Por qué Disney no tiene salas propias de cine
Esta semana escribí en #CortaCable sobre el conflicto entre estudios y salas de cine. Es una nota larga, pero me quedó afuera una pregunta interesante:
Esta semana escribí en #CortaCable sobre el conflicto entre estudios y salas de cine. Es una nota larga, pero me quedó afuera una pregunta interesante:
¿Si #Disney tiene parques, salas de conciertos y teatros, por qué no tiene sus propios cines?
Simple: porque está prohibido.

El colapso de las salas de cine no es igual al derrumbe de los videoclubs o la caída de los canales de aire.
El cine no es obsoleto. Es negocio porque no compite en el mismo territorio que servicios de streaming como Netflix o Disney+, sino con otras actividades recreativas.
Frente al precio del streaming o VOD, el cine no puede ganar, pero contra el teatro o un recital, es accesible y popular.
No estamos hablando de la “muerte de los cines”, pero sí de un cambio en el modelo económico, y en particular en la relación de las salas y los estudios.
Durante la “era de oro” de Hollywood (1920-1950) los estudios eran tradicionalmente los dueños de las salas de cine. Y por supuesto, cada cadena privilegiaba la producción de sus propios estudios. Un monopolio llamado “studio system”.
Y un monopolio es un gran negocio.

En 1948, la Corte Suprema de EEUU decidió romper el monopolio en una decisión conocida como “Los Decretos Paramount.”
Los estudios se rasgaron las vestiduras, alegaron que iba a ser el fin de la industria del cine y, aunque las ganancias bajaron, ninguno se fundió.
En realidad fue al revés. El fin del monopolio fue la oportunidad para que estudios pequeños y exhibidores independientes puedan acceder a públicos más amplios. Una nueva era de oro, pero para los pioneros de la clase “B” como Monogram/Allied Artists y American International.

Pero en 2018, el Departamento de Justicia de EEUU de la era Trump decidió revisar todo veredicto antitrust que no tuviera fecha de vencimiento. A fines de noviembre del año pasado, el Departamento hizo una petición formal para declarar nulos los Decretos Paramount.

Esto permitiría a Disney (o Warner, o la misma Universal) comprar cualquiera de estas cadenas, o un porcentaje de ellas. Y el valor de mercado de una AMC o Cinemark al borde de la bancarrota está dentro de las posibilidades de cualquiera de estos estudios.

Es un modelo económico redondo. Sólo hay que ver el enorme crecimiento de la industria cinematográfica de China. Los estudios más grandes del país (CFGC, Huaxia, Wanda) manejan sus propias salas. Controlan precios y acceso a las pantallas.

Por supuesto, hay que ver si quieren hacerlo. Disney está sangrando millones cada día por los parques de diversiones cerrados, y (como dice la nota de #CortaCable) que se abran los complejos no quiere decir que el público vuelva a las salas.
En un futuro normalizado, sería un buen negocio, en especial para Disney, una empresa que entre Walt Disney Pictures, Fox, y sus otras marcas, genera suficientes películas como para tener salas llenas todo el año. En especial con Pixars y Marvels que duran meses en cartel.
No es una casualidad que el monopolio de los estudios haya nacido en 1919.
Adolph Zukor (Paramount) inventó la idea de las cadenas nacionales de cine al comprar cientos de salas que habían cerrado luego de estar vacías durante meses por otra pandemia, la de influenza de 1918.

Los perjudicados, claro, serían los mismos que se beneficiaron con el fin del monopolio: los estudios pequeños e independientes, que en esta distopía cinematográfica tendrían que negociar un lugarcito con Disney, Warner o quien sea que se anime a comprar una cadena.
Faltan meses para que los cines abran. Cuando lo hagan y estén vacíos viene la bancarrota o el recorte de gastos de estas cadenas.
Cabe recordar que no son dueñas de los cines, sino que los alquilan al dueño del complejo en que funcionan. Esos alquileres no se están pagando.

El gobierno de Trump está listo para acelerar cuando sea necesario el fin de los decretos anti monopolio. Disney está herida pero sabe que va a sobrevivir. Si hay negociaciones, ya están en marcha.
El cine no va a morir.
El cine va a cambiar.
Ignacio Esains — Twitter, 3 de mayo de 2020
Editorial
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