
30 minutos: ¿la duración perfecta de un capítulo de televisión?
Dramas y comedias se olvidan de los 22’-44’ de la tele de aire. Además, Hellraiser y los cambios de HBO, cine y VOD, I Will Destroy You.
En televisión, el formato condiciona el contenido.
Años de canales de aire nos entrenaron para consumir comedias de 22 minutos (30 con comerciales) y dramas de 44, sin darnos cuenta de lo predecibles que estas restricciones hacían a la estructura de las historias que nos contaban.
En la entrega de hoy, te cuento cómo el streaming está relajando estos límites, para bien y para mal, y por qué los treinta minutos parecen ser la extensión perfecta para productores y público.
ADEMÁS: los derechos de Hellraiser, las próximas películas que pasan al streaming, y el tráiler de lo nuevo de la creadora de la genial Chewing Gum.

Los dramas de treinta minutos son tendencia
No hay serie de televisión más grande que The Mandalorian.
La primera serie basada en Star Wars, 100 millones de dólares de presupuesto para solo 8 capítulos, el producto insignia de Disney+. Una apuesta que no podía fallar.
¡Y no falló! The Mandalorian y su Baby Yoda fueron éxito de público, tendencia en redes, e invitados frecuentes a los top 10 de la crítica. Y aunque el contenido de la serie está lejos de ser revolucionario, un aspecto de la producción sí lo es: la duración de los episodios, que promedian los 34 minutos. O 30, si quitamos las extensas secuencias de créditos.
Pero The Mandalorian está lejos de ser una película de ocho horas cortada en porciones. Cada episodio tiene un director distinto y su propia historia autoconclusiva, tan clásica como la de un capítulo de Bonanza.
Los 30 minutos permiten al guionista Jon Favreau concentrarse en la historia de un único personaje, sin rellenar con líneas secundarias o flashbacks extendidos. Y es una decisión que va en contra de lo que parecía ser una tendencia a episodios cada vez más largos, en especial en la fantasía y la ciencia ficción.

La era de oro moderna de la televisión nace en HBO, hace veinte años con el estreno de The Sopranos. Además de la libertad para tocar temas adultos que otorga salir en un canal de cable, el formato de una hora sin cortes permitía contar historias enfocadas, contemplativas.
Gracias al éxito de la serie de David Chase, el resto de la televisión por cable fue flexibilizando sus tiempos, y la llegada de los servicios de streaming permitió que los episodios se extiendan aún más allá de lo que parecían ser 60 minutos reglamentarios.
Ya en 2017 Bryn Sandberg, del Hollywood Reporter, decía que “sólo porque podés hacer capítulos de 90 minutos, no significa que tenés que hacerlo”. En su análisis señala que HBO fue estirando el promedio de duración de sus capítulos, de los 55 minutos de The Sopranos a los 59 actuales, con excepciones para inicios y finales de temporada que podían extenderse a más de 70.

En la era del streaming, los 60 minutos pasaron de ser la excepción a ser la regla. Hasta producciones de Netflix que respetan una estructura más televisiva como 13 Reasons Why o las adaptaciones de Marvel tienen capítulos que superan la hora de duración. Llenar esa hora es la que fuerza a guionistas a sumar líneas narrativas paralelas y explorar personajes secundarios que diluyen la historia que se está contando (insertar foto de Karen Page.)
Netflix no tiene requerimientos firmes de duración de capítulos ni temporadas, pero aún así son pocas las series dramáticas que usan esta libertad para jugar con la estructura. Los experimentos de ciencia ficción como Maniac y The OA son las únicas que realmente la han aprovechado.
La verdadera experimentación con los tiempos de duración viene del lado de la comedia. La televisión de aire es estricta con los 22 minutos que debe durar un capítulo, y creadores que vienen de ese ámbito como Tina Fey (Unbreakable Kimmy Schmidt) y Alan Yang (Master of None) disfrutan de jugar con esa extensión. Master of None, en particular, tiene episodios ligeros y otros que son mini-películas, como el ganador del Emmy Thanksgiving (S02E08) de 34 minutos.
One Day at a Time es un buen ejemplo de lo importantes que pueden ser esos 5 o 6 minutos extra por capítulo. Esta excelente serie sobre una familia de descendientes de cubanos en Los Ángeles fue una producción original de Netflix, que la canceló al terminar su tercera temporada, y en su nueva encarnación se siente que algo falta.
El canal de cable Pop “rescató” la comedia este año, pero con las restricciones de tele de aire y episodios de 22 minutos. La cuarta temporada mantiene el mismo sentido del humor y calidez de las tres anteriores, pero se notan los tiempos ajustados, las reacciones forzadas, la falta de esas transiciones entre el humor y el drama. La versión larga de One Day at a Time no era necesariamente una serie más graciosa, pero era una historia más completa.
El drama de 30 minutos no era muy común antes de la era del streaming, y se limitaba a experimentos como En Terapia y a híbridos de comedia y drama como Girls o Louie. Pero en los últimos años el formato empezó a ganar popularidad.

