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Avengers: Endgame
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Disney anticipa cambios en su estrategia de distribución cinematográfica

54 millones de suscriptores y 4.100 millones de dólares hacen que el estudio más grande del mundo reconsidere su estrategia. Además: Pratt, Smart, Bright.

Nacho Esains
CortaCable  ·  Feature  |  6 de mayo de 2020

El cine nunca va a morir.

O mejor dicho, hay dos tipos de cine que nunca van a morir.

Los eventos tipo Marvel o Pixar van a seguir llevando multitudes a los megacomplejos en sus fines de semana de estreno. Del otro lado del espectro, las salas de exhibición que están fuera del circuito comercial van a seguir atrayendo a un público cinéfilo para el que una sala es una iglesia y una proyección un ritual.

Eventos y rituales. Todo lo que está en el medio está en riesgo. Desde los thrillers de bajo presupuesto, hasta las comedias millonarias, las películas “del Oscar” y el circuito independiente.

En su reciente conferencia de inversores Disney repitió lo que Warner y Universal habían dicho: la estrategia comercial de la exhibición cinematográfica va a cambiar. En la entrega de hoy repaso los números de Disney+ y lo que puede significar para el futuro de las ventanas de distribución.

ADEMÁS: Netflix confirma la secuela de una película de la que seguro te olvidaste, primer tráiler de Fuerza Espacial, y series propias para Jean Smart y Chris Pratt.

El futuro es Disney+

En la tarde de ayer, Disney dio una conferencia a accionistas que se centró, por supuesto, en las enormes pérdidas que dará la empresa durante el próximo año. A pesar de la popularidad de sus películas y su servicio de streaming, la mayor parte de la ganancia de Disney depende de dos divisiones: Parques Temáticos y Medios.

No es necesario explicar por qué los parques no están generando ingresos (aunque el de Shanghai reabrirá a fines de mayo), y el bajón de los medios de comunicación tradicionales (ABC, Disney Channel, ESPN) tiene que ver con una caída en la publicidad, la pausa en la producción, y los 1,6 millones de usuarios que (perdón) cortaron el cable entre enero y abril.

El éxito de Disney+ fue una de las pocas buenas noticias de la conferencia. La empresa confirmó que el servicio de streaming alcanzó los 54 millones de suscriptores, pero aclarando que no todos son clientes directos, ya que en Europa, por ejemplo, el servicio se ofrece como parte de paquetes de cable a un precio temporal reducido y en India se incluye en la suscripción al servicio Hotstar (también propiedad de Disney.)

Aún así, la división a la que pertenece el servicio generó en los últimos tres meses una ganancia de 4.100 millones de dólares, comparada con 1.100 del trimestre anterior.

Para poner en perspectiva, la división Studio Entertainment (producciones cinematográficas) había generado “solamente” 3.800 millones en el trimestre que va de abril a junio de 2019, en el que se estrenaron Avengers: Endgame, Aladdín y Toy Story 4.

Un editorial de IndieWire compara dos porcentajes que deberían resultar terroríficos para los que estén interesados en la subsistencia del cine como negocio. Los ingresos de Disney por sus películas de 2019 (una vez más, el año más exitoso del estudio) representaron el 16% del total de ese año, pero para los cines de Estados Unidos, representaron el 40% de la taquilla.

El negocio del cine depende de Disney, pero Disney no depende del negocio del cine.

(Y eso es en Estados Unidos, donde hay una mayor cantidad de estrenos semanales y varios circuitos alternativos. En el resto del mundo el número es todavía mayor: 51%.)

Por eso no son sorpresivas las declaraciones del CEO Bob Chapek en la conferencia a inversores:

“Creemos fervientemente en el valor de la experiencia cinematográfica. Pero también creemos que por los cambios y evolución de la dinámica de consumo, o ciertas situaciones como COVID-19, tenemos que hacer cambios en nuestra estrategia general. Vamos a evaluar nuestros estrenos caso por caso, como estamos haciendo durante esta situación de coronavirus.”

A pesar de que se escribieron varios editoriales en la prensa especializada de Estados Unidos que intentan interpretar otra cosa, las palabras de Chapek son bastante claras. Estos cambios no se limitan a la época de pandemia. Es una aceleración de la evolución de los hábitos de consumo, y lo mismo que expresaban hace unos días John Stankey de AT&T (Warner) y Jeff Shell, de Universal.

La semana pasada, las declaraciones de Shell causaron histeria generalizada en los exhibidores cinematográficos. La cadena AMC, la más grande de Estados Unidos, mandó una carta declarando expresamente que no proyectaría más películas de Universal, y la NATO (asociación que engloba a las cadenas de exhibidores) apoyó la decisión.

