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Mi anime favorito de cada año, de 2022 para atrás

Una lista para demostrar que todos los gamers de acá tenemos un corazoncito otaku. 1 like = 1 anime favorito de cada año en cuenta regresiva desde 2022. Dificultad extra: SOLO…

Ignacio Esains
Twitter  ·  Ranking  |  4 de agosto de 2022

Una lista para demostrar que todos los gamers de acá tenemos un corazoncito otaku. 1 like = 1 anime favorito de cada año en cuenta regresiva desde 2022. Dificultad extra: SOLO series TV.

Y pongan likes mis viejis que hasta 1972 no paro 🙏🙏🙏. Gracias @AmadeoMendez por el PNG.

2022: Call of the Night. Recién van cuatro capítulos pero podría terminarse mañana y sería mi favorito en mucho tiempo. Largas charlas nocturnas entre un adolescente desvelado y una vampiresa. No pasa nada. O bueno, sí pasa…

2021: Kageki Shojo. El Takarazuka es un legendario teatro japonés que monta obras musicales con un detalle: todos los personajes, hombres o mujeres, son interpretados por actrices. Este anime ambientado en la escuela de un falso Takarazuka es pura pasión, arte, tradición.

2020: Wave, Listen to Me! El autor de Blade of the Immortal hizo un manga que no se parece a nada, sobre una psicópata camarera de restaurant de curry que se convierte en conductora de un programa de radio de madrugada. El voice acting de Riho Sugiyama está en otra dimensión.

2019: O Maidens in your Savage Season. Esta lista va a tener mucha Rumiko, Adachi, Anno y Mari Okada. Esta es mi serie favorita de las suyas, la historia del club de literatura de una secundaria y la curiosidad de sus miembros sobre el sexo. Shojo para el siglo XXI.

2018: A Place Further than the Universe. Una adolescente que se siente excesivamente normal decide, de un día para otro, viajar a la Antártida. Y viaja. Un anime perfecto que imagina cómo sería un slice of life si no solo pasaran cosas, sino cosas extraordinarias.

2017: Made in Abyss. Tardé mucho en ver esta serie porque los diseños me hicieron pensar que era un sub-Ghibli. Como sabrá cualquiera que la vio, nada más lejos de la realidad. Pero lo que sí tiene en común con la obra del Miya es enorme worldbuilding y personajes a la altura.

2016: Yuri!!! on Ice. La que vieron hasta los que no vean anime desde los Cavaleiros en Rede Manchete. Una historia que juega con los clichés del sport manga para explorar con sutileza la idea de la masculinidad, el afecto, el esfuerzo, el sacrificio. Animada x Dios.

2015: Punch Line. Kotaro Uchikoshi, mi escritor favorito de novelas visuales (Zero Escape, AI: The Somnium Files, Ever17) escribe un animé que parte de la premisa más estúpida posible para contar una historia emocionante. Un tapado que todo el que amó 999 debería ver.

2014: Monthly Girls Nozaki-kun. Seguro me quedan afuera mil animeses más serios, pero no puedo resistir el timing impecable de esta comedia sobre mangakas adaptada de un yonkoma. Uno de los pocos casos en los que el anime es mejor que el manga.

2013: The Flowers of Evil. Esta adaptación polémica no es mejor que el manga (Oshimi en su máxima expresión) pero su estilo visual es hipnótico. La rotoscopía hace que la historia de “amour fou” se vuelva incómodamente cercana.

2012: Kids on the Slope. En un año de varias favoritas (¡The Woman Called Fujiko Mine!) es imposible no decidirme por mi candidato a anime de la década. Amor, amistad, jazz, y la dirección de Shinichiro Watanabe, que aún con bajo perfil redefine cómo se puede ver un anime.

2011: Anohana. ¿Cómo puedo haber visto tantas veces una serie que me hace sufrir TANTO? Hay varias historias matemáticamente diseñadas para hacerte llorar, pero esta tiene un corazón real, laburo técnico impecable, y caracterización que juega con los arquetipos sin romperlos.

2010: The Tatami Galaxy. Un anime ideal para ver en el año en el que el multiverso se puso de moda. La idea de la repetición y variación de múltiples realidades es muy light novel, pero acá lo que la diferencia es la dirección infinitamente imaginativa de Masaaki Yuasa.

2009: Cross Game. El manga de Mitsuru Adachi me gusta TANTO que me estudié las reglas del beisbol solo para entender sus sutilezas. Como Anohana, convierte un giro que en otras manos sería manipulador en el motor de una historia conmovedora de corazones perdidos.

  1. Michiko & Hatchin. Mucha Sayo Yamamoto en esta lista también. Este es uno de los pocos animes ambientados en (algo que parece ser) Latinoamérica, una persecución frenética de 22 capítulos con animación gloriosa y los mejores nombres de personaje de la historia del anime.

