
Cronotripper 64 (14): Video Games, la revista punk de 1982
Las primeras revistas de videojuegos datan de 1981-1982, justo antes del “video game crash” de 1983, cuando el impacto cultural de Pac-Man y Space Invaders se percibía como una…
Las primeras revistas de videojuegos datan de 1981-1982, justo antes del “video game crash” de 1983, cuando el impacto cultural de Pac-Man y Space Invaders se percibía como una moda (o un gran negocio). Una de estas precursoras se llamó simplemente Video Games. Era algo especial.









La editaba Pumpkin Press. Los textos tiraban a lo corporativo. Desde reportes de convenciones hasta entrevistas a CEOs. Pero la estética de los primeros números, cargada de ilustraciones de primer nivel, parece salida de un pitch de Mad Men, 30 años antes.
Los artículos en sí son incomprensibles hoy. Requieren un conocimiento profundo del drama de oficinas de la época. Los primeros números se dedican a los cambios directivos en Atari que (hoy sabemos) desembocan en el colapso de la empresa, la industria, el medio.
El editor de Video Games era Steve Bloom, autor de Video Invaders, uno de los primeros libros importantes sobre el tema. Era un apasionado, tenía un presupuesto altísimo, y no tenía ningún problema en gastarlo en redactores especializados y carísimos, carísimos ilustradores.
¿La portada? Paul Chadwick, creador del comic indie Concrete. Otras son de artistas plásticos como Mark Caparosa y Ron Logan. Esta es de Andy Probert, codiseñador del DeLorean de Volver al Futuro, los Cylons de Galactica y el Enterprise de Star Trek: The Next Generation.
El modelo de la imagen es George Plimpton, intelectual neoyorquino que, por alguna razón, promocionaba la consola Intellivision de Mattel. El gaming todavía no tenía un lugar definido en la cultura ¿entretenimiento familiar? ¿arte? ¿amenaza a los valores, y por lo tanto, punk?
Un poco punk era. Una de las grandes ideas de Bloom fue contratar como editor artístico a John Holmstrom, fundador de la revista Punk y autor de las portadas de varios discos de The Ramones. Pero para Holmstrom no era un afano. La sección de cómics y humor era magistral.
Entre los artistas que contrató estaba Peter Bagge, que años después haría el cómic grunge definitivo, Hate! Sus cómics demuestran un conocimiento profundo de la cultura del fichín. Algo parecido pasa con una historia épica de Matt Howarth que empieza y nunca termina.
¿Vale aclarar que no duró nada? Las imágenes de este post son del número 3, de diciembre de 1982. Plena saturación del mercado. En 1983 colapsaría Atari, cerrarían la mitad de las compañías que salían en las páginas de este número. Video Games duraría hasta julio.
Si algo llama la atención de los cómics y el arte de Video Games, es la distancia que hay de lo que relacionamos con la estética de la cultura nerd. Los personajes que los consumen, los protagonistas de las historias, no entran en el arquetipo. La apropiación vendría después.
Resucitó unos años. La editaba Roger C. Sharpe, una de esas leyendas del gaming que merece su propio post. Un periodista que en 1976 básicamente salvó el pinball/flipper cuando demostró frente a un jurado que no eran juegos de azar sino que requerían habilidad manual.
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