
El set vacío: la producción audiovisual se reactiva, pero no todos están convencidos
A pesar de las dudas, Estados Unidos, Corea del Sur y España exponen sus planes para reactivar la producción. Además, ¿por qué Netflix anticipa tan poco contenido para junio?
Más allá de números, curvas, o el más que justificable miedo de su población, el gobierno de Estados Unidos decidió que junio es el mes de la reactivación económica.
El levantamiento de las cuarentenas será gradual y localizado, pero la sensación que transmite la retórica triunfalista del presidente Donald Trump es que no hay un plan definido, y que si la impaciencia genera caos, es un daño colateral aceptable.
La presión corporativa es enorme, tanta que aún multimillonarios aplaudidos por su visión progresista son capaces de demandar a su propio condado para que permita la reactivación de sus empresas.
Y la industria audiovisual no es distinta. Hoy me enfoco en tres planes distintos de reactivación, que van desde lo sensato hasta el delirio absoluto.
ADEMÁS: Netflix presenta su clásico video de los estrenos del mes… y es sospechosamente corto ¿qué no nos están contando?

Crónicas de la nueva normalidad: Atlanta, Madrid, Seúl
Ayer, el gobernador de California Gavin Newsom tuvo una videoconferencia con representantes de distintas áreas de la industria audiovisual, en la que detalló los avances del equipo seleccionado para establecer nuevas medidas de seguridad en pos de reactivar la producción de cine y televisión en medio de la pandemia.
Más allá de las medidas que pudo comentar en la conferencia, que no se diferencian mucho de las de otros países (distanciamiento, división de equipos en cuadrantes, uso de materiales descartables), sorprendió el cronograma del gobernador.
Según Newsom, 53 de los 58 condados de California estarían potencialmente listos para volver a trabajar desde el lunes, día en el que se comunicarán las medidas de seguridad oficiales. El condado de Los Ángeles (donde se nuclea la mayoría de la producción) no está entre esos 53, pero para Newsom una fecha posible de reinicio es el 4 de julio.
A todo esto, el miércoles fue el día en el que más muertes se registraron por COVID-19 en el estado de California. 132 fallecidos que se suman a una lista que ya supera los 3.400, sobre unos 83.600 casos. Como punto de comparación, África, un continente entero, tiene 93.000 infectados y sólo 3.000 muertos.
Newson fue uno de los gobernadores más cautelosos durante la primera fase de la pandemia, pero California es el estado que más dinero genera de los Estados Unidos. Y aunque los estudios apoyen las medidas de seguridad, está claro que la presión de la industria por la reactivación es enorme.
Sin embargo, el optimismo exagerado no fue visto con confianza por los ejecutivos de nivel medio de la industria. En un informe de Deadline, la reacción es simple: el gobierno estatal puede decir lo que quiera, pero hasta que los sindicatos no consideren que trabajar es seguro, la producción no se va a reactivar.
En la conferencia de Newsom se habló de este tema, y uno de los presentes, el utilero Danny Stephens, expresó su miedo a que la producción se traslade temporalmente a otros estados en los que las medidas sean más laxas. Y aunque el comentario parece sospechosamente apuntado a activar los intereses de los sindicatos por sus afiliados, la amenaza tiene algo de real.