2007: Den-noh Coil. Pero este año es IMPOSIBLE porque todo es bueno por dios. Gana esta distopía de ciencia ficción porque es rabiosamente original, una demostración de que hay historias que solamente el anime puede contar bien.

  1. Red Garden. En otro año de oro puro, elijo esta historia trágica, melancólica, de cuatro chicas muertas tratando de estar un poco menos muertas. Hay un recurso narrativo inspirado en Magnolia que me da escalofrío cada vez que lo recuerdo. Última Mari Okada de la lista!

2005: Gallery Fake. Encontré este anime de casualidad hace relativamente poco, por una mención en el Insufficient Direction de Moyoco Anno. Una historia bien televisiva, clásica, de detectives que resuelven falsificaciones de artes. MUCHO más emocionante de lo que suena.

2004: Gankutsuou: The Count of Monte Cristo. Mi género favorito de cualquier cosa es “japoneses reimaginando clásicos de la literatura europea”. Esta belleza steampunk es la obra maestra de Mahiro Maeda, un diseñador que, como Yas o Amano, a veces parece inabarcable para el anime

2003: Planetes. La ciencia ficción “dura” no es lo mío, pero me fascina el trabajo de Gorō Taniguchi, un director que equilibra la poesía y el terror del espacio con una mirada crítica a lo Tomino sobre la dinámica del poder y la autoridad en un lugar de trabajo.

2002: Haibane Renmei. Yoshitoshi ABe (Lain, Texhnolize) es otro artista enorme con el que la industria no supo qué hacer. Esta historia de ángeles caídos es su obra más personal. Mejor disfrutarla sin 20 años de interpretaciones literales de los otakus más aburridos del planeta.

2001: Noir. El subgénero girls-with-guns se merece todas las parodias que recibe, pero eso no quita que esta serie siga siendo irresistible. Imposible entender de qué se trata la maraña de conspiraciones que pasa por guión. Noir (como el cine que le da nombre) es puro estilo.

  1. Strange Dawn. Aún en un año flojo para el anime queda alguna joyita dando vueltas. Para este año ya estaba harto del isekai (El-hazard, puaj) pero todo se perdona con lindos diseños, sentido del humor y una construcción de mundo digna.

1999: Infinite Ryvius. Una de las series que nombro cuando me preguntan mi anime favorito. Esta reversión de El Señor de las Moscas en el espacio maneja la tensión con mano maestra. La dinámica entre los personajes es magistral. Ah, si el final fuese un poquiiiiito mejor…

1998: KareKano. En el año en el que el anime conquistó al mundo (Lain! Bebop!) mi serie favorita fue esta comedia romántica que sabe que lo que hace al shojo tan especial es su capacidad para la infinita introspección. Y la introspección es la especialidad de Hideaki Anno.

1997: Revolutionary Girl Utena. Todo lo que Kunihiko Ikuhara sugería en Sailor Moon, acá lo hace explícito. Sólo él puede explotar de melodrama y a la vez reirse de sus propios excesos. Repetitiva, pero la magia está en las variaciones. Y en el mejor opening de todos los tiempos.

1996: Kodomo no Omocha. Creo que es el primer shojo “puro” de esta lista. Un sugar rush de emociones que aprovecha una historia de amor genérica y una protagonista hiperactiva para ametrallar gags en todas las direcciones posibles.

1995: Neon Genesis Evangelion. Aunque me quisiera hacer el banana y elegir alguna otra, imposible. Eva es Eva. La volví a ver el año pasado con la excusa de la peli y sigue siendo tan buena como en los VHS de Manga Vídeo proyectados en una salita del Rojas.

1994: Tico of the Seven Seas. Años oscuros para el animé, dominado por adaptaciones de Shonen Jump de 300 capítulos y productos hechos a las apuradas. Tico no es ninguna de las dos cosas: la primera obra original de World Masterpiece Theater, a la altura de cualquier adaptación.

1993: Slam Dunk. En los años post-burbuja y pre-Eva el anime interesante se quedaba en los OVAs, pero este clásico total y absoluto fue la excepción. Ayuda que el manga esté entre los mejores shonen de todos los tiempos, claro.

1992: Sailor Moon. La primera temporada, con todas sus fallas es icónica. Inyecta una nueva energía al género magical girl (que para 1992 ya era retro) a pesar de que sus ideas más interesantes se explorarían más adelante. Ese final de temporada de Ikuhara sigue siendo magistral.

1991: Oniisama e… el último gran shojo de la televisión. Increíble que los hayan dejado salir al aire porque cada frame es cancelable. El legendario Osamu Dezaki no se guarda nada en una historia de amor gótica, oscura al punto de la autoparodia. Ideal en combo con Utena.

1990: Nadia: The Secret of Blue Water. El anime que casi mata a Anno y funde a Gainax antes de que Evangelion casi mate a Anno y funda Gainax. A los 29 Hideaki quiso meter TODO TODO TODO lo que amaba en una historia que es Ghibli, Verne, WMT, Otaku no Video… TODO. Brillante.

