
Sam Strange y el Lenguaje Visual de la Locura
Stephen Strange toma control del Multiverso en el verdadero punto de partida de la nueva fase del MCU. Y junto a él estará el director que creó los códigos del cine de superhéroes.
Stephen Strange toma control del Multiverso en el verdadero punto de partida de la nueva fase del MCU. Y junto a él estará el director que creó los códigos del cine de superhéroes.
Los cinéfilos amamos debatir sobre temas de nula relevancia para el otro 99,9% de la humanidad. Marvel vs. DC, claro, pero también fílmico vs. digital, streaming vs. salas, y si los intervalos para ir al baño en una película de tres horas constituyen una herejía que no podría expiar ni una bandada de sacerdotes. Entre estos desafíos hay uno constante, insidioso, que sugiere que el cine de superhéroes no es más que una moda. Dicen los autoproclamados expertos que este cine ni siquiera es un género, sino un simple pastiche de acción, fantasía y ciencia ficción. Desde la otra vereda, y como único contraargumento necesario, este humilde redactor ofrece un nombre: Sam Raimi.
Raimi no fue el primer director exitoso del cine de superhéroes (ese honor pertenece a Richard Donner, por su Superman de 1978) ni el que confirmó su potencial comercial para un público moderno, pero con Spider-Man (2002) fue el primero en demostrar cómo se equilibra el melodrama épico de los superhéroes con una sinceridad que aún hoy parece demodé.
Raimi hizo historia en el cine de superhéroes demostrando que la ironía emo no era un prerrequisito para lograr que las audiencias modernas los acepten. El Superman de Donner era camp, el Batman (1989) de Tim Burton era goth, los X-Men (2000) de Bryan Singer eran cool. El Spider-Man de Raimi y Tobey Maguire, en cambio, era compasivo y generoso. Una concepción tan conservadora como revolucionaria de un héroe, ideal para un nuevo siglo en el que no quedaba mucho lugar para la ironía.
Más allá de los multiversos morales y éticos que Raimi sumó al género, sus aportes más duraderos están en lo visual. En una estética propia que homenajeaba a los dibujantes de historieta mucho antes de que estuvieran en boca de todos, y que demostró los puntos en común entre el plano cinematográfico y las creaciones de Ditko, Richard Corben, Bernie Wrightson y Neal Adams.
Del terror under a Darkman
Raimi empezó a filmar cortos en 8MM en su adolescencia, y en 1981 logró un éxito del under de terror con Diabólico (The Evil Dead, 1981), una película de zombis que tomaba su inspiración de George Romero, H.P. Lovecraft, y cómics de terror como Eerie y Creepy de la editorial Warren. Diabólico lo convirtió, junto a Wes Craven y John Carpenter, en una de las grandes promesas del cine de terror de los ‘80. Pero Raimi nunca fue un purista del género. Las secuelas de Evil Dead viraron a la comedia, mientras el director peleaba por que lo dejen filmar una película de superhéroes. Tanto que al final decidió crear a su propio personaje.
Hoy Darkman: El Rostro de la Venganza (Darkman, 1990) es un clásico de culto que parece un tráiler del futuro del cine. Una mezcla de Batman, el héroe pulp The Shadow (La Sombra), y elementos del Hombre Elefante y el Fantasma de la Ópera. Un héroe dramático, intenso, interpretado por un memorable Liam Neeson en su primer papel protagónico.
Como el Batman de Burton, Darkman es una tragedia gótica, pero la diferencia está en la ambientación. El Bruce Wayne de Keaton vive en una Ciudad Gótica de fantasía, casi como un personaje de animación, mientras que el héroe de Raimi sufre, sangra, y vive en una constante angustia, sin más opción que enfrentarse con sus propias limitaciones. Cada plano de Darkman está encuadrado como la viñeta de un cómic, con figuras claramente definidas, contraste cortante entre luz y sombra, y una cámara que se mueve poco, dejando al espectador absorber cada composición. Como en sus Evil Dead, Raimi juega con ángulos y divide la pantalla con líneas diagonales, creando una sensación de movimiento donde no lo hay. En Darkman no hay truco que el director deje de lado (planos detalle, cámaras subjetivas, zooms retro, sombras reflejadas sobre paredes) y demuestra que no se necesitan cientos de millones para que una película se sienta como un cómic. Diez años después, y casi como premio, Raimi se ganó la oportunidad de dirigir al héroe más popular de los cómics de su infancia con un presupuesto sin límites.
