
BioWare: crisis en la meca del RPG
La última gran empresa de juegos de rol del mundo ha perdido su alma, y a manos de la misma corporación que destruyó el primer imperio construido sobre la fantasía fichinera.
La última gran empresa de juegos de rol del mundo ha perdido su alma, y a manos de la misma corporación que destruyó el primer imperio construido sobre la fantasía fichinera.
En doce meses, la imagen pública de BioWare dio un giro que algunos consideran irreversible, devastando a la compañía que lideró la revolución del juego de rol de computadora a mediados de los noventa con la genial serie Baldur’s Gate, para luego cementar esta reputación con clásicos como Star Wars: Knights of the Old Republic, Dragon Age: Origins y Mass Effect. La suerte de BioWare pareció cambiar en 2011, cuando el lanzamiento de Dragon Age 2 recibió las peores calificaciones de un juego de rol de primera línea de la empresa. A fines de ese año, y en colaboración con LucasArts, BioWare lanzó el juego de rol en línea Star Wars: The Old Republic, que nacía con la ambición de derrocar a World of Warcraft y a pesar de las buenas críticas, no logró mantener el interés de los jugadores, que abandonaban justo después de terminar la historia, el fuerte de una empresa que no parecía entender el concepto de “contenido de final de juego”.
Para 2012, la carta fuerte era Mass Effect 3, que recibió altas calificaciones (Loaded le dio un 10) pero fue blanco de una feroz campaña de fanáticos insatisfechos con el final, un porcentaje pequeño del total, claro, pero cuando dos millones de gamers compran un juego, un 1% de insatisfechos violentos es un número temible. En mayo, el estudio de Austin de BioWare, responsable de The Old Republic, despidió a decenas de empleados. Y el 18 de septiembre 2012, Greg Zeschuk y Ray Muzyka, los famosos “doctores” (ya que antes de ser diseñadores, eran dentistas), renunciaron a la empresa que ellos mismos habían creado en 1995. ¿Se van para hacer nuevos juegos de forma independiente? ¿A sumarse al fenómeno del gaming social o casual? No - Ray se va para hacer filantropía. Greg para hacer documentales sobre cerveza. Los dos abandonan por completo la industria de los videojuegos.
Aunque BioWare continúa funcionando, tanto cambio parece el final de algo. Si sumamos la partida de otros estandartes de la empresa, como el guionista Drew Karpyshyn en febrero, o Brent Knowles (diseñador del primer Dragon Age que dejó la empresa a principios de 2011 insatisfecho por la dirección de la secuela) da la impresión de que algo cambió en BioWare. Las declaraciones de otro miembro histórico, Trent Oster (que renunció en 2009, pero mantuvo muy buena relación con los fundadores) sugieren que Greg y Ray no pudieron soportar el fracaso de The Old Republic, ni las críticas violentas por el final de Mass Effect 3.
Pero otros dedos apuntan a Electronic Arts, la corporación que compró BioWare en 2007, y el efecto nocivo que su cultura empresarial ha efectuado sobre cada uno de los estudios que ha adquirido en décadas recienets. En 1995 compraron Bullfrog al genial Peter Molyneux, que prefirió abandonarlo en 1997 para fundar Lionhead luego de diferencias creativas con EA. En 1998 compraron Westwood, que estaba en un momento glorioso con su serie Command & Conquer, y que cinco años después terminaría cerrando sus puertas, luego de una hemorragia de grandes creativos que renunciaran, frustrados, a la empresa. Pandemic (Mercenaries, The Saboteur) cayó en 2009, sólo dos años después de la adquisición. Y hace sólo semanas, PopCap, adquirida en 750 millones de dólares en 2011, cerró su estudio de Dublin y despidió a George Fan, creador de Plants vs. Zombies.
Pero el que más duele a los fanáticos de los juegos de rol, el que quizás BioWare debería haber estudiado antes de cerrar el trato, fue el ignominioso final de Origin Systems, empresa fundada en los años 70 por Richard Garriott y que popularizara el juego de rol con la legendaria saga Ultima. EA adquirió Origin en 1992, y durante años el estudio de Garriott produjo éxitos como Ultima VII, Wing Commander, y el primer MMO, Ultima Online, de 1997. Pero EA no tiene mucha tolerancia a una serie de fracasos, y en 1999, y luego del fracaso de Ultima IX, decidió cancelar todos los proyectos en desarrollo de la empresa (incluyendo el ambicioso Harry Potter Online), lo que causó la renuncia de un furioso Richard Garriott. Origin continuó existiendo, casi un fantasma que finalmente cerró 4 años después. Hoy EA utiliza su nombre-zombi para su plataforma de descargas.
Garriott, Molyneux, Zeschuk y Muzyka… ¿creativos enfrentados a una pared corporativa, o caprichosas estrellitas que no soportaron la presión? Tampoco es que EA sea una excepción – Activision también ha cerrado estudios, y los mails filtrados en el caso Infinity Ward indican que su cultura interna es, si es posible, aún más nociva. Los productos de Lionhead o Rare luego de la adquisición de Microsoft están lejos del potencial de las dos empresas, y hay más casos… nadie forzó a Ray y Greg a vender BioWare, un estudio de por sí muy exitoso al momento de la adquisición, pero como podemos ver también si comparamos el pasado de Square y Enix, con el presente de Square Enix, el crecimiento económico no siempre se condice con lo artístico… más bien, lo contrario.