Hace unos años Facebook decidió empezar a producir series de televisión, un intento que colapsó en un par de temporadas, pero que dejó series tan interesantes como Sorry for Your Loss, Limetown y la antología de suspenso Sacred Lies. Todas dramáticas, todas de entre 20 y 30 minutos.
La razón de Facebook para elegir esa duración tenía que ver con los hábitos de sus usuarios, pero los episodios resultan atrapantes. No se siente la necesidad de minutos adicionales que debilita a las comedias de aire, pero tampoco se siente la obligación de los guionistas a contar una historia de tres actos en tan poco tiempo. Sorry for Your Loss, en particular, se concentra en pequeñas situaciones cotidianas sin buscar que tengan un significado adicional. Viñetas reales, que respiran sin artificio.
En 2018 Sam Esmail, director de Mr. Robot, decidió que su nueva serie Homecoming tendría episodios de 30 minutos, para tener que explicar lo mínimo posible sobre su historia de misterio, e invitar al público a volver a ver cada capítulo. Julia Roberts, la protagonista, no estaba muy de acuerdo:
“Para mí solo los adolescentes veían dramas de media hora, pero después de verla me doy cuena que es una genialidad. Se va a poner de moda.”
Por ahora la predicción de Roberts no se cumplió, pero el éxito de Homecoming (que pronto estrena segunda temporada) parece resultar tan contagioso como la jugada de Disney+ con The Mandalorian.
La filosofía del streaming de los primeros años cambió, y hoy Netflix ya no busca maximizar la cantidad de minutos en los que un espectador ve una sola serie sino atraer público con ganchos interesantes y mantenerlos viendo productos relacionados. Series como Rey Tigre (7 capítulos) y Poco Ortodoxa (sólo cuatro) son anzuelos tan atractivos como una serie de Marvel de 13 horas. Y si las temporadas pueden ser cortas, los capítulos también.

Los permisivos 30 minutos de Netflix parecen haberla hecho el hogar perfecto para dramas disfrazados de comedia, como The end of The Fucking World y Russian Doll. Este año la tendencia se ve cada semana.
Es lo que duran los capítulos de la fenómenal serie inglesa Feel Good, en la que el humor existe en la ambientación de la historia más que como un tono. La recién estrenada Yo Nunca (Never Have I Ever), de Mindy Kaling no sería más que una sitcom correcta con 10 minutos menos. El melodrama mexicano La Casa de las Flores, acaba de cerrar su historia con su temporada más almodovariana, siempre dentro de los límites de esa perfecta media hora.
Hay otros casos fuera de Netflix. La surrealista serie animada Undone de Amazon, el drama familiar Vida de Starz, la antología agridulce Little America de Apple TV+. Pero esta semana se estrena el ejemplo perfecto: Normal People (foto), una coproducción de Hulu y la BBC que parece destinada a estar entre lo mejor del año.
Esta miniserie de 12 capítulos cuenta una historia de amor a través de varios años, y su creador Lenny Abrahamson (nominado al Oscar por La Habitación) insiste en mantener el foco en la pareja central, dejando a los secundarios en la periferia.
En capítulos de 40, 50, 60 minutos, el protagonismo exclusivo de estos dos actores podría haber sido agotador, pero Normal People es un ejemplo más de que la brevedad es sinónimo de precisión narrativa.
Tiene razón Julia. Los 30 minutos están para quedarse.

