
Anime Old School: 10 series para redescubrir
La mejor animación japonesa de los ‘70s y los ‘80s, en una selección de lo más variada.
La mejor animación japonesa de los ‘70s y los ‘80s, en una selección de lo más variada.
Los otakus más acérrimos y los fanáticos más casuales están de acuerdo en una cosa: mi viejo animé ya no es lo que era.
Joyitas como “Death Parade” y “Simoneta” o fenómenos como “Attack on Titan” o “Kill la Kill” solamente resaltan el páramo en que se ha convertido la animación japonesa luego del punto altísimo de popularidad mundial que se había alcanzado a fines de los ‘90 con series como “Cowboy Bebop” y “Evangelion”.
Y sin embargo, para ese entonces la era de oro del animé había terminado hace más de una década. Los presupuestos habían bajado, los grandes talentos se habían retirado o mudado al más lucrativo negocio de los videojuegos, y el trabajo artesanal había sido reemplazado por la tercerización a mediocres estudios coreanos. Basta con ver un minuto de un clásico como “Macross” o hasta “Saint Seiya” para darse cuenta del nivel que quedó atrás a mediados de los ‘80.
Pero eso no es necesariamente una mala noticia, ya que entre la explosión de la industria japonesa en 1972 (año del estreno de “Mazinger Z”) y el colapso económico japonés de 1992 se produjeron cientos de series, de las que sólo llegó un mínimo porcentaje a la televisión local, y en algunos casos con transmisiones fugaces en canales perdidos. Estas 10 series son muy conocidas en su país original, y pueden ser una gran alternativa para quien quiera bucear en la historia del animé, doblado o subtitulado.
10 Future Boy Conan (Nippon Animation, 1978, 26 capítulos)

Nada se acerca a esto. En 1978 Hayao Miyazaki ya era el director más respetado del estudio Nippon, que le dio un presupuesto hoy inimaginable para realizar una adaptación de la novela del ignoto Alexander Key, en 26 capítulos con calidad cinematográfica. Sería el retiro de Miyazaki de la televisión, ya que poco después renunciaría a Nippon para dirigir su primera película “El Castillo de Cagliostro”.
En “Conan” se pueden ver todas las obsesiones de Miyazaki en acción. Los meticulosos diseños de vehículos voladores, la relación entre el progreso y la naturaleza, y los arquetipos de personaje que pronto desarrollaría en películas como “Nausicaa” y “Mononoke Hime”. Pero aunque uno no tenga idea quién es el Miya, o no le importe, “Conan” sigue siendo un animé perfecto, una historia apasionante que incluye una o dos grandes secuencias de acción por capítulo, y momentos conmovedores, en especial en los últimos episodios.
Como la serie anterior, Conan fue transmitida por canales locales, pero siempre de forma incompleta y con un pobrísimo doblaje al español. Los que quieran ver esta obra maestra como se debe la tendrán muy difícil: no existe una edición legal en occidente - aunque si les sobran 300 dólares pueden acceder a la impresionante edición en Blu-Ray que salió en Japón hace unos años, o cruzar los dedos para que se edite en el aniversario 40 que, por suerte, está a la vuelta de la esquina.
9 Queen Millenia (Toei Doga, 1981-1982, 42 capítulos)
Aunque por alguna razón sus series nunca pegaron del todo en nuestro país, Leiji Matsumoto es uno de los mangakas más queridos de Japón, y en Francia es una verdadera religión (es el diseñador detrás de la película “Interstella 5555” de Daft Punk). Se entiende por qué: sus sagas de ciencia ficción están muy atadas a la literatura europea de fines del siglo XIX, historias de piratas (“Capitán Harlock”), nobles soldados (“Space Battleship Yamato”), y niños que descubren en medio del peligro su verdadero destino (“Galaxy Express 999”), como en una novela de Robert Louis Stevenson.
Quizás esta bellísima serie animada sea su obra más “japonesa”, adaptación muy libre de un viejísimo cuento medieval que gira alrededor de un evento clave en el “leijiverso” - el posible impacto de un planeta contra la Tierra. La historia se vuelve más compleja capítulo a capítulo, abandonando líneas narrativas y metiendo nuevos personajes casi como si Leiji la fuese improvisando (que probablemente sea lo que pasó). Es confusa y lenta, pero de una forma casi hipnótica.
Si la serie es la más japonesa, la animación es la más europea. Los cuerpos se elongan y se deforman, los objetos se mueven de acuerdo a una física onírica, y por alguna razón, los colores de los fondos cambian como en un calidoscopio. En varias secuencias la luz invade un espacio, inundándolo como si fuera agua - toques artísticos innecesarios pero que serán valorados por el que ya quiere una experiencia que no se parezca a nada más.
