
Game of Thrones S06E10 (spoilers)
Después de 6 temporadas, el invierno ha llegado… ¿y con el cuervo blanco un gran final?
Después de 6 temporadas, el invierno ha llegado… ¿y con el cuervo blanco un gran final?
Y así llegamos al final de una sexta temporada que ha dividido las aguas entre los fanáticos - y no podía ser de otra manera, ya que esta es la primera en alejarse por completo de la obra original ¿para bien o para mal? Eso lo veremos cuando tengamos los dos finales para comparar. Por ahora podemos hablar de un inicio de temporada lento y vueltero coronado por un puñado de capítulos excelentes como “The Door” y “The Battle of The Bastards”. Un balance ya de por sí satisfactorio, sin los baches de la quinta pero también dejando de lado cierta ambigüedad moral que se extraña ya desde el final de la tercera temporada.
Entonces ¿el final es la frutilla en la torta o un mal trago antes de que venga el invierno? La respuesta (predeciblemente) está en medio del cielo y el infierno, un episodio con 20 minutos perfectos y 50 que, generosamente, podrían ser llamados “dudosos”.
Empezamos en la historia que menos se ha movido en la temporada: Desembarco del Rey y el postergado juicio a Cersei Lannister, y es una secuencia muda cargada de simbolismo. Tommen, Margaery y Cersei se preparan para este momento con una única banda sonora: las campanas del septo de Baelor que recuerdan a la caminata de la expiación de la Reina Madre a fines de la temporada pasada. No podemos evitar completar en nuestras mentes después de cada repique. “Shame. Shame. Shame”.
No hay maquinaciones, conversaciones, conspiración entre los personajes. Solamente miradas cargada de significado, como si los que hace poco tiempo ostentaban el poder en Poniente (Cersei, Mace Tyrell, la misma Margaery) hoy estuvieran resignados a su destino - sabemos que no es así, o al menos no queremos creerlo, y la armadura que Cersei se está poniendo es la señal de que su “elijo la violencia” de un capítulo anterior no fue solo una provocación sino una declaración de guerra. Es una secuencia poderosa que recuerda la razón por la que amamos Game of Thrones, la atmósfera a la que logra transportarnos con sus imágenes.
Loras Tyrell es el primero en enfrentarse al veredicto… qué bajo ha caído el “Caballero de la Rosa” que hiciera entrada triunfal en la primera temporada. Loras lo confiesa todo, desde su “depravación” hasta su arrogancia, y renuncia a su nombre para convertirse en uno más de los hombres de la Fe. Margaery, milagrosamente, sostiene el personaje a pesar de que rompe su corazón ver el símbolo de la fe grabado en la frente de su hermano.
En el mismo episodio en que se nos presentó al Caballero de la Rosa conocimos a su contrapartida, “La Montaña”, cortando la cabeza de su caballo después de perder el duelo. La elegancia y la barbarie, el caballero y el monstruo, hoy hermanos en su desgracia, muertos en vida literales o figurados. Por eso el momento en que el zombi de Gregor Clegane pone su mano sobre el hombro del rey Tommen tiene una enorme carga de violencia implícita - la Montaña no tiene interés en tocar algo que no va a matar.
En una secuencia cargada de simbolismo, nada impacta tanto como los “pajaritos” de Varys, convertidos en asesinos feroces por el alquimista Qyburn, en camino a convertir la sustancia que salvó a Desembarco del Rey en su perdición. Pycelle y Lancel, dos traidores mucho menos vivos de lo que creían ser, caen en la trampa de Cersei, una venganza que aprovecha esos minutos extra para exprimir al máximo la tensión y el suspenso (nunca la banda sonora acompañó tan bien el desarrollo de un episodio de Game of Thrones), el momento en que el Gorrión Supremo y hasta Margaery entienden que subestimaron la capacidad destructiva de su enemiga.
Pero la Reina Madre tiene una víctima más: la Septa Unella, que sabe que va a morir cuando Cersei admite su sadismo sin necesidad de justificarlo. A pesar de que Lena Headey le saca el jugo, no es el texto más elegante que le hemos escuchado decir a la reina, es casi un monólogo de villano de Bond, una confirmación de que todo tiene un precio, y que los aspectos más satisfactorios de esta temporada (como lo fueron estos sublimes primeros 20 minutos) son también los que hacen de Game of Thrones una obra más simple, más básica, que las novelas. Es una escena torpe, más aún con lo que parece implicar el “castigo” a manos de la Montaña.