Hellraiser en HBO no es el Hellraiser que querés ni el Hellraiser que temés
Ayer el “nuevo” HBO anunció otro proyecto que parece poco característico de este canal: una serie basada en la saga de terror Hellraiser, que no será un reboot ni una remake, sino que continuará la mitología de las películas y la imagen icónica de sus infernales Cenobitas.
Suena a una idea digna del HBO pre-Sopranos, que se regodeaba en la clase “B” de Cuentos de la Cripta y Real Sex, pero parece ser un proyecto serio.
El director será David Gordon Green, de las bien recibidas secuelas recientes de Halloween, y el equipo de guionistas incluye al veterano de los cómics Mark Verheiden y a Michael Dougherty, creador de éxitos del terror de culto como Trick ’r Treat y Krampus.
Después de tantas pésimas secuelas, se hace difícil recordar que la Hellraiser original es una obra maestra. El escritor Clive Barker adaptó en 1987 su cuento El Corazón del Condenado, y con un presupuesto mínimo dirigió una película de terror que está al nivel de Alien o El Enigma de Otro Mundo, tan perturbadora como influyente.
Por eso me pareció un poco raro no leer el nombre de Barker en ninguna parte de esta gacetilla. El escritor vendió los derechos del nombre y los personajes de Hellraiser a los productores de la película original, algo de lo que hoy se arrepiente. El escritor se distanció de estos bodrios inmirables, pero en los últimos años expresó interés por volver a la franquicia, y es una pena que HBO no lo haya convocado, aunque más no sea por la buena publicidad que implicaría.
La versión de HBO ni siquiera será la única que veremos en el futuro cercano. Los derechos de Hellraiser para televisión y para cine tienen dueños distintos, y el estudio Spyglass acaba de contratar al director David Bruckner (Night House) para revivir la franquicia con un guión de David Goyer (Batman: El Caballero de la Noche).
Que no, tampoco incluirá a Barker.

El éxito del VOD apunta a cambios permanentes
Dudo que Universal haya pensado que el experimento de Trolls 2 iba a ser tan exitoso como terminó siendo. El estudio fue el primero en animarse a lanzar un producto destinado a los cines en servicios de video a la carta. Y a pesar de que los analistas dudaban que el estudio recupere la inversión, todo indica que la experiencia fue redituable.
Esta semana la película sigue primera en todos los servicios de VOD, y a pesar de que no hay números concretos, los cálculos estimativos hablan de unos 50 millones en su fin de semana de estreno (10-12 de abril), y otros 50 acumulados desde entonces.
Las proyecciones no eran las mejores para esta secuela, y la estrategia desesperada de Universal para salvar su inversión hoy parece una jugada magistral. Warner decidió replicar ese movimiento con Scooby!, la nueva versión del clásico dibujo animado que, como Trolls 2, no gozaba de saludables proyecciones de taquilla.
Los rankings de Video on Demand también revelan que en esta cuarentena sin tanques, películas de acción que se habían considerado fracasos tienen una segunda vida.
Bloodshot con Vin Diesel era el intento de lanzar un nuevo universo de superhéroes, y su permanencia en los top 10 indica que esta idea podría no estar muerta del todo. Lo mismo pasa, en menor medida, con Aves de Presa y la versión de Blumhouse de La Isla de la Fantasía.
Ayer se confirmaron dos pases más del cine al streaming. La primera es la comedia de Seth Rogen An American Pickle, una producción modesta de Sony, que será parte del catálogo de HBO Max. Warner no confirmó aún si se podrá ver desde el lanzamiento.
El otro estreno en streaming es King of Staten Island, que tiene un perfil un poco más alto ya que es la nueva película del director Judd Apatow (Virgen a los 40, Trainwreck). Esta comedia cuenta una versión dramatizada de la vida del comediante Pete Davidson, hoy parte de Saturday Night Live.
Davidson tiene un perfil alto en la farándula norteamericana por la relación con su ex, la cantante Ariana Grande, y por eso Universal confía en que hay un público que pagará los 20 dólares por alquiler de 48 horas que tanto le rindieron a Trolls 2. Se estrena el 12 de junio.
El tráiler de hoy es de una coproducción entre HBO y la BBC. I May Destroy You es la nueva serie de Michaela Coel, creadora de la genial comedia romántica Chewing Gum (Netflix). Durante la grabación de esa sitcom, Coel vivió una experiencia traumática que procesa a través de esta nueva serie, que desde el título deja claro que esta vez el feel-good está muy lejos de los planes de la guionista. Se estrena en junio.