Atlanta
Tyler Perry es una de esas figuras clave de la industria audiovisual norteamericana que es casi un desconocido fuera de su país de origen.
El comediante afroamericano se hizo famoso por las películas de su personaje de la sabia y ultraviolenta abuela Madea (Diary of a Mad Black Woman), que convirtió en una verdadera franquicia. Hoy es uno de los productores de cine y televisión más poderosos del país.
En octubre del año pasado, Perry fue el primer afroamericano en inaugurar su propio estudio de cine y televisión, el impresionante complejo Tyler Perry Studios en la ciudad de Atlanta. No es casualidad que Perry se haya instalado en esta ciudad, ya que el estado de Georgia fue el que mayor esfuerzo hizo por atraer a la industria audiovisual y sacarla de California.
Perry acaba de declarar su intención de empezar a producir en julio, publicando un documento titulado “Campamento Cuarentena” (Camp Quarantine) que detalla un plan impracticable para la mayoría de las productoras del mundo pero que podría funcionar para sus series de televisión.
La primera fase del plan es proveer un test y forzar una auto cuarentena de 16 días para el elenco y equipo, donde sea que estén. Cuando termine esta fase, Perry contratará un avión privado para llevar a la producción entera a Atlanta. Ahí se desinfecta el equipaje, se practica un segundo test, mientras el equipo de salud de Emory Healthcare confirma que el set está libre de virus.
Después, las medidas son similares a las de otras producciones. Tapabocas para equipo y elenco que se quita solo para grabar las escenas, distanciamiento social, y división del equipo en grupos reducidos.
En su carta, Perry reconoce que es un plan arriesgado, y que justamente la población afroamericana es la más impactada por el virus. Por eso las medidas de seguridad son tan estrictas. Por supuesto, sería aún más seguro no empezar las grabaciones, pero eso no parece estar en los planes.

Madrid
España fue uno de los países más afectados por la pandemia, pero todas las mediciones indican que lo peor ya pasó. Aunque la posibilidad de un rebrote siempre está presente, se percibe cierta impaciencia de la industria audiovisual española por mantener caliente lo que hasta ahora había sido el mejor momento histórico para la producción de ese país.
Atresmedia, quizás la productora de mayor producción original gracias a éxitos como La Casa de Papel y su servicio de streaming propio, empezó a grabar sus programas de concurso y entretenimiento (Pasapalabra, El Hormiguero) en la semana del 9 de mayo, además de lanzar a través de su canal de aire Antena 3 la campaña “Un Gran País” para apoyar la reactivación de distintos sectores y empresas.
Si nos alejamos de Madrid, la ficción ya se está reactivando. Ese mismo 9 de mayo, el Ministerio de Sanidad autorizó a las localidades que hayan controlado el brote (más o menos la mitad del país) a reiniciar operaciones.
Pero las medidas son notoriamente más relajadas que las que se proponen en California. No hay división de equipos, ni cuarentena obligatoria para el grupo de trabajo, sino medidas imprecisas, que apelan más al sentido común que a protocolos estrictos.
Otras productoras españolas son más cautas. El grupo Mediapro, responsable de varias de las producciones más grandes, no solo de España sino de 35 países más, se está asesorando con el Hospital Clínic de Barcelona para adoptar protocolos de reducción de riesgo.

Seúl
Corea del Sur fue uno de los primeros países en tomarse en serio la expansión del nuevo coronavirus, luego de haber pasado por la experiencia del SARS hace una década. Sin embargo, el país está sacudido por un segundo brote, leve pero mediático, que se conectó directamente con los locales nocturnos de Itaewon, el barrio de moda de Seúl.
Esa noche, varias estrellas de televisión y K-pop, entre ellos Jungkook de BTS, habían estado en los bares afectados, y cuando esto se confirmó, cada uno de ellos tuvo que dar disculpas públicas por no tomarse en serio las medidas de distanciamiento social, algo que puede resultar letal para la carrera de un artista, tanto en Seúl como en Estados Unidos o Argentina.
Por eso es que la reactivación de la producción de cine y, particularmente, televisión, es tentativa. A pesar de la fama de los “tests masivos” del país, la realidad es que en Corea las pruebas solo están disponibles para personas con síntomas o contacto con infectados, como pasa en varios países del mundo.
A pesar de que los casos son pocos (solamente 12 confirmados en las últimas 24 horas), en Seúl la situación se complica porque la moda de los últimos años es grabar escenas de nuevas series y películas en otros países (un poco como pasó en Brasil y Argentina a principios de la década de 2000).
En un pantallazo sobre la industria, Variety habla de producciones como Bogotá (grabada, claro, en Colombia), que tuvo que acelerar sus grabaciones para volver a Corea en marzo.
Por eso es que aún en el país reconocido por manejar mejor la pandemia, muchas de las producciones prefieren directamente no empezar a trabajar, esperando que el Consejo de Cine de Corea implemente medidas estándar para todos los equipos de trabajo.