El suicidio de Tommen es el final perfecto para la secuencia, porque si para algo sirve el monólogo de la escena anterior es para demostrar que Margaery está equivocada en algo: Cersei no tiene idea de cuáles son las consecuencias de sus actos, y la muerte de su hijo, resulta en un solo plano, es tan devastadora como inevitable.

Sin un segundo para respirar, viajamos a los Gemelos, a una celebración de Walder Frey que empieza con un brindis por la casa Lannister - la misma dedicatoria con la que terminó la última fiesta en el Cruce. Hay una sensación de cierre que Benioff y Weiss están transmitiendo en este final de temporada. La explosión del Septo de Baelor donde Ned Stark fue decapitado, el fuego Valyrio de “Aguasnegras” debajo de la ciudad, y ahora la “Boda Roja”. Tres capítulos 9 revisitados en menos de media hora para un capítulo que claramente intenta marcar un antes y un después en la serie.
La conversación entre Frey y Jaime también se siente un escaloncito por debajo de lo que la serie nos tiene acostumbrados - y no solamente los episodios basados en los libros, ya que el debate sobre nobleza con Edmure de hace un par de capítulos mostró facetas interesantes del Matarreyes. Frey es otro villano al que le falta decir “soy malo y me gusta serlo”, y parece hasta irreflexivo que Jaime lo insulte a la cara, considerando que la razón principal detrás de la Boda Roja fue la desconsideración de Robb a la vanidad del clan Frey.
La reacción de Cersei al suicidio de Tommen, en cambio, es menos predecible que su plan maestro. El sufrimiento que habíamos visto en ella cuando Joffrey fue asesinado (y que indirectamente liberó a Arya de su sed de venganza) desaparece y, desapasionada, ordena que lo quemen, como si nunca hubiera existido o como si hubiera estado escrito. La profecía está completa… o casi. Para que se cumpla, la Reina Madre también debe morir - momento que Cersei parece estar esperando con ansias.
A pesar de que algunos pensábamos que Sam volvería al muro, el plan de Jon Snow sigue su curso y su destino es la Ciudadela donde buscará convertirse en Maestre (parece que en Desembarco del Rey hay vacantes). Es una serie de escenas muy extraña, que no parece tener mucho sentido (al fin y al cabo Jon hace tiempo que no está en el Muro) y que maneja un tono de comedia ligera que minimiza un poco la importancia de las instituciones del mundo de George R.R. Martin. Esto no es intrínsecamente malo, pero si los maestres no son una broma, tampoco debería serlo su academia. La biblioteca intenta ser imponente, pero resulta ser uno de los pocos escenarios de la serie en los que se nota el trabajo de composición digital, derrumbando todo el efecto.
Como pidiendo disculpas por la escena anterior, volamos a Invernalia montados a un cuervo blanco y vamos a las piñas de inmediato: Davos enfrenta a Melisandre y la acusa de asesinar a Shireen. Melisandre no se defiende, pero se justifica, y sin embargo en sus palabras se palpita el miedo, la duda que la atormenta desde el inicio de temporada - no sobre su Dios (al fin y al cabo, Jon fue resucitado) sino sobre su propia capacidad de interpretarlo. A pesar de sus palabras, Melisandre no está lista para morir, e intenta usar la misma capacidad de manipulación que tanto le sirvió con Stannis… y funciona. Jon decide no castigar a Melisandre con la muerte, pero tampoco mantenerla de aliada ¿qué propósito tiene esta decisión que parece no tener sentido? Melisandre es poderosa, y peligrosísima suelta, especialmente si cabalga hacia el Sur, donde casualmente están todos los enemigos de los Stark… ¿y por qué Davos acepta dejarla ir cuando segundos antes estaba pidiendo su cabeza?
Algo parecido pasa en la escena entre Jon y Sansa. Ella no explica por qué le ocultó la venida de los Caballeros del Valle, y él no le pregunta. Ella no lo increpa por haber desoído sus consejos y todo parece resolverse con un beso en la frente. Todo en esta escena, hasta la resolución (“el Invierno ha llegado… así lo dijo papá”) parece sacado del peor fan-fiction, el que sólo se preocupa en avanzar la historia y no explora las motivaciones de los personajes - estas disculpas no tienen nada que ver con los matices casi crueles de Sansa que vimos en el episodio anterior.