Universal, como Warner la semana anterior, puso paños fríos. Pero ninguna de las dos empresas cambió sus planes de lanzar directo a VOD (video a la carta) películas como Scooby! (Warner) y The King of Staten Island (Universal), estrenos programados para cine con proyecciones de recaudación que rondaban los 100 millones de dólares.

El miedo de las cadenas es compensible. Las palabras de Shell dieron a entender que en un futuro los estudios podrían lanzar las películas en simultáneo en pantallas de cine y VOD. La opción de poder ver estrenos en casa haría que menos gente vaya a los cines, algo trágico para las salas pero no tan preocupante para Warner o Universal, que se llevan un mayor porcentaje de VOD (apróximadamente 80%) que de salas (aprox 50%.)

Hay un detalle extra para Warner y Universal. Estos dos estudios son parte de empresas de comunicaciones más grandes (AT&T y Comcast, respectivamente) cuyo mayor ingreso es como proveedores de servicios de Internet y cable. Las dos empresas manejan a través de esas redes sus propias plataformas de alquiler de video a la carta, similares a las de servicios locales como el de alquiler de estrenos de Cablevisión Flow.

Ah, y los dos estudios están estrenando servicios de streaming (HBO Max y Peacock) en 2021.

En el caso de Disney hay un solo estreno de cine oficialmente cancelado: Artemis Fowl, que se estrenaba en salas en mayo pero pasará exclusivamente al servicio de streaming Disney+ en junio. El servicio no tiene grandes estrenos hace meses, y la empresa confía en que esta película de nivel medio, que no pertenece a ninguna franquicia famosa, podría atraer nuevos suscriptores y reavivar el interés de los actuales.

El gran miedo de los cines con Warner y Universal es el lanzamiento simultáneo en salas y VOD, pero el video a la carta no es un mercado que interese mucho a Disney. Es más, cuando empezó la cuarentena, Disney decidió cortar de lleno la ventana tradicional entre VOD/Blu-ray/DVD y streaming.

En general las películas se estrenan en cine, 90 días después en formatos digitales y hogareños, y otros 90 días después en streaming.

Con Frozen 2 Disney cortó esa última ventana a 15 días, subiendo a Disney+ una película que cuatro meses antes había estado en cines. Semanas después hizo lo mismo con Unidos de Pixar, que se había estrenado el 6 de marzo,  y vio su camino comercial cortado por el cierre de los cines y el inicio de la cuarentena.

Unidos salió en VOD el 20 de marzo, exactamente dos semanas después de su estreno en cine. Y aunque Disney podría haberle sacado bastante jugo vendiendo la película en formato digital, la lanzó en Disney+ dos semanas más tarde, el 3 de abril.

Disney ni siquiera retrasó este estreno en los mercados internacionales en los que Disney+ no está disponible. Desde el 10 de mayo, por ejemplo, Latinoamérica la podrá ver con su suscripción de Amazon Prime Video.

Los movimientos de Disney son aún más agresivos que los de los demás estudios. El estreno de Trolls 2 en VOD de Universal recaudó más de 100 millones de dólares, recuperando su inversión y demostrando que el video a la carta puede ser una vía alternativa válida. Lo que Disney está haciendo es pensar a futuro, y apostar al potencial crecimiento de su servicio de streaming.

Para varios editorialistas hay razones puramente económicas por las que el streaming nunca reemplazará al cine: ¿cómo se pueden compensar recaudaciones de mil millones de dólares con un servicio que vale solamente siete? Pero lo que parece lógico en una primera lectura, se desmenuza muy rápido.

Para empezar, lo obvio. Disney+ es un servicio directo al consumidor. Esos siete dólares llegan completos a Disney, mientras que de los mil millones, la empresa recibe solamente 500.

Disney+ tiene altos costos operativos, claro, pero también los tiene la exhibición cinematográfica, aún con el pase a la proyección digital. Disney paga por el transporte, licencias, seguridad y envío de los discos rígidos en los que viajan las películas en formato DCP, además de los costos por elementos publicitarios dentro de las salas. Multiplicados por 10.000 o 15.000 pantallas en todo el mundo.

Aún los éxitos arrasadores como Avengers: Endgame resultan menos impresionantes al entender cómo se reparte la torta. La película costó un poco más de 300 millones de dólares, a lo que suman 200 de publicidad, y los porcentajes de estrellas como Robert Downey Jr. que se llevan por contrato un 8% de la recaudación. Nadie va a decir que Endgame no es negocio, pero los 2.800 millones son solo parte de la historia.

Los siete dólares actuales de Disney+ en Estados Unidos son un precio introductorio. No hay una proyección pública de los posibles aumentos, pero la estrategia de Disney fue agresiva desde el día uno, buscando maximizar la cantidad de suscriptores por sobre los ingresos. Netflix vale 13 dólares, HBO Max vale 15. Disney+ todavía tiene un enorme margen para seguir aumentando.

