
Demakes: el futuro es retro
Imaginate por un rato un mundo paralelo, donde la tecnología se congeló en la época del Super Nintendo y el Sega Genesis. Pero también imaginate que nuestros amigos…
Imaginate por un rato un mundo paralelo, donde la tecnología se congeló en la época del Super Nintendo y el Sega Genesis. Pero también imaginate que nuestros amigos desarrolladores siguieron adelante, creando en 8 bits los mismos personajes que amamos hoy en alta definición y sonido surround.
Ese mundo paralelo existe en el universo de las demakes (pronúnciese “Dimeics”). ¿Qué es una demake? Antes tenemos que entender otro término muy usado en la industria videojueguera: una remake es una recreación de un juego viejo con tecnología actual, por ejemplo, el Pokemon HeartGold es una remake del Pokemon Gold de GameBoy Color, y el Tomb Raider Anniversary de 2007 es una remake del Tomb Raider original de 1996.
Si una remake es un juego reconstruido para una nueva generación, la demake es lo opuesto: un juego de la generación actual recreado en el estilo de generaciones anteriores. ¿Suena como algo inútil? Puede ser que lo sea, pero el proceso de quitar todo lo superficial de un juego (gráficos, audio, cinemáticas) y retener solamente la jugabilidad esencial nos revela que no solo hemos avanzado en términos técnicos, sino que la imaginación de los creadores de fichines, evoluciona a pasos agigantados.
LA NECESIDAD ES LA MADRE DEL INGENIO
Si tenemos algo en común los gamers de Argentina, Chile, o Singapur, es la bronca: la bronca que sentimos cuando las empresas a las que le damos cada centavo extra que tenemos nos niegan la llegada de sus nuevas generaciones. Ahora las cosas están mejor que antes, pero ahí donde hay necesidad, hay ingenio, y ese es el Big Bang de las demakes, un cuento que como tantas historias de videojuegos, empieza en lo profundo de Asia.
Seguro que hay ejemplos anteriores, pero en el caso de muchos argentinos, el punto de quiebre fue el Street Fighter II, uno de los juegos más populares de la historia que solo podíamos experimentar en los salones de videojuegos, centros de dudosa reputación donde perder el juego significaba perder una moneda. La versión para Super Nintendo ya había salido en Japón, Estados Unidos y Europa, pero muy pocos tenían esa consola, y la mayoría solo podíamos soñar con jugar nuestro fichín favorito en casa, ya que jamás saldría para nuestro modesto “Family Game”.
Hasta que un día llegó un amigo a casa con el cartucho en la mano: se veía como Street Fighter II, decía Street Fighter II o un nombre parecido, pero algo estaba raro. Quizás los colores, la edición, la calidad, o los mil caracteres en chino que quién sabe qué querían decir. Pusimos el cartucho en el Family Game, y efectivamente, era una versión extraña, poco pulida, pero que si la mirabas de reojo, era el Street Fighter II. En casa. En tu family. Lo que no sabíamos es que estábamos jugando nuestra primera demake.
Que tenía los colores de los personajes mal, se colgaba, las imágenes titilaban y faltaban la mitad de los poderes. Y no fue el último clon. Todavía siguen saliendo las queridas “chinadas” piratas para estas consolas antiguas, y siguen siendo pésimas: hoy el que busca encuentra desde Pokemon hasta el mismísimo Final Fantasy VII. Todo para el viejo Family Game.
BASTA DE NOSTALGIA
Saltamos veinte años al presente y nos bajamos del barco pirata para subirnos a otro un poquito más amigable, que es el de la movida de los juegos independientes. Ya hemos hablado de este movimiento en otros números: equipos pequeños de programación que trabajan en fichines fuera de lo común (Braid, World of Goo, Crayon Physics) y hasta experimentales (The Path, Flower, o Today I Die del argentino Daniel Bermengui) que suelen recrear la estética de las consolas del pasado.
Las demakes actuales empezaron así, casi como un juego entre entendidos que recreaban los fichines de nueva generación como imágenes estáticas de GameBoy y Atari (las imágenes de uno de estos artistas, Junkboy de la revista Level sueca, son las que engalanan estas páginas). La broma se hizo más seria cuando los programadores se sumaron, convirtiendo estas imágenes estáticas en recreaciones completas de universos gamer tan variados como los de Team Fortress 2, Halo, o Silent Hill.
Fue en los foros del sitio TIGSource (esencial para los que estén medianamente interesados en el mundo del fichín independiente) donde un inspirado Phil Fish bautizó a este nuevo género, rogando que alguien le pusiera un nombre mejor… pero quedó demakes, y tanto pegó el concepto que los miembros del foro organizaron una enorme competencia de donde salieron más de 50 juegos completos. Y la maquinaria comercial no tardó en fijarse en esta nueva tendencia.
LA NUEVA ESCUELA DE LA VIEJA ESCUELA
Los piratas orientales fueron los precursores, los programadores del under convirtieron la técnica en arte, y los ejecutivos de siempre, veinte años después del Street Fighter II para Family Game, están transformando las demakes en negocio.
Un ejemplo de demake comercial es la recreación de Mirror’s Edge, comisionada por Electronic Arts a Brad Borne, creador de la serie de excelentes juegos en flash Fancy Pants Adventures. Y también excelente es esta demake oficial. Tanto que algunos críticos la declararon mejor que el juego completo. Todavía se puede jugar gratuitamente en el sitio de Mirror’s Edge.
Pero el más interesante que se viene de estos títulos es sin duda Retro City Rampage, que nació como el más alocado experimento de los autores de demakes: hacer la de los piratas asiáticos y recrear Grand Theft Auto III, completo en un cartucho de Family Game. El proyecto casi enloquece a su programador Brian Provinciano, quien finalmente decidió resucitar su demake como un juego descargable exclusivo para WiiWare.
Claro que las grandes empresas vienen haciendo algo similar a las demakes hace rato. Cualquier gamer avispado puede sospechar que la versión del Call of Duty Modern Warfare 2 para Nintendo DS no es exactamente igual a la de Playstation 3… pero no es lo mismo. Las demakes mantienen un equilibrio delicado. Un homenaje y a la vez una parodia del juego original, rescatando sus mejores elementos y riéndose un poco de los excesos de esta generación. Un puente que nos permite conectar los éxitos que jugamos hoy con los píxeles que nos hicieron enamorar de nuestro hobby, que para algunos (entre ellos los creadores de demakes) más que hobby es un arte.
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