
Coronavirus: el día después
Sea dentro de 6, 12 o 18 meses, la pandemia de COVID-19 va a tener un final… ¿pero de qué forma definitiva va a cambiar el mundo del cine y la televisión?
Sea dentro de 6, 12 o 18 meses, la pandemia de COVID-19 va a tener un final… ¿pero de qué forma definitiva va a cambiar el mundo del cine y la televisión?
La decisión de la industria sobre el coronavirus fue clara: mejor prevenir que curar. Mejor cerrar las salas de cine que exponer al público a un contagio. Mejor mover los grandes estrenos que arriesgarse a estrenar en un puñado de salas. Mejor frenar las filmaciones que exponer actores y técnicos a un virus que podría ser mortal.
¿Sensatez o psicosis? No importa lo que pienses de las medidas de seguridad tomadas para combatir la pandemia: el COVID-19 va a marcar un antes y un después en la historia del mundo y, en menor medida, en la historia de la industria audiovisual.
Porque nunca pasó algo así. Ni atentados, ni tiroteos, ni plagas pudieron cerrar las salas de cine por mucho tiempo, y este freno sin precedentes tanto para el arte como para el negocio del cine va a tener consecuencias a futuro.
No por el virus en sí, sino porque el bache en exhibición y producción va a acelerar de forma vertiginosa procesos que ya estaban en movimiento y que van a perjudicar a los puntos más vulnerables de las cadenas de distribución del cine y la televisión. Quizás de forma permanente.
LAS SALAS DE CINE, EN JAQUE
La pandemia llega en el peor momento para los exhibidores cinematográficos. A pesar de que 2019 fue un año récord para la recaudación del cine, las acciones de las empresas que manejan las grandes salas (grupos como Wanda Cinema/AMC, Cinemark y Cineworld) ya estaban en baja. Hay varios factores por los que el cine no es el negocio que era hace un par de décadas, desde la popularidad de los servicios de streaming hasta la falta de renovación de público por generaciones más jóvenes, pero después de meses de inactividad esa caída hasta ahora gradual se puede precipitar.
A mediados de marzo las salas de cine independientes de las provincias de China menos afectadas por el virus empezaron gradualmente a abrir sus puertas, pero después de meses de medidas de distanciamiento social el público está reacio a regresar. Las grandes cadenas están planeando una temporada de reestrenos para que la gente vuelva, pero es difícil pelear contra una sensación - tal vez irracional - de que hasta que el virus no esté completamente erradicado, el riesgo de contagio sigue existiendo.
En Estados Unidos las empresas de exhibición están apostando todo a un salvataje económico por parte del gobierno que les permita garantizar su subsistencia (y seguir pagando a sus 150.000 empleados) por lo que dure el estado de emergencia nacional. Las cadenas de nuestro país, en su mayoría propiedad de grupos extranjeros, dependerán de rescates de este tipo.
EL CAMBIO EN LAS VENTANAS DE DISTRIBUCIÓN
Aunque no sepas el término “ventana de distribución”, conocés perfectamente el proceso por el que pasan la mayoría de las películas. Primero se estrenan en cine. Tres meses después llegan a DVD, Blu-ray y alquiler en plataformas de video a la carta. Y unas semanas después, las vemos en canales como HBO y servicios como Netflix.
La pandemia cambió por primera vez ese caminito, ya que los grandes estudios decidieron romper los acuerdos tácitos con los exhibidores cinematográficos para proteger sus últimas producciones.
A mediados de marzo, cuando el aislamiento aún era voluntario, Disney decidió lanzar Frozen 2 en su servicio de streaming Disney+, a pesar de que sólo llevaba dos semanas de disponibilidad en DVD/BR/VOD. Universal puso sus últimas películas (El Hombre Invisible, La Cacería, Emma) en alquiler en formato digital días después de su estreno en cine, y pronto Warner (con Aves de Presa) y Sony Pictures (con Bloodshot) hicieron lo mismo, con precios todavía más agresivos. Paramount, por su parte, canceló el estreno de la comedia The Lovebirds y la vendió a Netflix. Y no se descarta que eso vuelva a pasar con otras producciones destinadas originalmente a salas de cine.
Disney no es el único estudio con una plataforma que alimentar. Durante los próximos meses, con virus o sin virus, lanzarán sus propios servicios Warner (HBO Max) y Universal (con Peacock). Estos servicios “directo a consumidor” que permiten a los estudios comercializar sus productos sin intermediarios darían un golpe más para los exhibidores si se lanzaran con películas que no pasaron por las salas.