1989: Fashionable Yudo Girl Yawara! Naoki Urasawa es uno de los mejores mangaka de la historia, pero pocas de sus obras tuvieron adaptaciones a la altura. La mejor es esta, un sports manga / slice of life que en su segunda mitad es tan intrincada como el mejor Naoki.

1988: Oishinbo. A pesar de que no están muy representados en esta lista, amo las historias “caso de la semana” y este anime/manga usa un elenco de personajes irresistibles para contar historias sobre el mundo culinario. Cálida y eficiente como una serie yanqui de los ’60. La amo.

1987: Kimagure Orange Road. Anticipo que la lista de los ’80 es pura comedia romántica y épicas de robots de 50 capítulos. Todas la romcom teen del anime (desde las más wholesome hasta las más harem) están inspiradas en este icónico triángulo amoroso.

1986: Maison Ikkoku. Un manga perfecto convertido en un anime, increíblemente, aún mejor. Los personajes de Rumiko Takahashi cobran vida en una comedia romántica cotidiana, de capítulos autoconclusivos que a la vez avanzan milímetro a milímetro el amor de una pareja inolvidable.

1985: Touch! Más béisbol, más Adachi, más triángulos amorosos, otro opening que la rompe y la confirmación de que el slice-of-life realmente funciona cuando tiene una cantidad básicamente infinita de capítulos para contar sus microhistorias.

1984: Glass Mask. Dos años seguidos del gran Gisaburo Sugii, un adelantado a su tiempo. Como Oniisame e…, este es un shojo clásico, adaptado con la espectacularidad que se merece. Perdón a todos los robotos de este gran año de Sunrise, pero shojo al mango siempre gana…

1983: Aura Battler Dunbine. No soy gran fan de Gundam y su realismo que se siente como hacer la tarea… pero las otras series de robots de Tomino de los ’80 son fabulosas. Esta es la mejor, un isekai antes de que ese término estuviera envenenado, con BELLOS robots de Izubuchi.

1982: Super Dimension Fortress Macross. No demos vueltas. Es MACROSS. Sigue siendo absolutamente perfecta, no importa cuantas secuelas de cuarta le quieran apilar encima.

1980: Space Runway Ideon. ¿La obra maestra de Tomino? Si Dunbine es pura magia y belleza, la realidad de Ideon es tan sucia como la Nostromo. La serie empieza como una comedia y se vuelve oscura al punto de la desolación. Un viaje.

1979: Anne of Green Gables. Esta década va a ser puro pre-Ghibli. La última serie de Isao Takahata adapta las novelas de Lucy Maud Montgomery con la parsimonia que merecen. Taka descansa en los detalles, haciendo que una novela de 300 páginas respire en 50 capítulos de ensueño.

1978: Future Boy Conan. Hayao Miyazaki se despide de la tele con 26 capítulos brillantes, una adaptación de la novela de Alexander Key que abandona… básicamente todo el texto, y se vuelve un piloto de Nausicaa, Laputa, y todo el cine de aventuras del Miya.

1977: Temple the Balloonist / Sabrina y Sus Amigos. Hay mejores series de este año, pero ninguna que recuerde con tanto cariño, una fábula infantil adorable creada por Tatsuo Yoshida, fundador de Tatsunoko. Un recuerdo infantil que pude volver a ver (y disfrutar) décadas después.

1976: Candy Candy. Creación maravillosa de los años de oro del shojo, que intentaba mezclar los romances exaltados de la Nakayoshi con las novelas clásicas tipo Mujercitas o la misma Anne. El resultado es adictivo como la mejor telenovela. Por algo conquistó a Latinoamérica.

1975: La Abeja Maya. Algo que me sorprendió de redescubrir el anime en la era DVD era que esas series que recordamos vagamente de la infancia eran verdaderas maravillas de la animación. Las aventuras de Maya estaban contadas con elegancia y (a veces) violencia brutal.

1981 (¡me lo saltee!) Queen Millenia / La Princesa de los Mil Años. Gracias a @land_patricio descubrí esta adaptación extraña y misteriosa de Leiji Matsumoto, y la amé desde el primer frame. Lentísima, casi incoherente, pero la que mejor entiende la poesía derrotada del Matsu.

1974: Space Battleship Yamato. Como todo Matsumoto, lo vi años después de su fugaz transmisión en nuestras costas. Más allá de su enorme calidad, sorprende como el viejo Leiji inventó todo: Gundam, Macross, y hasta Star Wars en un animé gigantesco.

1973: Ace wo Nerae! Otro clásico que descubrí años después. Shojo de tenis pero con el dramatismo de una opera. Recortaría cada frame para enmarcarlo.

1972: Mazinger Z. La primera obsesión. Acá empezó todo. Y acá termina esta lista.

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