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Hotline Miami 2: Wrong Number
Hotline Miami 2: Wrong Number · steam

Un catálogo de cosas que le pasaron a Fichinescu en 2013

Creo que fue muy mala idea que nosotros elijamos los nombres de estos balances. En fin, esta es una lista de las cosas que leyó, escuchó, miró, y vivió el editor de este sitio…

Ignacio Esains
Loaded.vg  ·  Feature  |  2013

Creo que fue muy mala idea que nosotros elijamos los nombres de estos balances. En fin, esta es una lista de las cosas que leyó, escuchó, miró, y vivió el editor de este sitio durante el año que se acaba.

A mis ancianos 34 años, me doy cuenta que tengo poco para decir sobre el paso del tiempo, más allá de embarazosas anécdotas de deterioro y una observación bastante común: con el tiempo los años se hacen más cortos, los cambios menos bruscos y la aceleración de su transcurso hace difícil marcar los altibajos.

O al menos eso es lo que podría haber dicho de 2012, 2011, 2010. Como sabran los lectores de Loaded, este año consistió de giros agudos de 90 y 180 grados, y mi carrera (y mi vida) una motito de Tron suelta por la Matrix que hoy leen y que cambió de forma incontables veces buscando la mejor manera de hacer lo que hacemos: transmitir información y comunicarnos con nuestros lectores.

Y estoy muy satisfecho con la web que están leyendo en este momento. No voy a aburrirlos con números, porque honestamente tampoco me interesan mucho a mí. Lo que busco en este sitio es lo mismo que ustedes: contenido, y creo que estamos ofreciendo mayor cantidad y calidad que nunca. Es un placer leer todos los días el ingenio de Leo, la curiosidad de Mega, los argumentos de Leandro (y sí - no voy a negar que me pone feliz que hayamos recuperado nuestros nombres a la hora de firmar las notas).

En malditosnerds.com hablamos de cultura pop, de esa zona gris entre el arte y el entretenimiento. Y para hablar de este tema hay que mantenerse informado, y jugar, leer, mirar y escuchar sin prejuicios - buscando esas obras que representan perfectamente un momento en el tiempo, para desmenuzarlas, consumirlas de un trago y en su borra tratar de leer el futuro. Este año intenté extender mis gustos lo más posible, y esta lista de arbitrarios diez puntos es un diario, un mapa, y una maqueta de lo que fue un año, al menos, ecléctico.

Bad Machinery

Como todo nerd internetero de los noventa, tengo gran amor por los webcomics. Empecé leyendo Penny Arcade y Megatokyo cuando todavía me conectaba a Internet por dial-up, y cuando me harté de las complicadas personalidades detrás de estas series, encontré títulos más experimentales como Achewood y The Perry Bible Fellowship y las adictivas comedias románticas como Diesel Sweeties, Questionable Content, y mi favorita, Scary-go-Round.

De todas perdí el rastro a fines de la década pasada, pero este año las retomé, me di panzadas de sus archivos respectivos (que me ayudaron a descubrir otras maravillas como Octopus Pie) y encontré la nueva, perfecta, milagrosa encarnación del cómic de John Allison: Bad Machinery, que mantiene la ambientación y el amor por lo sobrenatural de Scary-go-Round, pero en vez de contar historias de veinteañeros con aire de “sitcom” abreva en el género de “niños detectives” de principios del siglo 20, con las mismas influencias de Nancy Drew y los Hardy Boys que tenía Harry Potter, pero con una sensibilidad pop de lo más ingeniosa, grandes diálogos y personajes adorables como Lottie Grote, que van a invadir tus perfiles de redes sociales como lo hicieron con los míos.

Las primeras historias son excelentes (Oni Press acaba de editar en formato gigante el primer tomo) pero la quinta, “The Case of the Fire Inside” resuelve dos años de arcos con elegancia y un alto nivel emotivo. Leelos ahora antes de que Hollywood te los arruine.