Se pudo ver en The Big Channel a principios de los ‘90 como “La Princesa de los 1000 Años”, incompleta y con un doblaje atroz (aunque admirado por algunos especialistas) que hace a la serie todavía más extraña.
8 Maison Ikkoku (Studio Deen, 1986-88, 96 capítulos)
En los ‘80 Rumiko Takahashi era la reina del manga, gracias a títulos tan exitosos como “Urusei Yatsura”, “Ranma ½” y esta, la menos conocida (al menos fuera de Japón) de sus series. Quizás sea porque “Ikkoku” es la más realista de todas: la historia de una casa residencial administrada por Kyoko, una joven (y claro, bonita) viuda en la que viven todo tipo de perdedores y criminales de poca monta… y Yusaku Godai, un casi-universitario, que ha fracasado varias veces en sus exámenes pero que jura que alguna vez lo va a lograr. Por supuesto, Godai se enamora de Kyoko y, a pesar de que no tiene nada para ofrecer, hace lo imposible por conquistarla.
La historia de Kyoko y Godai evoluciona de manera natural, con una sinceridad y una paciencia que pocas veces se ve en el animé romántico - tanto que es difícil compararlo con otra serie animada, pero gustará a quien haya disfrutado series como “How I Met Your Mother” o “New Girl”.
7 SPT Layzner (Sunrise, 1985-86, 38 capítulos y 3 OVAs)
Hace años que pasaron de moda, pero durante dos décadas, los mechas eran sinónimo de animé. La enorme mayoría son historias olvidables y repetitivas, variantes de las series de Go Nagai (Mazinger) y Yoshiyuki Tomino (Gundam), pero hay una tercera voz, relativamente olvidada entre los grandes creadores de animé de mecha, y es la de Ryosuke Takahashi, creador de Dougram, Gasaraki, VOTOMs y (mi favorito personal) SPT Layzner.
A Tomino le gustaban las historias épicas de guerras, mientras que los mecha de Nagai eran titanes mitológicos, pero las influencias de Takahashi estaban en la ciencia ficción más clásica. Sus historias son intrincadas, complejas, y no tienen la estructura tradicional de “enemigo de la semana” de la mayoría del animé. Quizás por eso ha envejecido mucho mejor que sus contemporáneos.
La historia de Layzner empieza muy lento, tomándose largos minutos para establecer un futuro en el que la Tierra ha empezado a colonizar los planetas cercanos. En una base de las Naciones Unidas, un grupo de adolescentes superdotados llega para empezar su entrenamiento… y de repente, un trío de robots gigantes invade las instalaciones. Sorprende la violencia indiscriminada de este primer episodio, que presenta, y mata, unos 20 personajes en 20 minutos - pero es esencial para establecer lo que hay en juego.
Es una serie corta para el estándar del estudio Sunrise, pero cada capítulo avanza la historia de formas inesperadas, y de a poco la serie revela ser una advertencia sobre un posible desenlace de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El final es un poco abrupto, pero los OVAs lo resuelven de forma más satisfactoria.
6 Aim for the Ace! / Ace o Nerae (Tokyo Movie, 1973-74, 26 capítulos)

Imaginate la intensidad emocional de “Candy Candy” con los entrenamientos tortuosos de “Slam Dunk” y los disparos surrealistas de “Súper Campeones”. A diferencia de otros shojo, “Ace o Nerae” tiene mucho humor y una protagonista instantáneamente adorable. La primera de sus dos temporadas (dirigida por Osamu Dezaki) es la mejor, ya que compensa un bajísimo presupuesto con una gran creatividad en la animación: escenas en silueta, fondos animados en acuarela, y un gran uso de planos estáticos, tanto que muchas de sus ideas se convertirían en recursos en animés mucho más caros, como “La Rosa de Versalles”, “Oniisama e…” de Osamu Dezaki o su heredera espiritual “Revolutionary Girl Utena”.
5 Akage no An (Nippon Animation, 1979, 50 capítulos)
La historia de “Ana de los Tejados Verdes” (o “Ana de la Pradera” en la excelente miniserie canadiense) tiene un atractivo universal, narrando una historia realista con el tono de un cuento de hadas. En la Isla Prince Edward, los hermanos Matthew y Marilla Cuthbert están entrando en la ancianidad y deciden adoptar a un niño pensando en que los ayude con las tareas del hogar - pero reciben una niña, la eternamente curiosa Anne.
