
Miniseries disfrazadas de series
Chris Rock protagoniza la nueva temporada autoconclusiva de Fargo, la antología que cuenta sus cuentos en un puñado de capítulos. Una novedad que se convirtió en formato.
Chris Rock protagoniza la nueva temporada autoconclusiva de Fargo, la antología que cuenta sus cuentos en un puñado de capítulos. Una novedad que se convirtió en formato.
Las reglas de la ficción televisiva solían ser estrictas. Capítulos de 45 minutos. Cinco bloques, con un gancho al final de cada uno. Historias en las que nada cambie y que el espectador pueda entender aunque nunca haya visto otro capítulo de la serie. Nada de sexo. Violencia sí, pero light. Los buenos ganan. El crimen no paga.
HBO fue la primera en romper paradigmas, con series sin cortes, orientadas a un público adulto, en una pantalla independiente de los caprichos de los anunciantes. La revolución se filtró al cable básico con The Shield (2002-2008) en FX y, finalmente, a la tele de aire, que con el éxito de Lost (2004-2010) se animó a las series episódicas. Pero la unidad del capítulo y de la temporada tardó mucho más en quebrarse.
Ryan Murphy inventa el formato
En 2011, FX estrenó la serie de terror American Horror Story, co-creada por Ryan Murphy y Brad Falchuk. Un éxito inmediato gracias a su atmósfera gótica y una historia que jugaba con los clichés de la mansión embrujada. Pero cuando llegó el último capítulo de la temporada, el público quedó impactado. No había resoluciones temporales y ganchos para el año siguiente, sino un punto final decisivo a la historia y a sus protagonistas. Y de inmediato se anunció una segunda temporada para 2012, con una nueva historia, nuevos personajes… y el mismo nombre.
Murphy había mezclado dos formatos. Desde La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964) hasta Black Mirror (2011-) la antología (o “unitarios”) cuenta mini-películas que empiezan y terminan en el mismo capítulo. La incomprendida miniserie, por su parte, había pasado de moda hace rato y parecía reservada para superproducciones históricas como Hermanos de Sangre (Band of Brothers, 2001).
Este mix, que se puede llamar “miniserie de antología”, consiste de historias cortas con un final cerrado que a la vez mantienen dos aspectos comercialmente valiosos: una marca establecida, y un universo estético único. American Horror Story (2011-) es terror excesivo, lleno de guiños autorreferenciales. American Crime Story (2016-), del mismo creador, cuenta historias reales desde una perspectiva humana. American Crime (2015-2017), de John Ridley, planteaba el crimen como el producto de un contexto social. True Detective (2014-) es una mirada existencialista al misterio.
Fargo, que no se deja encasillar
Pero Fargo es más difícil de encasillar. Sus primeras tres temporadas cuentan historias de crimen en distintos tiempos y lugares, pero comparten elementos inconfundibles. Esta creación de Noah Hawley está inspirada en la película de 1996 de los hermanos Ethan y Joel Coen, y el guionista parece muy cómodo en ese universo cinematográfico. Fargo (la serie) es, en la superficie, un drama policial, pero la diferencia está en el tono. La estructura rígida del misterio se desvía de pronto a la comedia negra, a los estallidos inesperados de violencia, a la minuciosa observación de las rutinas de sus excéntricos personajes del gélido medio oeste de los Estados Unidos.
Los protagonistas del policial televisivo suelen ser obsesivos. Hombres y mujeres enfocados como rayos láser en sus casos o en sus imperios criminales. Los personajes de Fargo, héroes o villanos, tienen una vida personal que suele interferir en la usualmente austera estructura del policial. Sus parejas, sus aficiones, sus miedos y sus deseos complican los planes perfectos.
Hawley siempre lo lleva a los Coen. En una entrevista al sitio Indiewire, explicó un giro polémico de la segunda temporada llamándolo su “momento Mike Yanagita”, refiriéndose al momento de la película en el que Marge tiene una conversación absurda, incómoda, y a la vez profundamente real con un deprimido ex compañero de secundaria. La escena no avanza la historia, pero enriquece la textura de su universo. “El mundo de Fargo necesita estos elementos”, dice Hawley, “cosas raras, al azar, más extrañas que la ficción.”