Once I Was an Eagle (Laura Marling)

“La perfección es la enfermedad de una nación” dice Beyoncé Knowles en una de las primeras líneas de su nuevo, brillante, disco, un popurrí de electronica/R&B tan divertido y original como el último de Daft Punk pero que cambia la abstracción retro de los niños robot franceses por un punto de vista claro, maduro, sincero, y rabiosamente feminista. Fue un cierre perfecto para un año donde los discos que más escuché fueron obras solistas de mujeres inteligentes, inconformes con géneros dominados por hombres.

Kacey Musgraves usa el género musical más conservador de todos, el country, para cantar sobre la miseria y las trampas de la religión y el patriarcado. Lorde rechaza el mensaje consumista del hip-hop, mientras que Miley Cyrus demuestra lo difícil que es para el público yanqui aceptar que una mujer también puede crear un personaje tan hedonista como un Kid Rock o un Tommy Lee. Julia Holter, Waxahatchee, Haim, Janelle Monae… mil discos, pero ninguno tan bueno como el de Laura Marling.

Marling es uno de esos talentos casi sobrenaturales, que editó su primer disco en 2008 a los 17 años y se ganó de inmediato una nominación a los premios Mercury, con una voz y una poesía que parecía la de una mujer 10 o 20 años mayor. Su cuarto disco, Once I Was an Eagle, es un “break-up album”, un sub-género que admito, me fascina, y que incluye obras maestras como Extraordinary Machine de Fiona Apple y Hissing Fauna, Are you the Destroyer? de Of Montreal. La suite de cinco temas que da inicio al álbum está llena de desprecio, bilis, remordimiento, vergüenza, y el disco solo mejora mientras las heridas se van cerrando.

Harmon Country / Harmontown

Hace pocos años volví de otro país sin un centavo en el bolsillo ni prospectos de trabajo, a vivir en una casa donde no me sentía bienvenido y tratar de reconstruir mi vida desde cero. Al no tener nada que hacer y aborrecer la idea de quedarme en esa casa, me dedicaba a dar larguísimos paseos, escuchando primero radio (todavía no había Malditos Nerds, así que la radio era horrible en ese entonces) y después podcasts. Empecé con los más populares (WTF with Marc Maron, Savage Lovecast, The Bugle) y a mediados del año pasado encontré Harmontown, un show en vivo del creador de Community, Dan Harmon, que no tenía mucha estructura más allá de la idea de planear una colonia en la Luna donde Harmon fuera el alcalde.

Harmon fue despedido de Community a fines de 2012, y en enero de 2013 salió de viaje por los Estados Unidos con su podcast, presentándose en teatros de ciudades grandes y pequeñas, con resultados a veces lamentables, en un estado de exaltación emocional que yo conocía perfectamente de los días en los que me enamoré de los podcasts. Harmon Country, como se llamó este tour, me acompañó durante el pasado verano sofocante, y en mi viaje a Los Angeles (del que ya hablé bastante) pude verlo en vivo, y la experiencia fue iluminadora, el primer dominó de una decisión que tomaría seis meses después.

Bunheads

Si empecé mi lista hablando de Beyoncé, está claro que no tengo ningún problema con la opinión que el lector pueda tener sobre mi lista, y admito con orgullo que mi serie favorita del año fue la ya cancelada Bunheads, que puede describirse como una comedia pueblerina sobre una escuela de ballet, pero que es muchísimo más que eso. Escrita por Amy Sherman-Palladino, una de las pocas voces autorales femeninas en el horizonte televisivo norteamericano, famosa por sus diálogos ultraveloces de Gilmore Girls, Bunheads era una historia juvenil con un pie en el realismo, otro en la fantasía, y alejada lo más posible de la sexualización marketinera teen de Cris Morena y sus inspiraciones GossipGirleras.

Cada vez se hace más televisión y la calidad no para de aumentar. Fue difícil encontrar gente con la que hablar de mis series favoritas del año (Key and Peele, Top of the Lake, Rick & Morty, Rectify, Broadchurch), pero me pone tan feliz que existan estas rarezas como la popularidad de series excelentes como Game of Thrones y Breaking Bad.