El cambio de las ventanas de distribución era algo que se veía venir. La pandemia sólo lo está acelerando. No es que la exclusividad de los cines vaya a desaparecer (sigue siendo una parte importante del negocio), pero no sería raro que cuando pase todo esto el bache entre pantalla grande y chica se reduzca de los 90 días actuales a 30 o 60.
¿Y LAS PELÍCULAS SIN TERMINAR?
El contagio de coronavirus de Tom Hanks y Rita Wilson marca un antes y un después en la percepción de la pandemia. Desde ese día se cancelaron de forma abrupta la mayoría de las producciones de cine y televisión que se estaban realizando a lo largo del mundo. Tanques como The Batman o las secuelas de Avatar han detenido su filmación por tiempo indeterminado, y las casas de efectos especiales prefieren evitar el teletrabajo para no arriesgarse a filtraciones o hackeos.
Lo que paradójicamente es una buena noticia para las salas de cine. El estreno de las películas más grandes de 2021 se va a tener que retrasar, y de repente se hace un lugarcito en el calendario para las de 2020 que quedaron en el limbo, como Mulán o Viuda Negra. Sony movió de marzo a noviembre Sin Tiempo para Morir, la nueva película de James Bond. Universal decidió retrasar un año entero Rápido y Furioso 9. Los estudios no tienen ningún apuro por estrenar sus películas potencialmente más taquilleras.
Más allá del daño que la pandemia pueda causar a las cadenas, el hábito de ir al cine nunca va a morir. Sigue siendo una de las salidas más económicas, los grandes estrenos convocan multitudes y éxitos como el de Parasite demuestran que hay lugar para otro cine. Vale la pena leer las cartas de Edgar Wright (en Empire) y Christopher Nolan (en el Washington Post) para entender el impacto del ritual de sentarse con una multitud frente a una pantalla grande, y la importancia de proteger ese ritual, que recae en nosotros, los espectadores.
“Cuando pase esta crisis, la necesidad de una experiencia colectiva, de vivir y amar y reír y llorar juntos, será más poderosa que nunca”, escribe Nolan, y de la misma forma en la que el virus se combate de forma social, la supervivencia del cine como fenómeno masivo estará en manos del público. En el momento en que vuelva a ser seguro ir a las salas, no vale quedarse en casa viendo Netflix.
DISRUPCIÓN DE TELEVISIÓN
A corto plazo la cuarentena resulta beneficiosa para los canales de cable, aire y streaming. Al fin y al cabo, en esos días no hay otra cosa para hacer que ver televisión, y los ratings suben mientras cada plataforma mantiene su calendario de estrenos sin alteraciones. Por ahora.
Los grandes centros de producción de televisión (Los Ángeles, Londres, Vancouver, Atlanta) detuvieron su trabajo a mediados de marzo, cuando surgieron casos de coronavirus en sets de grabación, como el de Kristofer Hivju, ex Game of Thrones que estaba haciendo una participación especial en The Witcher.
Aunque los servicios de streaming tienen estrenos guardados para los próximos meses, sus series más importantes se verán retrasadas (y por eso es que están pagando tan bien por los estrenos de cine que quedaron colgados). Netflix y Amazon verán qué hacen con Stranger Things y El Señor de los Anillos, ya que las dos están programadas para 2021, pero los más perjudicados son HBO Max, que no tendrá el prometido especial de Friends listo para su lanzamiento en mayo, y Disney+, que tuvo que cancelar las grabaciones de sus series de Marvel.
La televisión de aire tiene otro problema: no sólo no se empezaron a grabar las series de la temporada que empieza en septiembre, sino que las de la temporada actual no terminaron de grabar sus cierres respectivos. La que más duele es Supernatural, que estaba grabando sus episodios finales y podría quedar inconclusa.
LOS INDIES TAMBIÉN LLORAN
No sólo te vas a quedar sin ver a Bond, Marvel y John Krasinski. Festivales de cine como SXSW, Tribeca y Sydney fueron cancelados, lo que hace que cientos de producciones independientes se hayan quedado sin distribuidor. Cannes, el festival y mercado del cine más grande del mundo, se pospuso para la segunda mitad del año, lo que podría resultar en el retraso de algunas de las películas más esperadas por los cinéfilos: Annette (Leos Carax), Benedetta (Paul Verhoeven) y The French Dispatch (Wes Anderson.)
AND THE LOSER IS…
La situación es tan grave que la usualmente conservadora Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas está considerando cambiar sus reglas para permitir que puedan competir por el Oscar películas que no pasaron por las salas de cine.
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Recorrida por los stands del Tokyo Game Show 2019A las, eh, cuatro y media de la mañana, vamos a estar acá mismo, viendo 45 minutos de gameplay de #DeathStranding presentado por @HIDEO\KOJIMA\EN