
Cronotripper 64 (49): Los ads del Crash
En 1983, el mercado de los videojuegos colapsó. Es una historia conocida. La saturación de consolas y juegos de dudosa calidad hizo que las tiendas de electrodomésticos y…
En 1983, el mercado de los videojuegos colapsó. Es una historia conocida. La saturación de consolas y juegos de dudosa calidad hizo que las tiendas de electrodomésticos y jugueterías pierdan millones en stock invendible. Los videojuegos hogareños se declararon muertos, los arcades recuperaron el envión y el gaming de computadora tuvo un par de años para florecer hasta que la llegada de la NES de Nintendo en 1985 reactivó a las consolas.









Pero hay un segundo colapso. El de la primera oleada de revistas de videojuegos, que dependían de esas mismas empresas para llenar sus páginas de publicidad. Nunca estuvo claro a qué público apuntaban Video Games, Electronic Games o Videogaming Illustrated, revistas lujosas que hacían su esfuerzo por vender estas maquinitas como ¿accesorios para ejecutivos? ¿curiosidades para la noche de juegos con amigos?
Un poco TEG, un poco Cubo Rubik, el esfuerzo fue tan admirable como imposible de sostener.
En cada número de 1983 se siente la desesperación de una industria sobrecargada, sin control sobre lo que se publicaba. Repleta de clones diseñados en semanas para hacer un mango, y limitada por consolas primitivas que no tenían nada que hacer frente al potencial de las primeras (y relativamente económicas) computadoras personales.
Historia
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