A Visit from the Goon Squad

Compré esta novela de Jennifer Egan a través de Amazon el día en que ganó el Pulitzer, y durante dos años juntó polvo en la biblioteca, hasta que un fin de semana largo me la llevé para leer algo en el micro camino a la costa y me terminó atrapando literalmente dentro de mi casa durante la tarde que me tomó terminarla. Es una novela adictiva, cambiando de personaje y de estilo narrativo en cada episodio, saltando a través de las conexiones de familia, amigos, parejas, a lo largo de varias décadas. Sin ser una novela sobre la tecnología, se nota que Egan habla el lenguaje (uno de los capítulos es una presentación de Powerpoint) y es casi un crimen que la traducción al castellano sea tan difícil de conseguir, porque me hubiera facilitado mucho elegir mis regalos de Navidad este año.

No leí tanto como hubiera querido en 2013, poco más de una docena de novelas y el mismo número de libros de no-ficción (de los que destaco el devastador We Meant Well, sobre el fracaso de la invasión a Irak). Pero ni siquiera la maratón melodramática de Naguib Mahfuz que me traje de la Last Bookstore estuvo a la altura de la obra maestra de Egan.

Drinking Buddies

Si leí poco este año, fue casi criminal el número de películas que vi… no llevo la cuenta, pero estoy seguro de que es una cantidad indigna para un verdadero maldito nerd - y para colmo, quizás saturado de disparos y naves especiales fichineras, vi poco y nada de cine de género. Durante 2013 recuperé mi amor por el cine independiente norteamericano, películas “de charlar” de las que sin duda la mejor fue el final de la trilogía de Linklater, “Antes de la Medianoche”.

Después de las decepciones de Only God Forgives y The Canyons, exploré durante meses el subgénero “mumblecore” del indie, amando más que nunca a su diva Greta Gerwig y su inolvidable creación Frances Ha, y repasando la obra de Joe Swanberg, prolífico director que pasó del nulo presupuesto de LOL y Hannah Takes the Stairs a un excelente corto para V/H/S (el de la chica con el coso en el brazo que chatea con… bah, mirala) y Drinking Buddies, una anti-comedia anti-romántica con un elenco perfecto de actores que de algún lado conocés, que me hizo enojar mucho mientras la veía y que por alguna razón me pegó muchísimo con un final ambiguo y abierto. El menú indie fue mi favorito del año, aunque claro, fue sazonado con maravillas como The Act of Killing, The Grandmaster, y Upstream Color.

Chromebook

No me gusta Apple. Odio a la empresa, sus productos, su filosofía, sus prácticas corporativas, y en especial el legado de Steve Jobs, una figura nefasta que sirve de modelo a cada pequeño déspota de oficina, que siente que por maltratar a sus empleados asciende al podio de “genio creativo”. Y durante mucho tiempo creí que odiar a Apple era odiar el diseño industrial moderno… para qué quiero aparatos lindos y funcionales, pensaba, si crecí con una PC que era una caja de zapatos con circuitos y hoy amo esos aparatos negros y pesados que llamo “consolas de videojuegos de nueva generación”.

PlayStation Vita (regalo de la corporación Loaded) me curó el año pasado, una máquina bellísima, ergonómica, que hacía un placer el jugar cualquier porquería de PlayStation 1 que hubiera descargado del store. A fines del año pasado recibí Neo Geo X Gold, una portátil llena de fallos pero igual de satisfactoria estéticamente. Y finalmente, este año Chromebook me convirtió a la causa. Las PCs de Google, ultrabaratas y ultralivianas, diseñadas para vivir “en la nube” son verdaderas herramientas de trabajo, y estoy seguro que en pocos años se convertirán en otro estándar más de una empresa que muchos odian más aún que a la manzanita.

