
Pionerxs: Martha Coolidge
“Me educaron para creer que yo era igual a los demás, y en la industria del cine descubrí que eso era mentira”, escribe la directora Martha Coolidge en las primeras líneas de un…
“Me educaron para creer que yo era igual a los demás, y en la industria del cine descubrí que eso era mentira”, escribe la directora Martha Coolidge en las primeras líneas de un incendiario ensayo publicado en 2012 en el New York Times. “La desestimación cultural de las mujeres está tan naturalizada que el público, incluyendo a las mismas mujeres, no parece creer que haya un problema.”
Coolidge tuvo una formación comparable a la de un Scorsese o DePalma. La directora pasó los primeros años de su carrera en el mundo del cine independiente, y sus primeras películas son fascinantes ensayos autobiográficos que culminan en la ficción brechtiana de Not a Pretty Picture (1976), una película semi documental que recrea de forma descarnada la experiencia más dolorosa de Coolidge y, a la vez, el proceso de filmarla.
A finales de los ‘70 Coolidge se mudó de New York a California y en 1983 rodó su primer largometraje comercial. Mi Bello Punk (Valley Girl) es una comedia romántica adolescente que rompe las convenciones del género. Sus personajes no son adultos disfrazados, sino chicos y chicas que no saben qué hacer cuando se enamoran por primera vez. La película costó 350.000 dólares, recaudó 17 millones, y se volvió objeto de culto gracias a su estilo naturalista, su banda sonora y el protagónico de un debutante Nicolas Cage.
Coolidge pasó el resto de los ochenta encasillada en comedias juveniles. Las mejores, como Academia de Genios (Real Genius, 1985), jugaban con el absurdo y lo impredecible. La película que puso a la directora en el mapa fue el drama Noches de Rosa (Rambling Rose, 1991), adaptación de una novela ambientada en los años ‘20 que parecía una respuesta feminista al cine de “vestidos largos” de la época.
Las protagonistas Laura Dern y Diane Ladd fueron nominadas al Oscar y Coolidge aprovechó el empujoncito para encarar proyectos socialmente relevantes como el premiado telefilm Introducing Dorothy Dandridge (1999) para HBO. Pero ni el éxito comercial ni los premios garantizaban que la directora pudiera elegir sus proyectos. Quizás por eso alternó los últimos años de su carrera entre la dirección de televisión y el activismo. En 2003 fue elegida presidenta del gremio de directores DGA, pero aún así, a los 74 años, sigue chocando con las paredes de la industria. Su última lucha es contra el productor Zbigniew Raczynski, por el corte final de su última película, el drama de época I’ll Find You.
El ensayo de Coolidge termina con una lista de ideas para fomentar la representación femenina en la industria. La más provocativa es la idea de la “girl wonder”, un equivalente al “niño maravilla” que tanto ama la industria del cine. Glamorizar la idea de una directora mujer y aplicar la misma mitología autorial que a los Tarantinos y Spielbergs. Es una gran propuesta para tener en cuenta y no dejar pasar a la próxima Martha Coolidge.
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