Seguridad vs. Aseguradoras
Porque en Madrid, Seúl, Atlanta y Los Ángeles, la pregunta que nadie quiere hacer en voz alta es: ¿qué pasa si un actor contrae COVID-19 en medio de una producción?
Esa posibilidad está contemplada en las medidas de seguridad. El primer paso, claro, es detener la producción, poner equipo y elenco en cuarentena, testear, y cuando se pueda garantizar que no hay riesgo, retomar. Pero una infección en el set podría resultar en una demanda millonaria a los estudios.
La Norteamérica corporativa ya pensó en eso, y desde principios de este mes el bloque republicano del congreso está moviendo legislación para limitar la exposición legal de compañías a juicios por COVID-19. Las primeras demandas vendrán del lado de los geriátricos y empresas de salud que no siguieron correctamente los protocolos, pero es posible que la industria del cine (al ser no esencial) se exponga a acciones legales por parte de los potenciales infectados.
Las primeras que se están cubriendo son las empresas aseguradoras, que ya comunicaron a los estudios que no cubrirán gastos en caso de que las producciones reactivadas se tengan que detener por un brote de COVID-19. Increíblemente, esta podría ser una barrera más firme para la reactivación que la posibilidad de infección. El dinero que se pierde por la pausa no es igual al que se perdería si hay sueldos en juego.
Porque ese es el mayor problema de cada una de estas ciudades. De ser necesario, Tom Hanks puede esconderse en un bunker durante diez años, pero la pandemia expone la precariedad del empleo en la industria audiovisual. Solamente en Estados Unidos se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, según las estimaciones de Variety.
Como en cualquier industria del mundo, la pandemia demostró la inestabilidad del mercado laboral moderno, y la paradoja es que hoy esos mismos empleados precarizados son la mejor herramienta que tiene la industria para exigir una pronta reactivación. No lo hacen por sus ganancias, lo hacen por la gente que necesita trabajar.
¿Pero qué se puede decir de una industria que a pesar de generar millones, no puede parar tres meses sin colapsar? ¿De un sistema económico que convierte una medida de salud en una batalla cultural?
Son preguntas un poco más grandes que las que puede responder una humilde newsletter sobre la app que usas para ver capítulos viejos de Rebelde Way, pero frente a esta situación es inevitable hacerlas.
El tráiler de hoy es el clásico megamix de estrenos de Netflix, y a pesar de que el CEO Reed Hastings insistió con que el servicio tiene contenido de sobra por 2020, se sintió bastante más corto que el de otros meses.
Seguramente se sumarán lanzamientos sorpresa mientras pasan los días, como Cursed, la serie de fantasía con Katherine Langford, el drama de época Bridgerton de Shonda Rhimes y la serie brasileña de zombis Reality Z.
Empieza con todo, al ritmo de “Volcano Man”, de la película Eurovision de Will Ferrell, y se pueden destacar otras como La Red Avispa (thriller de narcos con Penélope Cruz), Adú (el último mega éxito del cine español) y el animé Amor de Gata, un estreno exclusivo del servicio de uno de los directores de Sailor Moon.
Entre las series originales está la española Perdida (que no es ni Gone Girl ni la peli de Luisana Lopilato) y más animé: BNA, lo nuevo del estudio Trigger (Kill la Kill). El resto son nuevas temporadas (¡RuPaul!) y reestrenos de cine como Baby Driver y El Cadáver de la Novia. Sorprendió no ver contenido de estrenos confirmados, como las nuevas temporadas de The Order, The Politician y F is for Family.