
Un equipo de culto
La premisa de Eerie, Indiana es perfecta. Eerie es un suburbio que parece perfectamente normal, uno de esos pueblitos norteamericanos que vemos en películas de Disney o en…
La premisa de Eerie, Indiana es perfecta. Eerie es un suburbio que parece perfectamente normal, uno de esos pueblitos norteamericanos que vemos en películas de Disney o en ilustraciones de Norman Rockwell. Pero la realidad es que Eerie es el pueblo más excéntrico del planeta, un nexo en el que se reúne lo sobrenatural, la ciencia ficción y lo que solamente se puede llamar horror cósmico. Y lo peor de todo esto es que nadie se da cuenta.
Nadie excepto Marshall Teller (Omri Katz), un adolescente que acaba de mudarse a Eerie con su familia y está decidido a exponer la verdad sobre el pueblo. Fanático de las conspiraciones, paranoico e intenso, tiene su contraste en Simon (Shenkarow), su mejor amigo. Simon es menor que él y vive en Eerie desde que nació: Simon ve lo mismo que Marshall y por primera vez se da cuenta de que su pueblo no es un lugar normal. Juntos investigan los misterios de un lugar donde la normalidad es la rareza.
Eerie, Indiana es una creación de dos guionistas que venían de caminos completamente distintos. Karl Schaefer era un egresado de escuela de cine, especializado en dirección de fotografía, que no encontraba trabajo de su especialidad y se reinventó como director de comedias con un corto de monjas que hacían kung-fu que circuló por todo Hollywood.
José Rivera era su opuesto: un joven dramaturgo portorriqueño que había logrado cierta repercusión con su obra The House of Ramon Iglesia en 1983, pero sobrevivía con guiones para comedias como Blanco y Negro (Diff’rent Strokes) y Todo queda en familia (Family Matters).
Pero cuando José conoció a Karl, el dramaturgo y el director conectaron por un lado que no esperaban: el amor por las películas de terror de los años ‘50 y ‘60. En nuestra entrevista, Justin habla de la personalidad de los creadores y la forma en la que tradujeron su amor por este cine a la serie.
Karl y José mezclaron dos ideas distintas de series infantiles para crear Eerie, Indiana: una mezcla de las antologías de terror tipo Cuentos de la Cripta o Cuentos Asombrosos que se pusieron de moda a finales de los ‘80, con una historia de mejores amigos al estilo de Tom Sawyer, modernizada.
Quizás por eso es que la serie se siente tan moderna. Tiene la estructura autoconclusiva de la época, con capítulos que empiezan y terminan, y que no dejan muchos ganchos al final, pero a la vez tiene una historia más compleja serializada episodio a episodio. Los personajes cambian y evolucionan además de resolver el “misterio de la semana”. No es raro que Carter, fanático de Eerie, haya creado dos años después Código X (The X-Files).
Además de Karl, José, y los dos talentosos actores juveniles, el elemento clave fue la participación de un director que le dió a la serie un tono y estilo propios: Joe Dante, el genio detrás de Gremlins (1984) y Los Exploradores (Explorers, 1985).
Dante dirigió el primer capítulo de la serie, el “episodio piloto” que sienta las bases de cómo se verá el resto de la historia. Justin Shenkarow recuerda cómo era ese tono y las razones por las que apreciaba tanto al director (que apareció en un capítulo muy meta de la serie… haciendo de sí mismo).