Hunters usa el horror del Holocausto para justificar su violencia
Esto es lo que me jode de Hunters. La necesidad de exagerar un horror inimaginable, la tragedia más grande de la historia reciente, para dar peso artificial a una historia…
Esto es lo que me jode de Hunters. La necesidad de exagerar un horror inimaginable, la tragedia más grande de la historia reciente, para dar peso artificial a una historia ridícula de superhéroes.
La estética de Hunters gotea crueldad. En los capítulos que vi recrean episodios imaginarios en Auschwitz que existen para lo que siempre existieron los actos de villanos: para inflar el odio del espectador y alimentar la catarsis de la venganza. El único interés es la historia.
El Holocausto no es más que una justificación para el estilo grindhouse de la serie, convertir trash en tele de prestigio. Pero los héroes son tan sádicos y la cámara se regodea tanto en sus ejecuciones que no tiene otra que mentir, que inventar atrocidades aún más crueles.
En el primer capítulo vemos la ejecución de una química nazi usando gas en una ducha cerrada con traba. Se entiende la ironía. Pero la serie va un paso más allá, te la muestra asquerosa, comiendo, babeando. Se regodea en su cuerpo desnudo, viejo, gordo.
Y no es algo que no se haya visto mil veces en series o películas violentas. Pero el uso del Holocausto, la referencia a lugares y hechos reales (Weisenthal, Auschwitz, Von Braun) tiene el propósito de dar un peso histórico a esta historia de venganza. No es The Boys. Es “serio.”
Y tampoco es Bastardos sin Gloria, o The Man in the High Castle, dos historias que juegan una ficción alrededor del nazismo pero marcando muy claras sus diferencias con la historia real. El marketing de Hunters hizo todo lo contrario. Hasta el creador hablaba de su propia abuela.

El Museo de Auschwitz habla de “peligro”. Porque todo el mundo sabe la diferencia entre la ficción y la realidad, pero esta ficción histórica nunca diferencia las dos cosas a pesar de que según su creador, David Weil, el objetivo ES concientizar.
Ahí está el dilema imposible de Weil. Quiere contar la historia del Holocausto, del nazismo, de la protección sistemática a criminales de guerra de la NASA y el FBI, pero no quiere usar las historias de las víctimas. Y por eso el tweet del museo expresa lo que esa escena banaliza

Weil habla del debate de la “banalidad del mal” que (básicamente) pregunta si los nazis eran burócratas que seguían ordenes deshumanizando a sus víctimas o si había un placer y sadismo real detrás de sus actos. Para Weil es el segundo. El problema, creo, está en el tono.

No creo que haya una intención real de Weil de minimizar el Holocausto, pero tampoco le creo mucho su inspiración justiciera. Queda claro que es la expresión visceral de un punto de vista sobre el nazismo, pero el simbolismo se pierde en la hipérbole del espectáculo.

Creo que cuando se habla de lo “peligroso” que puede ser, es porque la ficción puede tranquilamente ser tu puerta de entrada a la historia. Y si no sabés sobre Auschwitz, podés sentir que es “menos” que lo que la serie muestra. Porque ese sadismo de caricatura nunca pasó.
Cualquiera está en su derecho de contar la ficción que quiera, como el que la ve está en su derecho de expresar lo que le produce. Pero esa escena del ajedrez es un síntoma de los problemas de representación de Hunters.
Si es un argumento en un debate, es un argumento tramposo.
Y aparte de la banalidad del mal, y aparte del dudoso gusto de explotar la historia sin rigor… está el otro debate.
El que habla de la responsabilidad en la ficción, y de entender que a pesar de tus buenas intenciones podés estar expresando algo que da de comer al otro bando.
En esa conversación sobre el poder de los medios masivos para influir, normalizar y endoctrinar, Weil, al menos, no se tapa los oídos y continúa la conversación.
Que pena que con los indignados de los comments de siempre no se pueda salir del primer casillero de esa charla.
Ignacio Esains — Twitter, 24 de febrero de 2020
Editorial
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