La muerte de Margaery, Mace y Loras no eliminó a los Tyrell de la contienda y (por suerte) Olenna sigue viva, aliándose con (ay, no) las Serpientes de Arena, que luego de su sangriento golpe de estado dominan Dorne (o lo que hemos visto de Dorne) en aparente paz y armonía (el Tyrell que nombre Olenna es Lyonel, que fue gobernante interino durante una breve conquista Targaryen, unos 200 años en el pasado de la serie). La noticia de la explosión en Desembarco del Rey (pero pero pero - ¿y la sucesión?) ha viajado vía cuervos supersónicos y Olenna quiere venganza que le ofrecerá Varys, en forma de una triple alianza: Dorne, el Dominio, y Daenerys. Game of Thrones 3D (¡ja!).
(perdón por los paréntesis en el párrafo anterior - quizás indiquen que falta MUCHO por explicar en este capítulo).
“Fuck Meereen” dice Daario Naharis, una frase que todos los espectadores de Game of Thrones venimos repitiendo hace temporadas. Parece extraña la decisión de Meereen de dejar una compañía de mercenarios como policía de una ciudad que recién ahora está en paz, en especial cuando a su propio capitán el pueblo le importa poco y nada. Pero las razones de Dany para dejarlo atrás son otras: quiere estar libre para aliarse con otra familia a través de un casamiento (¿tendrá alguien en mente? Todas sus aliadas son mujeres). Esta escena borrada de “Titanic” es otro giro inconexo en una seguidilla de pasos en falso, una conversación de pareja en la que ninguno de los dos personajes parece tener nada que ver con lo que se viene contando en seis temporadas.
Eso de rebautizar la bahía de los esclavos como “Bahía de Dragones” es otro toque de pésimo fanfiction, pero por qué bardear un género tan válido como cualquiera, cuando la escena siguiente entre Dany y Tyrion demuestra un amateurismo que no esperaba por parte de Benioff y Weiss. El peor pecado en la redacción de diálogos es hacer que los personajes digan exactamente lo que piensan y que expliquen cada una de sus acciones. Tyrion no necesita aclararnos que es un cínico, Dany no tiene por qué contarnos lo que pasaba por su mente en una escena en la que Emilia Clarke dejó clarísimo lo que su personaje sentía. Así es como los personajes pierden su misticismo, su magia, su misterio. Claro que el momento en que Tyrion dice “creo en vos” es satisfactorio, claro que la decisión de Dany de nombrarlo Mano de la Reina emociona, pero la ilusión dura poco porque no es el momento correcto y el impacto se pierde ¿sabe Tyrion lo que acaba de pasar en Desembarco del Rey? ¿perdonó Dany los errores de su consejero en Meereen? Había cosas reales, decisiones para discutir en la escena anterior, pero hace 10 minutos que estamos hablando de emociones que debería ser subtexto y no texto.
Y lo mismo pasa con la muerte de Walder Frey a manos de Arya. Es una satisfacción chata por parte de una serie que nos enseñó durante varias temporadas que los círculos de violencia terminan muy, muy mal ¿qué aprendió Arya en Braavos? ¿a matar y nada más? ¿qué significó esa piedad por Cersei si finalmente se iba a convertir en un ángel de la venganza? Su sonrisa de psicópata no es la de Sansa en el capítulo anterior, y casi no se siente diferencia entre la explosión de Baelor que dio inició al episodio y este acto de crueldad y sadismo extremo.

(lo de los pasteles de Frey tiene mucha historia - es una referencia a la obra de Shakespeare “Tito Andrónico” y quizás una cita a una oscurísima teoría de fanáticos de la novela, con respecto a una escena que involucra a una Arya que no es Arya y ni siquiera apareció en la serie).
¿Están agotados los guionistas? ¿Se les acabó la nafta en el capítulo anterior? La escena entre Sansa y Meñique, que podría demostrarnos de una vez que nuestra Reina en el Norte ha cambiado, es tan chata como el resto - y hasta visualmente falla, debido a un coloreado digital que hace a la escena todavía más artificial… ¿y qué significa la pausa de Sansa? ¿que está considerando ocupar ese trono, aunque acaba de decir lo contrario en la escena con Jon? Parece increíble (por lo que sabemos del personaje) que Petyr haya accedido a ayudar a Sansa sin pedir ANTES algo a cambio, o que ese algo hubiera estado implicado.