La trilogía que fijó el género
En esta época en la que cada película del género se siente como la primera temporada de una serie, la velocidad de la primera Spider-Man sorprende. El origen de Peter se cuenta en 20 minutos, en los que Raimi logra presentar al héroe, sus villanos, los personajes secundarios y enredarlos en una telaraña de conflictos que se resolverán a lo largo de tres películas. Raimi entiende la economía narrativa de las 22 páginas del cómic, y cada evento significativo está enmarcado de forma icónica desde la imagen. El plano de la araña en primera persona (¿primer arácnido?) descendiendo sobre la mano de Peter. El jóven héroe descubriendo sus poderes junto a su amor imposible Mary Jane (“¡qué buenos reflejos!”). Los fundidos intencionalmente retro durante la creación del traje. La secuencia a puro Darkman de la persecución del asesino del tío Ben. El beso bajo la lluvia.
Lo brillante de Raimi es que ninguna de estas viñetas perfectas bajan el ritmo de la película. No hay un guiño al espectador al reconstruir momentos del cómic. Las imágenes fluyen naturalmente dentro de la narrativa, haciendo realidad la historieta cinematográfica que Raimi pulió durante una década.
El humanismo del director se extiende a la comunidad entera en Spider-Man 2 (2004), para muchos la mejor película comiquera de todos los tiempos. Hasta los pocos que la consideran superada admiten que esa escena en la que Peter detiene a un tren fuera de control demuestra de forma casi mágica la mezcla de espectacularidad, drama e inspiración que hace de los superhéroes los íconos de nuestro tiempo. Hasta la fallida tercera película (2007) tiene momentos memorables, en los que Raimi hace magia con el color, los ángulos, y un grupo de actores entregados de lleno a una visión directoral.
Entre los mil productores asociados que participaron de esa primera Spider-Man estaba un joven Kevin Feige, hoy director creativo de Marvel Studios, que años después contó lo que había aprendido de la experiencia: “Raimi intentaba siempre superar las expectativas. No sólo cumplir sus propios sueños de la infancia, sino los de la audiencia. Y eso es lo mismo que he tratado de hacer en mi carrera en el MCU”.
Por qué Feige lo trajo de vuelta
Como Raimi, Feige tiene una visión clara que sostiene a rajatabla. En 2020, el director Scott Derrickson renunció a la secuela de Doctor Strange (2016) por diferencias creativas con el productor, y Feige peleó para que Raimi fuera su reemplazo. Este director de ya 62 años que no filmaba desde 2013 estaba lejos de ser la opción más “segura” para el climax de la mega narrativa multiversal que se viene contando hace un año en series como Wandavision (2021) y Loki (2021) y la taquillera Spider-Man: Sin Camino a Casa (Spider-Man: No Way Home, 2021). Pero Feige no lo dudó, ya que para él Doctor Strange y el Multiverso de la Locura (Doctor Strange and the Multiverse of Madness, 2022) será la primera película de terror del MCU: “Sabemos que él puede hacer la acción tan bien como en una Avengers o las últimas Spider-Man, pero no queríamos que se olvide de ‘las partes Sam Raimi’, y creo que lo logramos. Es una peli muy Sam, perfecta para fanáticos de Noche Alucinante (Evil Dead II, 1987).”
Raimi, por su parte, agradece esta nueva oportunidad: “no sabía si iba a poder hacer otra película de superhéroes después de la reacción de Internet a Spider-Man 3. La gente odió esa peli y me lo hizo saber. Si acepté la propuesta de Kevin, fue para comprobarme a mí mismo si seguía estando a la altura del desafío”.
Todo parece indicar que Feige tenía razón, ya que los tráilers de Doctor Strange 2 están cargados de imágenes impactantes que nos recuerdan que Raimi tiene un ojo prodigioso para los momentos emblemáticos. El 4 de mayo vamos a saber cuál es el futuro del MCU, de Strange y del mismo Sam, que parece haberle agarrado de nuevo al gustito de hacer pelis de superhéroes. Y no necesariamente del MCU: “siempre amé a Batman. Si alguna vez me llaman con la batiseñal, voy corriendo. Y si escuchara de la oscuridad la risa profunda y siniestra de The Shadow, daría un pasito en esa dirección”. Agradezcamos que el género más popular del cine moderno tiene Raimi para rato.