“We Need to Talk About TED” de Benjamin Bratton

Todos los periodistas con los que he hablado al regresar de E3 comparten la misma sensación que tuve: que mi agenda era un desastre y que tendría que haber aprovechado esos tres días para buscar las rarezas en vez de hacer colas infinitas para jugar al Forza 5 o bancarme 45 minutos del soporífero The Elder Scrolls Online para no quedar mal con Juan Carlos Bethesda. Las Conferencias de Videojuegos de 2013 y la EVA de principios de noviembre fueron lindas oportunidades de tener un contacto más directo con diseñadores de videojuegos y su punto de vista sobre la industria, pero honestamente, de eso no se tratan estas charlas - EVA y CV2013 fueron jornadas de motivación, orientadas a profesionales y fanáticos, que alternaban entre el discurso optimista y facilista y las anécdotas divertidas pero vacías… con la excepción del brillante Gustavo Frasca y su visión sobre la educación y de Daniel Benmergui, cuyas conferencias no son más que fragmentos de su fascinante proceso creativo.

Escribo esto menos de 24 horas después de ver la conferencia apabullante de Benjamin Bratton, director del centro de Diseño y Geopolítica de la Universidad de California en San Diego… una charla de TED que demuele el concepto mismo de la sabiduría en cápsulas, una moda que resultaba interesante para acceder a nuevas ideas y que hoy ha reemplazado todo intento de divulgación científico, con la figura de Malcolm Gladwell elevada al nivel de un Tinelli del conocimiento. Como periodista, no pienso tolerar más este tipo de charlas condescendientes, infantiles, carentes de todo contenido más allá de la presencia del orador - es hora de volver a leer, de volver a investigar, de volver a escribir.

Cara Ellison (Pilot Viruet y Sarah Kendzior)

Hace unos años era fácil informarse - uno simplemente elegía un medio en el que creía, y confiaba en que la ética y la coherencia estarían cubiertas por el lado editorial. Era fácil creer en revistas como Micromanía y Computer Gaming World, cuadradas, esquemáticas, pero rigurosas en su tratamiento de los juegos. Esa confianza pasó a los sitios como Gamespot, pero pronto quedó claro que el rigor de los medios gráficos no se trasladaba a la joven Internet, y mientras el nivel del periodismo fichinero degeneraba en engendros como IGN y Kotaku, los escándalos de ética de los sitios grandes hacían casi imposible encontrar un puerto seguro para el que quería leer algo serio, interesante, desafiante, más allá de oasis bastante irregulares como Rock, Paper Shotgun y Kill-Screen.

Las cosas no cambiaron en los últimos años, y el lector exigente no tuvo otra opción que empezar a seguir a periodistas específicos, algo que las redes sociales, en especial Twitter, simplifican muchísimo. Así pude descubrir el trabajo investigativo de Simon Parkin, el análisis de la industria de Leigh Alexander, el humor sarcástico de Richard Cobbett… pero en 2013 tendría que haber estado viviendo bajo la tierra para no leer algo de la descollante, magnífica Cara Ellison, periodista (como los otros tres) freelance que se rebela contra el tono autoritario de la “voz experta” de la prensa de tecnología y se pone en el centro de cada crónica, un acto de inusual valentía cuando alguien escribe para un público sexista e irritable.

Ellison tuvo sus enfrentamientos con este público, y buscando resaltar algunos de sus mejores artículos de 2013 me molesta muchísimo darme cuenta que absolutamente todos sus artículos tienen un energúmeno abajo explicando por qué una chica no puede hablar de videojuegos, y ue si lo hace, no debería publicar una foto suya (¿¿¿¿????). En fin, aquí va una entrevista con Rhianna Pratchett sobre Tomb Raider, su análisis de Xbox One (¿USS Enterprise o Hal 9000?), un anticipo bastante notorio de Hotline Miami 2 que desembocó en una reflexión sobre el “arte problemático” y mi favorito, en el estilo de las Aguafuertes de V. Dylan, “Pick Up Anything of Use”. Y eso no incluye su poema “Romero’s Wives” ni su aventura de texto “Sacrilege”. Cara Ellison es el futuro. Que bueno haber estado en primera fila para el estreno.

