
Los 100 mejores juegos de la década 2010: Spec Ops The Line
Una de las mejores historias que un videojuego haya tenido, que enfrenta al jugador con los efectos de sus actos de violencia
Una de las mejores historias que un videojuego haya tenido, que enfrenta al jugador con los efectos de sus actos de violencia
Spec Ops: The Line llegó justo en el momento en que tenía que llegar.
Desde 2007, y debido al éxito de Call of Duty 4: Modern Warfare, el catálogo de gaming se había poblado de fantasías de guerra “realistas”. Juegos que contaban una y otra vez la misma historia, de hombres duros que ya no sabían la diferencia entre el bien y el mal, pero sacrificaban su integridad moral por cumplir la misión. Por defender el sueño (en general) americano.
No eran juegos buenos. Historias pomposas y melodramáticas. Paletas que alternaban entre el beige y el gris. Modos multijugador impresentables. Nadie se acuerda de MAG, del atroz reboot de Medal of Honor de 2010, de bodrios de bajo presupuesto como Sniper: Ghost Warrior, de la fantasía paranoica de Homefront, y hasta la nefasta serie Heavy Fire que estaba al límite entre Call of Duty y Time Crisis.
Lo lógico era que Spec Ops: The Line fuese más o menos lo mismo que estos clones. Es más, eso era lo buscaba el estudio 2K Games cuando resucitó una olvidada serie de juegos de acción que había lanzado 9 títulos entre 1998 y 2002. Pizza militarista. Una campaña de 6 horitas y un multiplayer competente para levantar los meses flojos del año, mientras Rockstar se decidía a terminar GTA V.
Y sin embargo Jagex decidió hacer otra cosa. Una historia de guerra cruenta y a la vez emocionalmente distante. Una exploración filosófica y psicológica de la mente de un soldado que a la vez logra el impacto de lo visceral.
La campaña de Spec Ops: The Line está ambientada en la decadencia de un monumento al capitalismo: la ciudad de Dubai consumida por la arena y ocupada por un regimiento rebelde de soldados norteamericanos. Un post-apocalipsis que funciona como expansión de las contradicciones de la historia: literario y a la vez verosímil.
En esta ciudad sitiada, el capitán Martin Walker busca al Coronel Konrad, líder de ese regimiento, héroe de guerra y, al parecer, dictador de las ruinas en el desierto. El viaje de Walker es un descenso a los infiernos que abreva de fuentes tan variadas como El Corazón de la Oscuridad” (y su adaptación cinematográfica “Apocalypse Now”) y “El Mago de Oz”, y que logra momentos estremecedores, que obligan al jugador a tomar decisiones difíciles y enfrentar sus consecuencias.
En uno de los puntos más duros de la historia, Walker debe decidir si se utiliza o no el agente incendiario fósforo blanco contra soldados enemigos, y el jugador tiene que vivir con el efecto inesperado pero a la vez predecible de esta decisión. Y la reacción de Walker (un magistral Nolan North) al horror que va dejando a su paso impacta todavía más por la paleta de colores que se usa, imposible de diferenciar de esos shooters militaristas que venimos jugando hace años. Si no te molesta spoileártelo, mirá la escena en YouTube.
Algunos críticos consideran que Spec Ops: The Line es un poco tramposo, porque “obliga” al jugador a tomar ciertas decisiones sin dar una opción alternativa. Uno termina realizando actos de violencia imperdonable, quiera o no. A mi entender, la potencia del juego está en esa arbitrariedad, en que sabe que del otro lado hay un jugador que va a hacer lo que el juego diga con tal de llegar al próximo checkpoint. Ahí está la crítica feroz a la mentalidad de un soldado, el final inevitable de una cadena de violencia.
Spec Ops: The Line fue, claro, un enorme fracaso. Este año, como empezando un ciclo de nuevo, salió un reboot de Call of Duty: Modern Warfare, que usa el mismo fósforo blanco, pero no para una de sus misiones shockeantes tipo “No Russian”, sino como un “killstreak” en multijugador para sacarse de encima a una buena cantidad de enemigos. El horror convertido en un premio. Necesitamos otro Spec Ops, y urgente.
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Visita a la Gundam Base durante el Tokyo Game Show 2019Gundam Base. Me muero. Cada vez más impresionante. Huyó porque me dan ganas de gastarme seis sueldos y dos vidas en hacerme Gunpla freak como el pobre @Silberdamian