
La resurrección del “Giallo”
El género italiano que mezcla thriller y terror en partes iguales está más vigente que nunca gracias a su influencia en directores de primera línea… ¿el neo-giallo es la nueva…
El género italiano que mezcla thriller y terror en partes iguales está más vigente que nunca gracias a su influencia en directores de primera línea… ¿el neo-giallo es la nueva moda?
Para revistas como la que estás leyendo, los géneros cinematográficos son una cómoda muleta. Una ilusión ciertamente práctica a la hora de meter películas en cajitas para hablar de ellas como si fueran lo mismo y pasar a otra cosa. Pero la fachada se derrumba cuando hay que hablar de fenómenos tan resbaladizos como el “giallo”, palabra que se usa para describir un puñado de thrillers de terror italianos filmados entre los ‘60s y los ‘70s, con directores como Dario Argento, Mario Bava y Lucio Fulci. Sus características son encantadoramente difusas. No faltan el sexo y la violencia, filmados desde ángulos estilizados entre colores saturados y música disonante. A la vez, el género repite elementos tan específicos como investigadoras amateur torturadas por su propio trauma y asesinos de guantes de cuero que ocultan sus rostros bajo máscaras sin rasgos.
A diferencia del slasher que dominó los ‘80s, los falsos documentales post-Blair Witch y el terror sobrenatural “sutil” de moda de los últimos años, el giallo se resiste a ser encasillado. Es más thriller que terror, pero el gore es gráfico y brutal. Es más atmósfera que narrativa, tanto que sus historias se confunden entre sí. Es más estilo que estética, y sus directores son tanto artesanos como artistas.
Escondido en los ‘70 y los ‘80
El giallo sobrevivió los setentas oculto en las imágenes de visionarios como Paul Verhoeven y Brian De Palma, y quizás por eso los mejores autores de giallo actuales son los que usan el cine dentro del cine para reflejar su propia perspectiva. Maligno (Malignant, 2021) de James Wan, es el ejemplo de perfil más alto, y usa los elementos del giallo (hasta el asesino de sobretodo y guantes negros) para jugar con las expectativas del espectador y virar de género en los últimos 20 minutos. Una estrategia metanarrativa que el mismo Argento, santo patrono del giallo, utiliza una y otra vez.
Wan dice que “cuando en Maligno hago referencia al cine de Argento, no me refiero a sus clásicos de los ‘70s sino a películas como Trauma (1993), Phenomena (1985) o Tenebrae (1982). Las que hizo después y que van un poco más allá.” El creador de sagas como El Juego del Miedo y El Conjuro siempre quiso hacer un “giallo”, pero a su manera: “Maligno todavía tiene una protagonista mujer intentando procesar una experiencia traumática, tratando de estar un paso adelante de un asesino que mata a la gente que la rodea. Pero después la llevo en mi dirección”.
Algo parecido fue lo que motivó a Edgar Wright a experimentar con el género en su última película El Misterio de Soho (Last Night in Soho, 2021): “claro que hay elementos del cine de Argento, pero quise ir un poco más atrás y buscar las influencias de los italianos, en Hitchcock y la dupla de Powell & Pressburger. Lo que me gusta de esas películas es que de a poco se vuelven expresionistas, operísticas. Y terminar ‘Soho’ en ese nivel era lo que me atraía”.
La genealogía que Wright propone no podría ser más precisa. “Giallo” en italiano quiere decir “amarillo”, y las películas de Argento, Bava y Fulci tienen sus raíces en las ediciones locales de novelas de misterio británicas y norteamericanas, de shockeantes portadas amarillas. Las mismas obras de Highsmith, Chase y Christie que fascinaban a Hitchcock y Powell.
En el giallo es difícil saber cuándo estamos parados en la realidad y cuándo en la mente de la protagonista, rasgo alrededor del que gira la premiada Censor (2021). La directora Prano Bailey-Bond narra una historia ambientada en la Inglaterra de los ‘80, época en la que los tabloides declararon la guerra al cine de terror (llamándolos “Video Nasties”), y mezcla esa gris realidad con recreaciones del universo gore de los italianos. Al punto que días antes del rodaje, Bailey-Bond regaló a su directora de fotografía Annika Summerson un box-set de películas de Lucio Fulci.
Los que lo reinventan hoy
Mientras Wan, Wright y Bailey-Bond se apropian de elementos del giallo, otros directores lo reconstruyen con minuciosa fidelidad. Los argentinos Luciano y Nicolás Onetti vienen trabajando en el género hace una década, con obras memorables como Los Olvidados (2017) y Abrakadabra (2019). Un proyecto similar al que llevan los belgas Hélène Cattet y Bruno Forzani, desde la inquietante Amer (2009): “lo que nos gusta es el lazo entre erotismo y violencia, porque es una versión mórbida de la poesía.” dice Cattet, “nos permite hablar de relaciones, amor, fantasía, el cuerpo. Es un lenguaje potente para hablar del deseo”.
Por si había dudas sobre la vibrante actualidad del giallo, en 2022 el maestro indiscutible del género regresó con gloria al género que inventó. Dario Argento, de 81 años, presentó en el festival de cine de Berlin su última película Anteojos Oscuros (Occhiali Neri), un giallo clásico que demuestra la atemporalidad de un género escurridizo, inclasificable, delicioso. Un modo de hacer cine que sólo se puede definir a través de la lente de una cámara.
LA BATEA DEL NEO-GIALLO
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Vestida para Matar (Dressed to Kill, 1980), Brian DePalma
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Bajos Instintos (Basic Instinct, 1992), Paul Verhoeven
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Tesis (1996), Alejandro Amenabar
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Perfect Blue (Pāfekuto Burū, 1997), Satoshi Kon
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El Cisne Negro (Black Swan, 2010), Darren Aronofsky
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El Demonio Neón (The Neon Demon, 2016), Nicolas Winding Refn
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Dejad que los cadáveres se bronceen (Laissez bronzer les cadavres, 2017), Hélène Cattet y Bruno Forzani
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El Duque de Burgundy (The Duke of Burgundy, 2018), Peter Strickland
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Piercing (2018), Nicolas Pesce
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The Scary of Sixty-first (2021), Dasha Nekrasova