nota revela sobre la historia de la serie tienen ese mismo tono de cliché. Una Galadriel militarista e impulsiva. Elrond joven y manipulador. Romances prohibidos entre un elfo y una humana. Un hombre misterioso con una misión secreta.

Y el escudo, claro. La serie - como cualquier producción moderna - tiene un elenco multicultural. Por lo tanto, toda crítica viene del “fandom tóxico”, y no de la reacción al material y a un marketing repugnante, bien amazonesco, que se resume en “pusimos toda la torta”.

Esta publinota es marketing. Busca vender un producto que no vimos, y por lo tanto lo expone a las críticas.
Amaría estar equivocado, pero el cuidadoso folleto de Vanity Fair muestra lo que temía: El Señor de los Anillos como el branding de una historia de fantasía cualquiera.