“Akage no An” (“Ana la Pelirroja”) es la tercera adaptación literaria de Isao Takahata luego de los legendarios “Heidi” y “Marco”… y me animo a decir que es aún superior. Takahata (luego co-fundador de Studio Ghibili junto a Hayao Miyazaki) se negó a comprimir la novela o a modificar la historia para hacerla más japonesa, considerando que lo que había ya era universal, y el resultado es admirable.
Ojo: no hay un animé más lento que este, y se nota desde el primer capítulo, que adapta, como mucho, 20 páginas del libro. Largos silencios en los que los personajes admiran el horizonte se alternan con conversaciones eternas que no parecen llevar a ningún lado… pero el efecto que busca es transportarte a ese lugar, junto a esos personajes. Dejate llevar.
4 Kimagure Orange Road (Toho Animation, 1987-88, 48 capítulos)
El más ochentero de los animé de los ‘80. Como una película de John Hughes (“Sixteen Candles”, “El Club de los Cinco”) pero dibujada. Ah, y los personajes tienen poderes sobrenaturales, pero eso importa bastante poco en lo que hace a la serie. Si lo tuyo son las comedias románticas (al estilo de “Ranma ½”), acá tenés una que te va a durar varias semanas, llena de personajes interesantes que, de paso, están diseñados por la legendaria (sí, pienso usar mucho ese adjetivo en esta lista) Akemi Takada.
3 Legend of Galactic Heroes (Artland, 1988-1997, 110 capítulos)
Algunos la llaman el “Star Trek” del animé, pero la realidad es que no se parece en nada a ese clásico de la tele yanqui. “Legend of Galactic Heroes” es un animé de guerra espacial que enfrenta a dos estrategas militares de personalidades magnéticas: el frío general del Imperio Galáctico (básicamente prusianos galácticos) Reinhardt von Müsel y Yang Wen-Li, que forma parte de la Alianza de Planetas Libres, un conjunto de estados independientes que recuerda un poco más a la federación de “Trek”.
Decir que esta serie es compleja es poco. Largas, infinitas charlas que parecen presentar cinco personajes nuevos por capítulo se alternan con eternas batallas que pueden durar media temporada. Pero el ritmo es necesario, ya que la complejidad novelística de la historia lo requiere. Los movimientos estratégicos de los dos protagonistas son realmente fascinantes, y la descompresión narrativa logra que todo sea comprensible. También ayuda la animación, económica pero detallada del estudio Artland bajo la mano firme de Noboru Ishiguro, director de dos de las series clave del animé de ciencia ficción: “Yamato” y “Macross”.
2 Yawara! Fashionable Judo Girl (Madhouse, 1989-1992, 124 capítulos)
Yawara es la nieta de uno de los mejores judokas de la historia. Yawara tiene un talento natural para el judo. Pero lo último que Yawara quiere es competir - su sueño es ser una chica normal, enamorarse, y sobre todo, no tener que ver todo el día a su insoportable abuelo. Esta comedia cotidiana, ligera y divertida, muy en el estilo de Rumiko Takahashi, fue la primera gran obra de Naoki Urasawa, que luego pasaría a palabras mayores con “Monster” y “20th Century Boys”. La serie es una adaptación muy fiel, uno de los últimos animé románticos de alto presupuesto, animado por el legendario estudio Madhouse.
1 Aura Battler Dunbine (Sunrise, 1983-84, 49 capítulos)

Game of Thrones. Pero con robots gigantes.
Por si con eso no te alcanza, Dunbine es una de las primeras obras post-Gundam de Yoshiyuki Tomino, una historia de fantasía medieval (técnicamente “steampunk”) a la que (por razones comerciales) tuvo que agregar robots gigantes - pero ojo, que fue lo mejor que podía pasar. Los robots, diseñados por Yutaka Izubuchi (“RahXephon”, “Patlabor”), son insectoides (recuerdan a los Invid de “Mospeada”, aunque esta serie se estrenó meses antes) y se mueven de forma orgánica, animalesca.
El punto de partida de la historia es un poco “Mago de Oz” (bue, más o menos): Byston Well, un mundo que existe en una dimensión paralela secuestra humanos de nuestra Tierra, teletransportándolos para que piloteen los dichosos robots (los nativos no pueden hacerlo). Nuestro protagonista, el japonés Show, trata de adaptarse a este nuevo mundo y pronto descubre que los buenos no son tan buenos y los malos no son tan malos. O que en realidad, no hay blancos y negros en el mundo (muy “Gundam” eso).
Los primeros capítulos lanzan una ametralladora de mitología al pobre espectador, pero de a poco uno se va haciendo el mapa mental y la tierra de Byston Well se vuelve fascinante. La animación, por otro lado, es excelente, al nivel de Macross. Detallada y fluida a pesar de la complejidad de los diseños de personaje.
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