La primera temporada (2014) es casi una remake de la película, con Martin Freeman en el papel de un torpe criminal y el habitué de los Coen Billy Bob Thornton en uno de esos papeles demoníacos que tan bien le salen. Allison Tolman, como la inolvidable agente de policía Molly Solverson, canaliza a la Marge Gunderson de Frances McDormand de la original y se lleva la serie al hombro. La segunda temporada (2015, con Patrick Wilson y una fantástica Kirsten Dunst) está considerada el punto más alto de la serie, y quizás su éxito hizo que la tercera (2017), protagonizada por Ewan McGregor como una dupla de gemelos, no tuviese el mismo impacto.
La cuarta vuelve a viajar al pasado. En la Kansas de 1950, Loy Cannon (Chris Rock) es el líder de una organización criminal afroamericana a punto de entrar en guerra con sus rivales. Cannon y el jefe de la mafia italiana sellan una frágil alianza enviando a sus hijos menores a vivir con la familia del otro. Casi como una garantía de paz. Que, a juzgar por las entregas anteriores, durará muy poco.
Por qué llegó para quedarse
La miniserie de antología llegó para quedarse. En especial en casos como el de Fargo en el que la “marca” no es más que el estilo de los Coen filtrados a través de Hawley. Por eso no es raro que los guionistas detrás de estas antologías vengan del mundo de la literatura: Hawley, Ridley y Pizzolatto se consagraron como novelistas antes de acumular premios por sus guiones.
El formato es irresistible para este tipo de autores. La extensión de la miniserie les permite apartarse un poco de la dictadura del argumento y respirar con “momentos Mike Yanagita”, y el final conclusivo garantiza al espectador que aunque la historia parezca irse por la tangente tiene un destino escrito. La improvisación jazzera de la tele moderna, que serpentea sin estructura por un camino incierto, nos da maravillas como Breaking Bad (2008-2013) pero también es la responsable del final de Lost.
Cada año se producen cientos de series, y no es raro percibirlo como una saturación de contenido, en especial cuando una serie de 13 capítulos podría haber sido una película de 90 minutos. La fiebre del contenido hace que los presupuestos sean cada vez más generosos y el creativo, por primera vez en la historia de la industria, sea el que decide.
Por lo tanto, no solo vamos a ver más miniseries de antología en el futuro, sino que vamos a descubrir formatos que todavía ni nos imaginamos. En este presente impredecible, las series tradicionales de 45 minutos y episodios cerrados se volvieron una rareza y la nueva normalidad tiene una sola regla: las reglas están para romperse.
¿POR QUÉ MEZCLAR LA ANTOLOGÍA Y LA MINISERIE?
Tres puntos de vista sobre un formato cada vez más popular.
Ryan Murphy (American Horror Story): “Nació naturalmente. Cuando empezamos a escribir American Horror Story queríamos contar la historia lo más rápido posible. Todo lo que habíamos planeado para el capítulo cinco pasó al capítulo uno, y no había otra forma de sostenerlo que quemando la casa al final.”
Nic Pizzolatto (True Detective): “Me gustan las historias con final. Quiero un buen tercer acto, y los dramas seriales suelen tener grandes principios, y grandes segundos actos, pero el final se lo sacan de la galera.”
John Ridley (American Crime): “Las series pueden cancelarse en cualquier momento, y tenés suerte si te aprueban más de una temporada. Por eso quería crear un espacio en el que pudiéramos hablar desde la mayor cantidad posible de puntos de vista. Al menos, ese fue el plan.”
ANTOLOGÍA DE ANTOLOGÍAS
Porque no solo se vive de American Stories
Channel Zero (2016-2018): cuatro excelentes historias de terror basadas en los cuentos digitales conocidos como “creepypastas”.
Love Life (2020-): la primera producción original de HBO Max. Una comedia romántica que tendrá segunda temporada, aunque ya sin Anna Kendrick.
Genius (2017-): después de temporadas biográficas de Einstein y Picasso, la antología de Discovery regresa con Cynthia Erivo como Aretha Franklin.
The Girlfriend Experience (2016-): Steven Soderbergh produce esta gélida mirada al trabajo sexual, con grandes actrices y directores del cine independiente.