
Impresiones: Battlefield 4 (multijugador)
Un novato de la serie Battlefield pasa una hora interminable con un veterano oxidado. ¿Una nueva sitcom? No, unas breves impresiones sobre un juego inaccesible.
Un novato de la serie Battlefield pasa una hora interminable con un veterano oxidado. ¿Una nueva sitcom? No, unas breves impresiones sobre un juego inaccesible.
Claro que me aburrí. ¿Cómo no me iba a aburrir? La serie Battlefield tiene nulo interés en resultar accesible a novatos, y esperar otra cosa o criticarla por esto sería ignorancia o hipocresía. Battlefield es lo que es, y si para la gente que sabe esto es suficiente, entonces bien por ellos. Mi primera media hora junto a la versión de Xbox 360 del nuevo lanzamiento de EA consistió en ver una clásica demostración de habilidades del tío Erwin, tan entusiasta como torpe con el pad – es claramente un hombre de teclado y mouse. Sin embargo sus tropiezos en el campo de batalla me dejaron claro que Battlefield 4 puede ofrecer placeres viscerales más allá de la estrategia y el milimétrico avance. Claro que mandarse como un Rambo de Call of Duty es suicidio garantizado (algo que el tío demostró demasiadas veces para mi gusto), pero aún sin coordinar la estrategia con compañeros el fragor de la batalla tiene una adrenalina que no esperaba.
De a poco fui entendiendo la interfaz y los ritmos de juego de este nuevo Battlefield, la confusión y el aburrimiento quedaron atrás y los reemplazó otra sensación: la incredulidad. Con la excepción de algunos shooters de primera generación, este debe ser el juego más feo que vi en una Xbox 360: texturas borrosas, arquitectura simple, efectos (agua y fuego en especial) de una amateurismo absoluto, y ralentizaciones constantes. Es un juego verdaderamente impresentable, todavía más que la tercera entrega de la serie. ¿Cómo dejó pasar EA un producto así? Con la generación enterrada antes de tiempo, y sabiendo que al menos 2 o 3 millones se iban a vender de esta versión sub-estándar, faltaron incentivos para lograr algo medianamente presentable. Los mapas son enormes, sí, y el juego en línea estable (aún jugando fuera de nuestro país), pero con eso no alcanza.
Mi último Battlefield multijugador fue el primero: Battlefield 1942, un juego lento, pesado, donde podías correr durante largos minutos camino a la batalla y morir inmediatamente por culpa de un francotirador, volviendo a la base a controlar los pesadísimos tanques o aviones. En el momento en que Erwin se cansó de morir sin sentido y me dio el pad, me di cuenta de qué poco había cambiado en los últimos 10 años. En comparación con los soldados de Call of Duty que andan como sobre patines y hasta los sigilosos agentes de Splinter Cell, los honchos de Battlefield son máquinas de matar, tanquecitos a pie, con resistencia sorprendente a los disparos (propios y ajenos) pero es muy difícil calcular la velocidad de un giro, el tiempo que toma llegar desde el punto A al punto B de la batalla. La carencia de un sistema real a cubierto tiene que ver con el género, claro, pero conspira contra el realismo del planteo. El peso específico de armas y su control, aún con el errático joystick análogo, transmite una confianza en nuestro soldadito que quizás sea exagerada pero hace mucho más disfrutable la experiencia.
En el momento en que subimos a un vehículo el realismo salta por la ventana, se pone un cohete en la espalda y vuela hasta el sol donde explota en mil pedazos. Las lanchas, tanques, y aviones, se controlan con una simpleza digna de una Ferrari de Need for Speed o el galeón de Assassin’s Creed IV. Y no es solo la primera impresión. Las pretensiones de realismo aumentado de Battlefield de a poco van pareciendo más una estrategia de marketing que una decisión de diseño, y aunque es imposible evaluar un juego de este estilo con solo un par de horas, la sensación es que Battlefield tiene sus propias reglas de juego, y que la “simulación” esconde un arcade ligeramente más sofisticado que la competencia.
El lobo solitario no es un personaje divertido de jugar en Battlefield 4, y la carencia de un headset o de herramientas de comunicación simplificadas provoca una profunda desconexión de la experiencia básica.
Son muchos los juegos que no se pueden abarcar o entender en una hora. League of Legends, Europa Universalis IV, Planetside 2, Final Fantasy XIV… con todos esos juegos pasé horas de Game Raiders tratando de descular qué era exactamente lo que veía en la pantalla, pero con todos esos encontré algo, una semilla que me despertaba la curiosidad. Con todos ellos me hubiera querido quedar 2, 4, 6 horas más. No con Battlefield 4 para Xbox 360. No es un producto atractivo ni bien implementado, y si el objetivo de EA es pelear la corona del FPS “de la gente”, está tomando el camino equivocado.