
Into The Breach
El mejor juego del año será, supongo, el mejor juego de todos los años de aquí hasta ahora. No me imagino una razón por la que alguna vez querría dejar de jugar Into The Breach…
El mejor juego del año será, supongo, el mejor juego de todos los años de aquí hasta ahora. No me imagino una razón por la que alguna vez querría dejar de jugar Into The Breach, una genialidad en tantos niveles que llamarlo juego de estrategia sería como decir que el ajedrez es un juego de tablero. Into The Breach es Into The Breach.
El planteo no podría ser más simple, desde su control clásico de estrategia por turnos hasta la narrativa inspirada con un guiño en Terminator. El jugador comanda a un trío de viajeros temporales que se transportan al pasado a bordo de robots gigantes para pelear en un archipiélago de solo cinco islitas la batalla (perdida) más importante de la historia de la humanidad, contra una raza de insectos gigantes llamados “Vek”. Si los Vek nos derrotan, nuestro mejor piloto viajará otra vez en el tiempo, creando una nueva línea temporal. Si derrotamos a los Vek… también nos toca viajar en el tiempo y ver qué pasa con la próxima línea temporal. La batalla es infinita, la guerra nunca se acaba, no hay tiempo de festejar ni de lamentarse - con esta estructura brillante, Into the Breach convierte las limitaciones de un roguelike en riqueza temática.

Las batallas toman lugar en un tablero de 8x8 casillas que siempre vemos completo. 3-5 insectos enemigos invaden el campo de batalla y debemos combatirlos a lo XCOM: posicionando y atacando. Pero la enorme diferencia de Into The Breach está en que siempre sabemos lo que nuestros enemigos van a hacer en el próximo turno. Dónde van a atacar, qué daño van a causar. En este juego no hay porcentajes de posibilidad - todos los ataques impactan, y el daño siempre es completo.
Tampoco es que ayude tanto saber esos datos. El juego es notoriamente tacaño con nuestra energía y nuestro movimiento. Para ganar una batalla en nivel normal o difícil tendremos que economizar nuestros recursos y optimizar cada ataque. No alcanza con causar daño. Si podemos dañar a un enemigo, desplazar a otro, y posicionarnos como escudo humano/robot a un edificio aliado, mejor. O digamos que quizás sea mejor, quizás no - porque el caos también viene de otro lado ¿cuáles serán los nuevos enemigos que surjan de las profundidades de la tierra? ¿en qué dirección se moverán los insectos? y la peor, ¿qué consecuencias tendrá una mala decisión tomada en el primer turno?
Es uno de esos juegos que nos tiene 20 minutos mirando el mismo turno, trazando líneas imaginarias con los dedos, tratando de anticipar los próximos movimientos. Los recursos son mínimos, la información está completa. La interfaz nos comunica todo lo que necesitamos saber a todo momento. No hay azar, no hay suerte, y el uso creativo de nuestros recursos es más importante que una estrategia previa.

Pero Into The Breach va más allá de eso. No es una experiencia cerebral ni un ejercicio de lógica. Es una máquina de generar historias propias, y el diseño narrativo del juego está perfectamente ajustado para incluirlas. El guión de Chris Avellone está formado de parlamentos más cortos que un tweet y aún así está al nivel de sus verborrágicas obras maestras como Planescape: Torment o Fallout: New Vegas. Avellone comprime personalidad en cada parlamento de los pilotos, inyecta humor en cada grito que sale de los edificios, y resume culturas enteras en los comentarios de los líderes de cada isla.
Cuando hablo de un indie que satisface las necesidades de un AAA, hablo de algo como Into the Breach, que en 2 horas me da los mismos picos emocionales, mecánicas integradas de forma fluida entre sí, sistemas que permiten juego emergente, narrativa inmersiva, y la construcción de un mundo consistente y lleno de personalidad. Into the Breach es la razón por la que juego videojuegos. No se me ocurre otra palabra para describirlo más que “perfecto”.
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