Quién es quién
Stephen Strange (Benedict Cumberbatch)
Disney no oculta su intención de que Doctor Strange ocupe el lugar de Iron Man en el MCU. El héroe “principal” alrededor del que giran las historias más importantes del Multiverso y que a su vez sirve de mentor y líder en esta nueva fase sobrenatural de la saga cinematográfica (y televisiva). El arco narrativo de Strange es similar al de Tony Stark. Arrogancia desmedida, triunfo temprano, derrota inesperada, y finalmente enfrentar las consecuencias de su soberbia. “La película es un viaje de autodescubrimiento”, dice Cumberbatch, “Strange es casi un extraño para sí mismo y su viaje revelará su naturaleza esencial. De ahí él tendrá que confrontar, resistir, o caer en esa naturaleza y convertirse en otra persona.”
Wanda Maximoff (Elizabeth Olsen)
Después de los sucesos de Wandavision, la ex-heroína está viviendo una pesadilla. Exiliada de la sociedad, pasa sus días estudiando el tomo sobrenatural “Darkhold” en busca de su verdadera naturaleza. Strange busca su ayuda para reparar el Multiverso, pero las motivaciones de Wanda son muy distintas a las de él. A pesar de ser los héroes “sobrenaturales” más poderosos del MCU, Strange y Wanda nunca se habían cruzado: “me moría de ganas de trabajar con Benedict”, dice Olsen, “disfruté nuestra conversación constante, tratar de entender juntos las motivaciones de nuestros personajes.”
América Chávez (Xochitl Gómez)
Si en la última Spider-Man Peter Parker era el centro de un tornado de universos, en esta nueva película Strange y sus compañeros son los que viajan a bordo de ese tornado. En sus viajes por realidades paralelas Stephen reclutará a esta heroína que tiene, justamente, el poder de conectar el Multiverso: “Strange es un sabelotodo”, dice Raimi, “y seguramente le duele tener que aprender de una adolescente”. Marvel confirmó que, como en los cómics, Chávez será parte del colectivo LGBT… lo que ha hecho que, predeciblemente, el estreno de la película en países con leyes homofóbicas sea cancelado.
Christine Palmer (Rachel McAdams)
Una de las críticas más frecuentes al MCU tiene que ver con la forma en la que las mujeres se reducen a intereses románticos de los protagonistas. Las cosas están cambiando. Wanda tuvo su serie, Laura Barton (Linda Cardellini) reveló un pasado secreto en Hawkeye y Jane Foster (Natalie Portman) estará en el centro de la historia de la cuarta Thor. En la primera Doctor Strange Christine no era más que el amor trágico de Stephen, pero en esta secuela una de sus versiones paralelas tomará el control: “esta vez no voy a estar con uniforme de enfermera todo el tiempo”, dice sonriendo McAdams, “fui parte de cosas que nunca había visto en una pantalla de cine”.
El Toque Raimi
El director de la nueva Doctor Strange tiene un estilo muy personal, que mezcla terror clase “B”, comedia slapstick y encuadres comiqueros. Y a veces, como en estos ejemplos, todo en la misma escena.
Cinco escenas para entenderlo
Darkman (1990): Helicóptero vs. Superhéroe (1:10:00)
Ametralladoras, explosiones, trampas y hologramas (!) en una secuencia en la que cada plano es para enmarcar. Lastima los efectos digitales paupérrimos que delatan el bajo presupuesto.
El Ejército de las Tinieblas (Army of Darkness, 1993): Ash vs. Evil Ash (29:55)
Raimi sabe de personajes paralelos. En el final de la trilogía Evil Dead, Ash viaja al pasado, y al chocar con un espejo nacen múltiples copias del héroe… incluyendo una maligna, claro.
Rápida y Mortal (The Quick & The Dead, 1995): El duelo (27:00)
El único western de Raimi es el anti-Clint Eastwood. Esta secuencia es un mix de ángulos delirantes, planos detalle y zooms vertiginosos de un elenco que hay que ver para creer.
Spider-Man (2001): La Batalla Final (1:39:00)
Dos décadas de finales decepcionantes después, este enfrentamiento en el puente sigue siendo una de las mejores batallas del género. Gracias a la derrota irónica, perfectamente narrada, del villano con su propia arma.
Spider-Man 2 (2004): La Resurrección de Doc Ock (44:10)
Otto Octavius (Alfred Molina) despierta en medio de una cirugía para extirparle los tentáculos. Termina muy mal, en especial para los doctores involucrados.
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Recorrida por el merchandising del Tokyo Game Show 2019Hay una zona de merchandising gigante en #TOKYOGAMESHOW2019. Los precios son saladitos, pero esas sandalias de slime me RE LLAMAN.