(También este año conocí otras dos periodistas brillantes: Pilot Viruet, que escribe sobre televisión, y Sarah Kendzior de Al-Jazeera - otra cosa en común, las tres usan twitter como un escalpelo)

http://www.theguardian.com/technology/2013/nov/19/xbox-one-uss-enterprise-or-hal

http://www.rockpapershotgun.com/2013/03/22/rhi-light-my-fire-rhianna-pratchett-on-tea-cakes-lara/

http://www.unwinnable.com/2013/12/03/pick-up-anything-of-use/

http://www.pcgamer.com/previews/hotline-miami-2-wrong-number/

http://caraellison.co.uk/commentary/on-problematic-art/

http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/12/expensive-cities-are-killing-creativity-2013121065856922461.html

http://www.avclub.com/review/emdog-with-a-blogemstans-old-owner-101995

Cyberix

Si algo no había hecho antes de 2013, era estar animando un evento, en un escenario, frente a 800 personas. Y Cyberix fue más que un evento, fue la culminación de un proceso de cambio que empezó en 2012 y que acercó mucho más a la comunidad de Loaded y a los que hacen la revista, el sitio, y el programa de radio. Todavía no puedo creer que hayamos llenado dos veces el teatro Vorterix con la premisa “vengan a jugar un rato con nosotros”, y no tengo más que gratitud para los que compraron la entrada, hicieron la cola, y estuvieron ahí. Especialmente porque tengo más en común con ellos que con la persona que estaba ahí arriba, en el escenario, con mi remera de The Witcher 3, parado en mis zapatillas.

El primer evento fue caos absoluto, una partida frenética de “Papers, Please” que resultó agotadora y adrenalínica. Creo que ninguno de los cuatro nos preguntamos si estábamos disfrutándolo, demasiado ocupados intentando que todo saliera bien. En el segundo evento fue distinto. Maxi era el maestro de ceremonias de siempre, en control del público y la situación. Rippy, una estrella de rock absorbiendo como esponja la adoración de la gente. Ani perdió el miedo de inmediato y se conectó con esa complicidad que la hace tan querida en la radio. Y yo estaba ahí. Hice lo mío, subí, bajé, presenté, charlé… pero esperando con ansias el momento en que pudiera charlar un ratito con Dylan, o pelearme un poco con el tío Erwin, o conocer en persona a Folka, un forero histórico de Loaded con el que conversé mucho menos de lo que hubiera querido.

Cyberix fue un evento de verdad, dos tardes de domingo de las que nunca me voy a olvidar. Pero creo que esas tardes también me obligaron a ver una serie de cosas que no quería admitir pero que estaba sintiendo hace rato… no solo con respecto a Cyberix, sino a Malditos Nerds y al rol que cumplía dentro del programa. Pocos días después del segundo evento, el staff empezó a probar el nuevo sitio, y pasé horas organizando el nuevo formato, probando bugs, subiendo notas para ver qué tal se veían, optimizando cada tipo de notas: estaba claro que lo mío estaba acá, y no porque no me gustara lo que hacía en la radio, sino porque como decía algún cantante engominado de bigote tupido, “siempre se vuelve al primer amor”.

Y mi primer amor, por si no queda claro después de miles y miles de caracteres disecando cada experiencia de mi 2013, es escribir. En 2013 viajé, entrevisté, animé, conduje, jodí, hablé hasta por los codos, y el camino termina de la manera en que tenía que terminar: sentado en el mismo escritorio, con la misma notebook, escribiendo el post que va a cerrar el año de este nuevo sitio. Si algo aprendí en 2013 fue a dejar al personaje de lado, y volver a conectarme con la persona que era.

Que soy. Por algo el alias está en el título, pero en la firma, está mi nombre.

Publicada en Loaded.vg

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