
Pionerxs: Benjamin Christensen
La Brujería a Través de los Tiempos (Haxan, 1922) es un misterio que cumple cien años… ¿es una película de terror? ¿sátira social? ¿happening de vanguardia? ¿gore tribunero?…
La Brujería a Través de los Tiempos (Haxan, 1922) es un misterio que cumple cien años… ¿es una película de terror? ¿sátira social? ¿happening de vanguardia? ¿gore tribunero? ¿falso documental? ¿ritual satánico?
Para buscar sentido a esta inasible maravilla del cine mudo hay que empezar por su director, el danés Benjamin Christensen, que no era un poeta gótico ni un esoterista, sino un experimentado actor y director de teatro que dio sus primeros pasos en el cine con dos elegantes películas comerciales: el thriller de espías La X Misteriosa (Det Hemmelighedsfulde X, 1913) y el melodrama La noche de la Venganza (Haevnens Nat, 1917). Historias descartables que se volvieron fenómenos gracias a planos audaces y movimientos de cámara de un artista tan curioso para lo estético como para lo técnico.
La tercera película de Christensen fue una obsesión personal que consumió casi cuatro años de su vida. Haxan es la historia de la caza de brujas medieval, con elementos de fantasía operística y efectos especiales revolucionarios alternados con dramatizaciones de la tortura a la que los supuestos satanistas eran sometidos. Fue en su momento la producción más cara de la historia escandinava, ya que una empresa sueca tuvo que entrar a coproducir cuando el gobierno danés retiró aterrado la inversión en lo que creían que sería un documental naturista.
Carísima y cáotica, Haxan fue un éxito a lo largo de Europa. Y aunque en Estados Unidos fue inmediatamente prohibida, los estudios olieron el talento de Christensen y lo tentaron a cruzar el charco. El danés vivió casi una década en Hollywood, y entre sus logros destaca la comedia de terror Siete Huellas a Satanás (Seven Footprints to Satan, 1929), deliciosa metaficción digna de Wes Craven.
Christensen regresó a Dinamarca, filmó un par de dramones descartables antes de retirarse y falleció en 1959. Una de sus últimas apariciones fue en 1941, cuando filmó una introducción a Haxan: “en un momento veremos imágenes de la Edad Media, y quisiera, damas y caballeros, que imaginen que estas escenas tienen sonido. Porque así se darán cuenta de que si pusiéramos diálogos, la ilusión desaparecería por completo… ¿cómo, por ejemplo, hablaría el Diablo?” La respuesta la dio el Metro Pictures en 1968, cuando por fin la distribuyó en Estados Unidos, con una inspirada narración del poeta beat William S. Burroughs.
Haxan, en cualquiera de sus versiones, sigue siendo tan estimulante como el día en que se estrenó. Cineastas tan disímiles como Luis Buñuel, y Val Lewton están entre los que cayeron bajo su hechizo, mientras que nuestro amado Robert Eggers probablemente le deba su carrera. A pesar de que la mayoría de las películas mudas de Christensen están perdidas para siempre debido a la decadencia del nitrato, su oscura obra maestra vivirá para siempre.