Pero claro, no se puede aumentar el precio sin ofrecer más contenido. Y ahí es donde la matemática de los costos empieza a cobrar más sentido.

Netflix ya rompió la lógica de que “no se puede hacer una película de 100 millones para un servicio de streaming” en diciembre pasado, con dos estrenos (Escuadrón Seis y El Irlandés) que costaron más de 150 millones cada uno.

Tampoco está lejos de los valores que Disney invierte en sus series para el servicio. The Mandalorian costó 100 millones y las series de Marvel rondan los 150, el mismo presupuesto que Black Panther o Capitana Marvel.

Es una inversión que trasciende las suscripciones al servicio. Si algo comprobaron The Mandalorian y su Baby Yoda, es que Disney+ puede alimentar sin problemas el negocio de merchandising de Disney.

Aún así, Disney nunca dejaría de lado la ganancia garantizada que representa estrenar sus 10 o 12 tanques del año en cines, pero el miedo de las salas es que la compañía busque reducir las ventanas de distribución.

El estreno simultáneo (que es lo que parece sugerir la estrategia de Universal) sería contraproducente para las dos partes, pero estrenar en Disney+ quince días o un mes después del cine suena sensato. Si uno es Disney y no Cinemark, claro.

El caso de Avengers: Endgame en Estados Unidos es interesante para ver cómo funciona la curva de recaudación. El estreno recaudó 157 millones el viernes 26 de abril, 109 el sábado 27 y 90 el domingo 28.

Para el día 15 (10 de mayo) había alcanzado los 676 millones, pero entre ese tercer viernes y el día en que por fin estuvo disponible en VOD (30 de julio) solo (“solo”) recaudó 180 más. De los que Disney, claro, vio 90. Una ventana más que beneficiosa para los cines, pero que Disney podría reducir aprovechando esta oportunidad.

Todo lo que ha pasado en estos primeros dos meses de cuarentena indica que los cambios en la distribución y el consumo que iban a tomar años están acelerándose a meses. Las ventanas de distribución se van a reducir. Los estrenos simultáneos en cine y VOD van a ser una realidad.

Warner, Universal y Disney van a seguir el camino de Netflix y producir mucho más cine para sus servicios de streaming que nunca se proyectará en salas. Por lo tanto, habrá menos estrenos. Menos pantallas. Menos cadenas. Menos cine.

Las palabras de Chapek en la llamada a inversores seguramente levantaron alarmas en los exhibidores, pero hasta ahora no ha habido una respuesta pública como la carta de AMC a Universal. Porque ni la cadena más desesperada va a ser tan arrogante de negarse a proyectar las películas de Disney.

Con estrictas medidas de seguridad y público reducido, las salas de cine se están empezando a abrir en Estados Unidos. Las cadenas no están en posición de tomar actitudes dramáticas, y se interprete como se interprete a los CEO, la experimentación del streaming y el VOD demuestra que en esta pulseada los estudios saldrán ganando.


¡Chris Pratt vuelve a la televisión! El actor de Marvel y Jurassic World protagonizará The Terminal List, una serie (no miniserie) para Amazon Prime Video. Y tiene sentido, ya que la historia es básicamente Homecoming. Pratt es un ex-soldado que regresa a casa luego de ser emboscado en una operación encubierta y descubre una conspiración en su contra. La serie está basada en una serie de libros de Jack Carr, una especie de Tom Clancy moderno. Dirige Antoine Fuqua (Día de Entrenamiento.)


Después de deslumbrar en la versión de Watchmen de HBO, Jean Smart tendrá su propia serie para HBO Max. Smart será una diva de Las Vegas en decadencia que se convierte en mentora (y rival) de una recién llegada. Showgirls en clave de comedia, en una producción de Michael Schur (The Good Place, Brooklyn 99) y tres de los creativos detrás de la brillante Broad City.


El último gran contrato del día es de Netflix. Bright 2 será la secuela de la extraña película de acción y fantasía de Will Smith que el servicio estrenó hace un par de años. El director David Ayer (Escuadrón Suicida) no volverá, pero sí dejó un guión escrito que va a retomar el director Louis Leterrier (El Transportador, Nada es lo que Parece). Will Smith y Joel Edgerton regresan en los mismos roles.


El tráiler de hoy es de Fuerza Espacial (Space Force), la nueva serie del creador de The Office Greg Daniels, protagonizada por el mismísimo Steve Carell. Pero como la recién estrenada Upload (Amazon), del mismo guionista, no tiene el ritmo de sitcom clásica sino que busca algo más cinematográfico, con un tono de sátira política más en la línea de Veep.

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