Bran, Benjen y Meera llegan por fin a su destino, y el tío Stark repite lo que tenemos que saber: los muertos no pueden cruzar al Norte por los hechizos de protección que están tejidos en el Muro. Y por fin tenemos la respuesta a las visiones de Bran: Jon Snow es hijo de Lyanna Stark y Rhaegar Targaryen… igual guardemos el entusiasmo. De cualquier manera es un bastardo y debe ser reconocido por el Rey. Y rey no hay. El corte de la cara de Jon bebé a Jon grande es de una obviedad atroz… ¿para qué mantuvieron el susurro de Lyanna en silencio si no iban a dejar lugar a dudas?
Es otra Lyanna la que inyecta un poco de sangre al capítulo, Lyanna Mormont apoyando a Jon Snow contra viento y marea, cerrando el episodio con un final casi absolutamente feliz en el que Jon es coronado “Rey en el Norte” y Sansa… ¿Sansa planea aliarse a Meñique para tomar ese puesto? ¿No hubiera sido una idea mucho mejor anticiparse a esta situación entonces? ¿Aprovechar el apoyo del Valle y…? Perdón. No es el lugar del que analiza el capítulo pensar en lo que podría haber sido, sino en lo que es. Y lo que es (perdón por repetir esta palabra), es chato.
Jaime regresa a Desembarco del Rey (que aún sigue en llamas a pesar de que hasta Dorne han llegado las noticias de la muerte de Tommen) para atestiguar… ¿la coronación de Cersei como Reina? Eso fue rápido. Es difícil entender la reacción de Jaime, pero ninguno de los dos parece estar pensando especialmente en Tommen. Mientras tanto, Daenerys parte rumbo a Poniente en otra escena de dudoso 3D… ¿y tenemos alguna duda de que desembarque donde desembarque terminará ganando?
Cerramos una temporada con los héroes mejor posicionados que nunca. Daenerys tiene paz en la Bahía, dragones, una flota, y alianzas incipientes con los reinos del Sur. Jon Snow, por su parte, ha sido reconocido sin dudarlo como Rey en el Norte mientras que Bran ha descubierto que efectivamente Jon es un Targaryen. No ha dado indicaciones de querer ocupar el trono de hierro, pero si quisiera, podría - en especial si su condición de bastardo importa a Desembarco del Rey tan poco como a las casas del Norte. El único problema, claro, es Sansa que no ha visto lo que el Rey de la Noche puede hacer y podría estar más interesada en derrocar a la nueva Reina.
Los villanos, en cambio, no podrían estar peor. Cersei ha quemado Desembarco del Rey, dejando un vacío de poder que no sabemos ni siquiera quién puede ocupar, y los Lannister continúan perdiendo aliados… no sólo los Frey - los Tyrell vinieron a sacar las papas del fuego hace algunas temporadas, y que nosotros sepamos, el Banco de Hierro sigue queriendo cobrar las deudas del Trono.
Si algo buscó este final fue simplificar las cosas, atar los cabos sueltos, y dejar claro cuál va a ser el camino de la próxima temporada. Y la pregunta es ¿será Game of Thrones esa temporada? ¿tiene algo que ver con la historia que venimos viendo hace tantos años? Los finales de temporada de la serie suelen ser melancólicos, casi epílogos desoladores a la destrucción que vimos en toda la temporada y que nos dejan con una sensación de angustia que no necesariamente es mala “¿cómo saldrán nuestros muchachos de este problema?” es una linda pregunta.
Recordemos: la primera terminó con Ned muerto y los Stark desperdigado por el mundo. La segunda terminó con un triunfo inesperado para los Lannister e Invernalia en llamas. La tercera fue la Boda Roja. La cuarta cerró con la muerte de Jojen Reed, la llegada de Stannis al Muro, y la triste imagen de Tyrion matando a su padre y su amante (ahí hay una venganza agridulce). La quinta con la muerte de Jon Snow y la caminata de la vergüenza de Cersei. Emociones complejas, preguntas sin respuestas. Ganchos.
Esta temporada demostró todo lo que hace bien Game of Thrones y todo lo que hace mal. Escribo este análisis minutos después de terminar de ver el capítulo y quizás mañana lo vea en una luz positiva pero por ahora lo único que sé es que el invierno ha llegado, el final está cerca, pero la sensación de vacío no desaparece.
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