
Full Bokko Fichi: independencia a mitad de cuadra.
Una serie de subsidios para videojuegos argentinos anunciados en la reciente EVA abre nuevas posiblidades para una industria local que no hace otra cosa que mirar al exterior.
Una serie de subsidios para videojuegos argentinos anunciados en la reciente EVA abre nuevas posiblidades para una industria local que no hace otra cosa que mirar al exterior.
Argentina tiene la industria de videojuegos más saludable de Latinoamérica. Esa es una verdad absoluta.
Otra verdad absoluta: probablemente nunca en tu vida hayas jugado ni hayas querido jugar un juego desarrollado por argentinos.
Casi sin excepción, la producción de videojuegos argentina está pensada para exportación, y se limita a juegos sociales y casuales genéricos diseñados para esquilmar a la gente de la forma más eficiente. Hablo con conocimiento de causa – trabajé durante seis meses en el área de contenidos de una de las empresas de videojuegos más grandes del país, y mi trabajo consistía en buscar a través de la narrativa bloqueos artificiales que obligaran al consumidor a gastar dinero real para avanzar. La insistencia de esa industria en llamar a esas máquinas de compulsión “juegos” es tan obscena como la costumbre de los directores de publicidad de usar la palabra “película” para referirse a sus comerciales.
Lo más probable es que nunca hayas visto estos juegos, clones de clones de productos que juega tu tía o la secretaria de tu trabajo. La producción de, llamémoslo, entretenimiento digital realizado en nuestro país no se consume en Argentina sino en los Estados Unidos y en menor medida en países como Brasil, Alemania, y hasta Turquía. Esto no es algo que se limite a los engendros de Facebook y iPhone, sino que se extiende a los juegos más interesantes actualmente en desarrollo, Storyteller de Daniel Benmergui y Asylum de Agustín Cordés. Los dos juegos se están desarrollando en inglés, algo que tiene cierta lógica ya que los dos tuvieron que buscar su financiación fuera del país.
Con excepciones como Cordés, Benmergui, o Tembac, los diseñadores argentinos que conozco tienen mucho que ver con esos directores de publicidad (otra industria que casualmente florece acá): maestros de la técnica y la estructura, geniales a la hora de entrelazar mecánicas pero sin la capacidad para desarrollar una obra orgánica en lo temático y lo estético. Mejor dicho, la capacidad está, pero no está el interés. No hay incentivos económicos, el consumidor local tiene rechazo al producto argentino, y mil trabas más.
Y sin embargo, esas eran las mismas trabas que a principios de los ’90 se encontraba el cine argentino, y gracias a la Ley de Cine y a la proliferación de escuelas como la FUC y el CIC hoy tenemos una de las industrias más fuertes de la región, no solo a nivel de empleo de profesionales del rubro y de público que va a ver cine local, sino a nivel artístico.
El anuncio de una serie de subsidios estatales y municipales a la industria abre una perspectiva interesante, ya que las cifras son de lo más interesantes, en especial para estudios pequeños. Sería una pena que ese dinero se pierda entre las empresas del rubro y terminen financiando clones de Farmville “educativos”, ya que la muestra que Tembac está curando en la EVA demuestra que hay ideas e interés en los desarrolladores argentinos independientes.
¿Cuáles serán los criterios para elegir los estudios e individuos que reciban esa financiación? Visitas a GDC y a Summits internacionales por parte de algunos de los funcionarios locales parecen indicar que se prestará atención a una perspectiva global, pero no creo que sea la forma de crear una industria sólida. El cine argentino que se ha internacionalizado con éxito (El Secreto de Sus Ojos, La Ciénaga, La Libertad) es profundamente local en su temática y su estética, y eso es lo que atrae a mercados internacionales, lo mismo ocurre con la literatura, la música, y hasta con los (menos ambiciosos artísticamente) productos televisivos que se comercian al exterior.
Las industrias nacionales tienen un sabor propio. The Witcher puede no ser “polaco” pero claramente su temática es europea. STALKER es pura Rusia. Las aventuras de David Cage evidencian una sensibilidad francesa, tanto como las Broken Sword solo hubieran podido salir de Inglaterra. Ni hablar del gaming japonés o los RPG coreanos. No es necesario hacer “Grand Theft Auto Buenos Aires” para encontrar una voz local.
Mil encuestas se mostraron en la conferencia de subsidios, y ninguna de ellas estaba relacionada con el consumidor local. ¿Qué quiere jugar el argentino? ¿Qué géneros son populares acá? ¿Cuánto debería costar un juego argentino, dónde se tendría que vender, qué posibilidades comerciales tendría? Después de tres años en Loaded, creo que tengo respuestas empíricas a esas preguntas… y estoy seguro que cualquier lector de este sitio las debe tener.
“Pinta tu aldea y pintarás el mundo”, decía un profesor de guión que tuve en los noventa. ¿Pero quiere la aldea que la pinten? Esa cajita de abajo es para que me digas lo que opinás. Me encantaría escucharlo y charlar sobre este tema.